El sendero de la sal (The Salt Path) es una conmovedora película dirigida por Marianne Elliott que explora la compleja relación entre la naturaleza, el amor y la resiliencia. La historia sigue a Ray y Moth Winn, una pareja de mediana edad que emprende un viaje a pie de 630 millas a lo largo de la costa suroeste inglesa después de perder su hogar y enfrentar un diagnóstico terminal. Con las actuaciones destacadas de Gillian Anderson y Jason Isaacs, El sendero de la sal llega el 16 de enero de 2026 a las salas de cine españolas.
Crítica de 'El sendero de la sal (The Salt Path)'
Resumen
Ficha Técnica
Título: El sendero de la sal
Título original: The Salt Path
Reparto:
Gillian Anderson (Raynor Winn)
Jason Isaacs (Moth Winn)
James Lance (Grant)
Hermione Norris (Polly)
Denis Lill (Dog Walker)
Rebecca Ineson (Rowan Winn)
Marianne Elliot
Megan Placito (Bea)
Lloyd Hutchinson (Hombre bañándose)
Bern Collaco (Tendero)
Pippa Hinchley (Vendedor de helados)
Angus Wright (Doctor Shaw)
Robbie O'Neill (El socio de Sealy)
Año: 2024
Duración: 115 min.
País: Reino Unido
Director: Marianne Elliott
Guion: Rebecca Lenkiewicz. Libro: Raynor Winn
Fotografía: Hélène Louvart
Música: Chris Roe
Género: Drama. Enfermedad
Distribuidor: Adso Films
Tráiler de 'El sendero de la sal'
Sinopsis
Inspirada en hechos reales y basada en la novela best seller homónima, El sendero de la sal narra la emotiva y esperanzadora historia de una pareja cuya conexión con la naturaleza les ayuda a superar la adversidad y a reencontrarse el uno con el otro. Tras perder su hogar y su medio de vida, deciden emprender impulsivamente un recorrido de más de 1.000 kilómetros a lo largo de la costa suroeste de Inglaterra, un viaje especialmente difícil tras el reciente diagnóstico del marido con una enfermedad neurodegenerativa. (Adso Films)
Dónde se puede ver la película en streaming
Andar sin destino
El sendero de la sal (The Salt Path) plantea el viaje como proceso de resistencia, más que de superación. No hay épica clásica ni grandes giros dramáticos. Existe desgaste físico, incomodidad constante, hambre, frío y miradas ajenas cargadas de prejuicio.
Sin embargo, la narración avanza de forma muy lineal y previsible. Cada etapa refuerza la misma idea, seguir caminando pese a todo, sin que el relato termine de profundizar en nuevas capas. El viaje transforma, sí, pero de un modo tan contenido que a veces parece quedarse a medio camino entre la experiencia íntima y el discurso inspiracional.
Sensibilidad contenida
Marianne Elliott dirige El sendero de la sal con una sensibilidad clara hacia sus personajes, evitando el sentimentalismo fácil y apostando por un tono sobrio, casi ascético. Se agradece la ausencia de subrayados emocionales excesivos, la enfermedad, la pobreza y el cansancio están ahí, pero rara vez se explotan de forma manipuladora.
No obstante, esa contención se convierte en su mayor limitación. La puesta en escena es correcta, elegante incluso, pero demasiado prudente. Elliott parece más preocupada por no estropear la historia que por reinterpretarla cinematográficamente. El resultado es una película amable y respetuosa, pero poco arriesgada, que rara vez sorprende desde lo formal o narrativo.
Dos cuerpos contra el paisaje
El peso del filme recae casi por completo en la pareja protagonista, y ahí El sendero de la sal encuentra su mayor solidez. Gillian Anderson y Jason Isaacs trabajan desde la fisicidad, el cansancio acumulado, la torpeza del cuerpo enfermo, la dignidad herida pero no rota.
La relación entre ambos se construye desde la complicidad, el enfado, el humor seco y la necesidad mutua, sin idealizarla. Aun así, el guion no siempre les da suficiente espacio para evolucionar emocionalmente más allá de lo evidente, lo que limita el impacto final de unas interpretaciones honestas pero contenidas.
Refugio y amenaza
Visualmente, El sendero de la sal se apoya con acierto en los paisajes costeros británicos, filmados con una belleza sobria y nada turística, el mar, los acantilados y los senderos abiertos funcionan como contraste constante entre libertad y peligro, belleza y hostilidad.
La fotografía es limpia y naturalista, acompañando el tono realista del conjunto, el diseño sonoro, con el viento y las pisadas como elementos recurrentes, refuerza la sensación de aislamiento. La música aparece con discreción, evitando cargar emocionalmente escenas que ya funcionan por sí mismas.
Conclusión de 'El sendero de la sal (The Salt Path)'
El sendero de la sal (The Salt Path) es una película sensible y bienintencionada, que aborda temas como la enfermedad, la pérdida y la resistencia con respeto y humanidad, sin embargo, su excesiva corrección le impide dejar una huella más profunda.
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