El teatro Fernán Gómez de Madrid acoge El jardín de los cerezos, el clásico de Antón Chéjov, en versión de Ignacio García May (Esencia) y con dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente. Carmen Conesa y Chema León encabezan el elenco formado por Juanma Cifuentes, Helena Ezquerro, Manuel Maciá, Borja Maestre, Cristina Marcos, Markos Marín, Noelia Marló, Chema de Miguel, José Gonçalo Pais, Marta Poveda y Jesús Torres.
Escrita en 1904, El jardín de los cerezos es una obra cumbre dentro de la dramaturgia universal. En este drama, que trasciende su contexto histórico, somos testigos del ocaso de una familia de la aristocracia rusa ante los profundos cambios de su época. Pero también de los miedos, los sueños, las victorias y los fracasos de cada uno de sus personajes.
El jardín de los cerezos podrá disfrutarse hasta el 12 de abril de 2026 en la Sala Girau del Fernán Gómez de Madrid, de martes a sábado a las 22.00 y los domingos a las 19.00. La función viene acompañada de un repertorio de actividades, que van desde ensayos abiertos al público, a talleres, seminarios, proyecciones y conciertos.
Crítica de 'El jardín de los cerezos'
Resumen
Ficha Técnica
Título: El jardín de los cerezos
Título original: El jardín de los cerezos
Reparto:
Boris Borisovich Semyonov Pischik: Juanma Cifuentes
Liuba Andreyevna Ranevskaia: Carmen Conesa
Anya: Helena Ezquerro
Ermolai Alekseyevich Lopajin: Chema León
Yasha: Manuel Maciá
Caminante / mendigante: Borja Maestre
Carlota Ivanovna: Cristina Marcos
Leonid Andreyevich Gaev: Markos Marín
Dunyasha: Noelia Marló
Firs: Chema de Miguel
Semion Panteleyevich Epijodov: José Gonçalo Pais
Varya (Varvara): Marta Poveda
Piotr Sergueyevich Trofimov: Jesús Torres
Coro de mendicantes: Maribel Cuadra, Pablo Méndez Lobo, Sonia Molina Leivinson, Elena Jerez, Marta Alonso, Jorge Tasende y Abel Ferris
Autor: Anton Chéjov
Versión: Ignacio García May
Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente
Diseño de escenografía: Juan Carlos Pérez de la Fuente e Isi Ponce
Dirección de vestuario y figurines: Rosa García
Diseño de iluminación: José Manuel Guerra
Espacio sonoro: Ignacio García
Diseño y realización de maquillaje: La kasa del Maquillaje
Coreografía y dirección de movimiento: Guillermo Weickert
Diseño de videoescena: Violeta Nêmec
Ayte. de dirección: Abel Ferris
Ayte. de vestuario: Rocío León
Ayte. espacio sonoro: Gabriela Zaldívar
Asesor de magia: Alejandro García May
Asesor de guitarra: Nacho Vera
Diseño y aportación del calzado femenino: defloresyfloreros
Making of 'El jardín de los cerezos'
Sinopsis
El jardín de los cerezos de Anton Chéjov fue estrenada en el Teatro de Arte de Moscú el 17 de enero de 1904, con dirección de Konstantín Stanislavski y protagonizada por Olga Knipper, la mujer de Chéjov. Ciento veinte años después de aquel estreno, Chéjov se ha convertido en un clásico del drama universal y su teatro se nos ha ido desvelando con el paso del tiempo y hoy entendemos un poco más su universo.
Chéjov no sólo habla de la Rusia de finales del siglo XIX, sino de personas desorientadas y perplejas en medio de una encrucijada o un laberinto que les aturde, les noquea. Y tienen miedo, mucho miedo, y engañan la vida mientras exponen sus anhelos más elevados, los propósitos más dignos, pero sin voluntad para ejecutarlos. En nuestro siglo XXI, cargados de interrogantes sobre cómo va a ser nuestra existencia, a las puertas de un nuevo tiempo, nos encontramos con El jardín de los cerezos, más vigente que nunca.
El tiempo detenido de los cerezos
Un tren pasando a toda velocidad abre la función. Y se cierra con el eco del mismo tren alejándose. Un tren que trae y que lleva a las marionetas de la farsa. Que irrumpe con su estruendo y su moderna maquinaria en el tiempo detenido de El jardín de los cerezos. El progreso avanza implacable. Las marionetas deben decidir cuál es su papel, subirse al tren, dejarlo pasar o dejarse arrollar por él. Chéjov no los juzgó. Con su proverbial bondad personal y su generosidad autoral nos permitió a nosotros, sus lectores, observarlos, comprenderlos o condenarlos en cada una de sus pequeñas grandezas y miserias.
Hay quien dice que Chéjov presenta una "incapacidad notoria para soportar los grandes y espectaculares montajes de moda." No estoy de acuerdo. En esta ocasión disfrutamos de este texto cumbre en un montaje en el que actuaciones, escenografía, vestuario, iluminación y sonido son absolutamente impresionantes. Una gran producción que respeta la profundidad de la obra y la dota de la atmósfera de un cuento. O de un sueño. O de un recuerdo.
Ignacio García May traduce el original manteniendo su sonoridad y belleza, sin realizar cambios sustanciales en la dramaturgia. Su adaptación potencia la vigencia del texto subrayando los conflictos y dilemas de los personajes de manera que resuenen en el espectador como propios. La dirección Juan Carlos Pérez de la Fuente refuerza esta lectura, intensificando la dimensión emocional de la obra, la melancolía y la humanidad de los personajes chejovianos.
Las marionetas de la farsa
Los trece intérpretes forman un elenco sólido y equilibrado, capaz de dar verosimilitud al microcosmos de los personajes que pueblan El jardín de los cerezos. Podemos ver mucho más allá de sus palabras y comprender los claroscuros que todos ellos presentan. Forman un conjunto orgánico, en el que cada interpretación brilla a la vez que enriquece la de los demás.
Carmen Conesa es Ranevskaia, frágil e incapaz de actuar frente a la catástrofe y, sin embargo, llena de dignidad. Su naturalidad es sobrecogedora. Chema León logra mostrar la trasformación de Lopajin y el contraste de su pragmatismo frente al resto de personajes. Jesús Torres construye a un Trofimov cálido y tierno en su utopía. Helena Ezquerro y Marta Poveda son Anya y Varya, las dos hermanas; la una optimista e infantil; la otra, severa y realista. Especial atención merece el personaje de Firs que Chema de Miguel conduce hasta ese sobrecogedor final, que nos ha evocado en esta ocasión a la señora Danvers en el Manderley imaginado por Alfred Hitchcock.
El espacio cobra vida
Como Manderley, El jardín de los cerezos es mucho más que el mero marco donde tiene lugar el drama. La escenografía del propio Juan Carlos Pérez de la Fuente y de Isi Ponce construye una atmósfera mágica que aprovecha hasta el último rincón del enorme escenario de la Sala Girau, jugando con las perspectivas, la profundidad y la altura. El espectáculo es bellísimo y envolvente. El vestuario de Rosa García complementa la sensación de estar en un espacio mágico. La elegancia de los diseños, las texturas, los colores, los matices reflejan el estado emocional de los personajes en un desfile que parece sacado de los cuentos ilustrados por Iván Bilibin.
Un montaje que merece una gran ovación, sin embargo, obtuvo un reconocimiento no ya contenido, sino directamente grosero, con espectadores abandonando la sala apresuradamente y sin conceder un aplauso final. La obra es larga, 140 minutos. El final toma su tiempo y no es complaciente. Termina pasadas las 10 y media y todo el mundo tiene ganas de cenar. Lo entendemos. Pero llegados hasta ese punto, qué menos que un poco de paciencia y consideración.
Conclusión de 'El jardín de los cerezos'
Esta versión de El jardín de los cerezos es una experiencia teatral bellísima y memorable. Con una puesta en escena mágica y envolvente y unas actuaciones sobresalientes, Juan Carlos Pérez de la Fuente actualiza la obra de Chéjov en toda su dimensión ética y humana, llena de ecos que resuenan en nuestro propio mundo.
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