Tras su paso por el Festival Internacional de Cine de Sitges, llega a los cines el 10 de abril de 2026 Habitación nº 13 del director sueco Mattias J. Skoglund. La película está basada en la novela de Mats Strandberg, un reconocido autor sueco de terror y novelas juveniles (conocido por la trilogía El Círculo), que también ha colaborado en el guion. Ambientada en un entorno sueco reconocible, auténtico y cercano, la película trasciende los códigos del género para adentrarse en un relato sobre la culpa, la memoria y aquello que nunca termina de quedarse atrás.
Crítica de 'Habitación nº 13'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Habitación nº 13
Título original: Hemmet
Reparto:
Philip Oros (Joel)
Anki Lidén (Monika)
Gizem Erdogan (Nina)
Lottie Ejebrant (Solveig)
Malin Levanon (Elisabeth)
Lily Wahlsteen (Olivia)
Ayan Ahmed (Nimco)
Peter Jankert (Bengt)
Bengt C.W. Carlsson (Jan-Erik)
Janna Granström (Katja)
Emil Brulin (Markus)
Año: 2025
Duración: 87 min.
País: Suecia
Director: Mattias Johansson Skoglund
Guion: Mattias Johansson Skoglund, Mats Strandberg
Fotografía: Malin Lundquist
Música: Þórarinn Guðnason
Género: Terror
Distribuidor: Cinemaran
Tráiler de 'Habitación nº 13'
Sinopsis
Joel regresa a regañadientes a la casa donde creció para ayudar a su madre, quien ha sufrido un grave ictus que la dejó clínicamente muerta durante varios minutos. Aunque ha logrado sobrevivir, ya no parece ser la misma, y Joel está convencido de que algo la ha seguido de regreso desde el otro lado. (Cinemaran)
Dónde se puede ver la película en streaming
Terror honesto
El gran acierto de Habitación nº 13 es su ambigüedad inicial. Durante buena parte del metraje, la película juega con esa línea fina entre el horror sobrenatural y el drama sobre el deterioro cognitivo. La vejez se convierte en terreno fértil para el miedo, olvidos, cambios bruscos de carácter, miradas vacías, todo puede interpretarse desde lo clínico o desde lo demoníaco.
Sin embargo, conforme avanza la historia, Habitación nº 13 se inclina de manera más clara hacia el terreno del exorcismo clásico. Esa decisión narrativa aporta intensidad, pero también resta complejidad temática. El conflicto psicológico, el miedo a perder a un ser querido antes de que muera, podría haber tenido mayor peso si la ambigüedad se hubiese mantenido hasta el final.
El horror contenido
Mattias Johansson Skoglund apuesta por una dirección sobria y atmosférica, muy en la línea del terror escandinavo contemporáneo. La casa familiar está filmada como un espacio frío, silencioso y cargado de recuerdos incómodos. El terror no surge de sobresaltos constantes, sino de la acumulación de pequeños detalles inquietantes, ruidos nocturnos, miradas sostenidas, cambios sutiles en la actitud de la madre. Cuando Habitación nº 13 entra en terreno más explícito, la puesta en escena se vuelve más convencional, ahí pierde algo de la personalidad que había construido en su primera mitad.
Angustia sostenida
Philip Oros, que interpreta a Joel, logra transmitir con credibilidad la mezcla de culpa, miedo y negación. Su conflicto interno es tan importante como la amenaza externa, la sensación de impotencia ante el deterioro de un progenitor está bien trabajada.
Anki Lidén, que encarna a la madre, ofrece momentos realmente inquietantes. Su transformación progresiva, ya sea leída como enfermedad o posesión, es uno de los puntos más fuertes del filme, hay escenas en las que su mirada basta para generar incomodidad. La relación madre-hijo es el núcleo emocional, y funciona con honestidad, lo que eleva el material por encima de un simple relato de exorcismos.
Frialdad visual y tensión sonora
La fotografía apuesta por tonos apagados y fríos que refuerzan la sensación de aislamiento. La iluminación tenue y los encuadres cerrados acentúan la claustrofobia del espacio doméstico. El diseño sonoro es especialmente eficaz, con crujidos, susurros y silencios prolongados que generan una tensión constante. La música es minimalista, utilizada con moderación, lo que ayuda a que los momentos de impacto resulten más efectivos. No es una producción espectacular, pero sí sólida y coherente con su propuesta íntima.
Conclusión de 'Habitación nº 13'
Habitación nº 13 no reinventa el cine de posesiones, pero sí aporta un enfoque interesante al vincularlo con el miedo real al deterioro mental y la pérdida de identidad en la vejez. Su mayor virtud es la atmósfera y la honestidad emocional con la que aborda el vínculo entre madre e hijo. Cuando se acerca demasiado al exorcismo convencional pierde parte de su fuerza simbólica, pero en conjunto funciona como un thriller psicológico sólido y respetuoso con su temática.
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