La Grazia, película dirigida por Paolo Sorrentino (Parthenope, Fue la mano de Dios), explora la complejidad de la condición humana a través de la historia de Mariano De Santis, un presidente italiano ficticio que enfrenta dilemas éticos y personales en sus últimos días de mandato. Con un elenco destacado que incluye a Toni Servillo, La Grazia es una reflexión profunda sobre la moralidad, la política y la búsqueda de la gracia en un mundo imperfecto. Se estrenará en salas de cine españolas el 13 de marzo de 2026 tras su estreno mundial como película inaugural del pasado Festival de Cine de Venecia, dónde Toni Servillo fue galardonado con la Coppa Volpi al Mejor Actor. Además, tuvo su estreno en el Reino Unido en el Festival de Cine de Londres - BFI.

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La Grazia película

Crítica de 'La Grazia'

Ficha Técnica

Título: La Grazia
Título original: La Grazia

Reparto:
Toni Servillo (Presidente)
Anna Ferzetti (Dorotea)
Orlando Cinque (Colonnello Labaro)
Massimo Venturiello (Ugo Romani)
Milvia Marigliano (Coco Valori)
Giuseppe Gaiani (Lanfranco Mare)
Giovanna Guida (Valeria Cafiero)
Linda Messerklinger (Isa Rocca)
Vasco Mirandola (Cristiano Arpa)

Año: 2025
Duración: 133 min.
País: Italia
Director: Paolo Sorrentino
Guion: Paolo Sorrentino
Fotografía: Daria D'Antonio
Música:
Género: Drama. Comedia
Distribuidor: Mubi

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'La Grazia'

Sinopsis

Mariano De Santis, presidente (ficticio) de la República italiana, es un veterano político demócrata, humanista y católico, que de repente comienza a dudar sobre varias importantes decisiones que debe tomar, en especial sobre si aprueba o no una ley de eutanasia, planteándose un gran dilema moral. (Mubi)

Dónde se puede ver la película en streaming



El poder empieza a temblar

La Grazia convierte el dilema en el motor de un relato que evita el didactismo y se centra en la dimensión moral del personaje. La Grazia no pretende responder a la cuestión de la eutanasia, sino explorar el vértigo de quien comprende que ninguna decisión será limpia, justa o indolora. Mariano De Santis (Toni Servillo) no es un villano ni un héroe, sino un hombre cansado, lúcido y, sobre todo, consciente del peso histórico de sus actos.

El guion avanza a través de conversaciones, silencios y episodios aparentemente secundarios que van revelando la soledad del poder. La comedia aparece de forma sutil, irónica, casi melancólica, funcionando como válvula de escape ante un drama profundamente humano.

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Toni Servillo

Un Paolo Sorrentino contemplativo

Paolo Sorrentino firma una de sus direcciones más contenidas, es decir, utiliza un enfoque más sutil y minimalista para contar la historia. Aquí no busca el barroquismo exuberante de La gran belleza ni el exceso estilizado de Il Divo, sino una elegancia más sobria, casi ascética. Su cámara observa al presidente como si fuera una figura aislada dentro de espacios enormes, subrayando visualmente su soledad y su desconexión progresiva del mundo.

Sorrentino maneja con precisión el tono híbrido entre drama y comedia política, sin caer en la caricatura ni en la solemnidad impostada. Hay momentos de humor fino, incluso absurdo, que recuerdan que el poder también se ejerce entre rutinas ridículas y gestos vacíos. El director italiano demuestra una madurez notable al confiar más en las miradas y los silencios que en los discursos grandilocuentes.

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Un presidente de carne y duda

El peso de La Grazia recae casi por completo sobre Toni Servillo que interpreta a Mariano De Santis, y el resultado es sobresaliente. Su interpretación construye un personaje complejo, vulnerable y profundamente creíble. Cada gesto, cada pausa, transmite el desgaste de años de responsabilidad y la angustia de enfrentarse a una decisión imposible.

Los personajes secundarios funcionan como espejos morales que reflejan distintas posturas ante el dilema central. Ninguno está ahí para imponer una verdad, sino para aumentar la confusión del protagonista.

Toni Servillo

La belleza de la contención

Visualmente, La Grazia es elegante sin ser ostentosa. La fotografía utiliza una paleta sobria, dominada por interiores institucionales que refuerzan la sensación de encierro moral. El montaje es preciso y reflexivo, permitiendo que las escenas respiren y que las ideas se asienten sin prisas. La música, marca de la casa en Paolo Sorrentino, aparece de forma muy medida, no invade ni subraya en exceso, sino que acompaña con discreción los momentos de mayor introspección.

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Conclusión de 'La Grazia'

La Grazia se confirma como una de las obras más maduras y reflexivas de Paolo Sorrentino. No es una película explosiva ni provocadora en el sentido habitual, sino un drama político íntimo que invita a pensar sobre los límites de la moral cuando se ejerce el poder. Es una película que confía en la inteligencia del espectador, que rehúye respuestas fáciles y que entiende la política como un territorio profundamente humano, lleno de contradicciones y zonas grises.

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