Ambientada en el fascinante mundo del Campeonato mundial de MotoGP, Ídolos explora las relaciones humanas entre un padre y su hijo (un mánager y su piloto), y el mundo que les rodea: ambición, superación, egos, adrenalina, amor, perdón y segundas oportunidades. Dirigida por Mat Whitecross, Ídolos es una película que combina el drama y el deporte, protagonizada por Óscar Casas, y Ana Mena, pareja en la vida real. Estrenada el 23 de enero de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Ídolos'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Ídolos
Título original: Ídolos
Reparto:
Óscar Casas (Edu Serra)
Ana Mena (Luna Cardona)
Claudio Santamaria (Antonio Belardi)
Enrique Arce (Eli Guzmán)
Saul Nanni (Gianni Baltelli)
Simone Baldasseroni (Andrea Godano)
Nadal Bin (Walter)
Alessandra Carrillo (Nella)
Mario Ermito (Roberto Scala)
Adrian Grösser (Óscar)
José Milán (Mecánico Moto GP)
Tarina Patel
Desirée Popper (Alessandra)
Jorge Rueda (Mecánico Moto GP)
Año: 2026
Duración: 126 min.
País: España
Director: Mat Whitecross
Guion: Jordi Gasull, Inma Cánovas, Ricky Roxburgh
Fotografía: Fèlix Bonnin, Xavi Giménez
Música: Sara Josa Cercós
Género: Drama
Distribuidor: Warner Bros Pictures España
Tráiler de 'Ídolos'
Sinopsis
Edu es un joven piloto de motos muy agresivo en quien ningún equipo confía. Eli, jefe del equipo de Aspar Team en Moto2, le ofrece una oportunidad con la condición de que sea su padre, Antonio Belardi, quien le entrene. Edu lleva muchos años sin ver a su padre, un expiloto que se retiró de las pistas tras provocar la muerte de otro piloto durante una carrera. Aunque Edu odia a su padre por haberle abandonado, sabe que sólo con él puede llegar a alcanzar su sueño.
Edu se someterá al estricto control de preparación que le exige Antonio, el cual incluye dejar a un lado el amor… Hasta que conoce a Luna, una joven artista que acaba de abrir un salón de tatuajes justo debajo de su casa. (Warner Bros Pictures España)
El motor no arranca
Ídolos parte de un material que, sobre el papel, podría dar mucho juego, el mundo del motociclismo profesional, la relación rota entre padre e hijo, la culpa arrastrada durante años y la obsesión por el éxito. Sin embargo, Ídolos opta por el camino más previsible posible, acumulando tópicos del cine deportivo sin apenas reinterpretarlos.
La historia de Edu, joven piloto impulsivo y maldito, avanza como una sucesión de conflictos ya vistos, el talento indisciplinado, el entrenador duro pero traumatizado, el pasado trágico que pesa como una losa y el romance que “distrae” del objetivo. Nada sorprende, nada se reconfigura desde un punto de vista propio, todo parece diseñado siguiendo un manual genérico de dramas deportivos.
Más videoclip que relato
Mat Whitecross apuesta por una dirección muy centrada en la estética, con un estilo cercano al videoclip publicitario. Las carreras están filmadas con dinamismo, pero sin una narrativa clara que las integre emocionalmente en la historia, todo es impacto visual inmediato, pero vacío de significado.
El problema es que esa forma de dirigir acaba resaltando las carencias del guion. Ídolos corre constantemente, como su protagonista, pero sin saber hacia dónde va. No hay pausa para desarrollar personajes ni escenas que respiren, el ritmo es artificial, forzado, y termina agotando más que emocionando.
Esfuerzo sin respaldo
Los actores hacen lo que pueden con un material muy limitado. Óscar Casas transmite agresividad y frustración, pero su personaje está tan mal construido que resulta difícil empatizar con él. Sus cambios de actitud parecen dictados por el guion y no por una evolución interna coherente.
Claudio Santamaría, figura clave de la historia, queda reducido a un arquetipo, el entrenador severo y emocionalmente inaccesible. Se insinúa un pasado trágico potente, pero nunca se profundiza lo suficiente como para dotarlo de verdadera humanidad. El personaje de Ana Mena, por su parte, funciona más como accesorio narrativo que como individuo real, su presencia responde al cliché de “el amor que distrae”, sin personalidad propia ni conflicto auténtico.
Mucho ruido, poca emoción
A nivel técnico, Ídolos es correcta en términos de producción. Las escenas de carreras están bien rodadas y el sonido de las motos aporta cierta sensación de velocidad y riesgo. Sin embargo, el montaje es excesivamente frenético, impidiendo que el espectador conecte emocionalmente con lo que ocurre en pantalla.
La música subraya constantemente lo que el espectador debería sentir, en lugar de permitir que las emociones surjan de forma natural. La fotografía es limpia y funcional, pero impersonal, más cercana a un anuncio que a una película con identidad propia.
Conclusión de 'Ídolos'
Ídolos es una película fallida, no tanto por falta de medios, sino por ausencia de alma. Tiene ingredientes interesantes, deporte, culpa, redención, pero los combina de la forma más obvia y superficial posible.
El resultado es un filme que nunca emociona, nunca sorprende y nunca logra que el espectador se implique de verdad. Corre mucho, hace ruido, presume de velocidad… pero no deja huella, como su protagonista. Ídolos acelera sin control y termina estrellándose contra sus propios clichés.
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