Hasan Hadi construye en La tarta del presidente un relato que combina lo cotidiano con lo político para retratar una realidad marcada por el peso de las estructuras de poder en la vida de la gente común. A través de una historia aparentemente sencilla, la película se adentra en las tensiones sociales y emocionales que surgen cuando lo personal queda inevitablemente atravesado por lo ideológico, proponiendo una mirada que oscila entre la intimidad de sus personajes y el trasfondo histórico que condiciona sus decisiones. La tarta del presidente se estrenó mundialmente en el Festival de Cannes, dentro de la Quincena de Cineastas, donde recibió el Premio del Público, y es la primera película iraquí en entrar en la shortlist de los Oscar como Mejor Película Internacional. Estreno el 6 de febrero de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'La tarta del presidente'
Resumen
Ficha Técnica
Título: La tarta del presidente
Título original: Mamlaket Al-Qasab / The President's Cake
Reparto:
Baneen Ahmad Nayyef (Lamia)
Sajad Mohamad Qasem (Saeed)
Waheed Thabet Khreibat (Bibi)
Rahim AlHaj (Jasim)
Año: 2025
Duración: 105 min.
País: Irak
Director: Hasan Hadi
Guion: Hasan Hadi
Fotografía: Tudor Vladimir Panduru
Música:
Género: Drama
Distribuidor: Atalante Cinema
Tráiler de 'La tarta del presidente'
Sinopsis
Irak, años noventa. La pequeña Lamia recibe la misión de preparar una tarta con motivo del cumpleaños del presidente Sadam Huseín. Acompañada por su amigo Saeed y con su gallo Hindi a cuestas, recorre Bagdad en busca de los ingredientes, viviendo una serie de peripecias que alterarán por completo su vida cotidiana. (Atalante Films)
Dónde se puede ver la película en streaming
Contra el miedo
A través del punto de vista de Lamia, La tarta del presidente construye un relato de supervivencia cotidiana donde lo político se filtra en lo doméstico sin necesidad de grandes discursos. La película funciona como una especie de road movie mínima, en la que cada paso de la niña por mercados vacíos, calles vigiladas y hogares empobrecidos revela un país roto, gobernado por el miedo y la escasez.
Lo más acertado del guion es su contención. El conflicto nunca se sobredimensiona ni se convierte en melodrama explícito, la amenaza está siempre presente, pero rara vez verbalizada. Es el espectador quien comprende la gravedad de la situación a partir de gestos, silencios y decisiones aparentemente pequeñas, esa naturalidad convierte la historia en algo universal.
Mirar sin gritar
Hasan Hadi opta por una dirección de corte sobrio, casi invisible, que prioriza el realismo por encima del impacto emocional inmediato. La cámara suele situarse a la altura de Lamia, reforzando la sensación de vulnerabilidad y de mundo hostil construido para adultos, donde una niña debe comportarse como una estratega para sobrevivir.
El director evita la pornografía del sufrimiento y se apoya en la observación paciente. No hay escenas diseñadas para provocar lágrimas fáciles, sino una acumulación de situaciones que, en conjunto, generan una profunda incomodidad moral. El resultado es un cine político profundamente eficaz precisamente porque no parece estar predicando nada.
La verdad en un rostro infantil
El gran pilar de La tarta del presidente es la interpretación de Baneen Ahmad Nayyef, que da vida a Lamia. Su trabajo es contenido, natural y sorprendentemente maduro para un personaje infantil. No hay sobreactuación ni sentimentalismo, su miedo, su ingenio y su dignidad se expresan a través de miradas, silencios y pequeñas decisiones prácticas.
El reparto adulto cumple una función más coral que protagonista, representando distintas actitudes frente al régimen. Ningún personaje está diseñado para ser un símbolo explícito, sino una pieza más de un engranaje social que funciona bajo coerción constante.
Austeridad como discurso
La fotografía apuesta por tonos apagados, casi terrosos, que refuerzan la sensación de pobreza estructural y desgaste emocional. La luz natural domina muchas escenas, subrayando el carácter casi documental del conjunto. El montaje es pausado pero nunca pesado, respetando los tiempos de la experiencia infantil sin caer en el estatismo. La música, escasa y discreta, aparece solo cuando es necesaria, evitando manipular emocionalmente al espectador.
Conclusión de 'La tarta del presidente'
La tarta del presidente se presenta como un drama político sobrio, honesto y profundamente humano, que utiliza una anécdota mínima para retratar la brutalidad de un sistema totalitario. No busca épica ni denuncia explícita, sino que confía en la inteligencia del espectador para entender que, cuando el poder decide incluso cómo debe celebrarse un cumpleaños, la vida deja de pertenecer a quienes la viven.
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