Más que rivales (Heated Rivalry en versión original) narra la complicada relación entre dos jugadores de hockey, uno canadiense y otro ruso, rivales en la pista de hielo pero amantes en secreto. Una historia apasionante y emotiva de amor, rivalidad e identidad basada en la segunda entrega de la exitosa saga de culto 'Game Changers' de Rachel Reid, un éxito de ventas compuesto por el momento por seis novelas. La serie protagonizada por Hudson Williams y Connor Storrie se puede ver desde el 5 de febrero de 2026 en Movistar Plus+.
Crítica de 'Más que rivales'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Más que rivales
Título original: Heated Rivalry
Reparto:
Hudson Williams (Shane Hollander)
Connor Storrie (Ilya Rozanov)
François Arnaud (Scott Hunter)
Robbie G.K. (Kip Grady)
Dylan Walsh (David Hollander)
Christina Chang (Yuna Hollander)
Sophie Nélisse (Rose Landry)
Franco Lo Presti (Cliff Marleau)
Callan Potter (Hayden Pike)
Ksenia Daniela Kharlamova (Svetlana)
Slavic Rogozine (Alexei Rozanov)
Vitali Makarov (Ministro ruso)
Kaden Connors (Sasha)
Año: 2025
Duración: 50 min.
País: Canadá
Director: Jacob Tierney (Creador), Jacob Tierney
Guion: Jacob Tierney. Novela: Rachel Reid
Fotografía: Jackson Parrell
Música: Peter Peter
Género: Drama. Deporte
Distribuidor: Movistar Plus+
Tráiler de 'Más que rivales'
Sinopsis
Shane Hollander e Ilya Rozanov son dos de las mayores estrellas de la liga de hockey sobre hielo, unidos por la ambición, la rivalidad y una atracción magnética que ninguno de los dos comprende del todo. Lo que comienza como una aventura secreta entre dos novatos se convierte en un viaje de años de amor, negación y autodescubrimiento. Mientras buscan la gloria sobre el hielo, luchan por comprender sus sentimientos mutuos. Divididos entre el deporte que les apasiona y el amor que no pueden ignorar, Shane e Ilya deben decidir si hay espacio en su mundo ferozmente competitivo para algo tan frágil y poderoso como el amor verdadero.
Dónde se puede ver la serie en streaming
Uno contra uno
Lo que comienza como una relación secreta, casi impulsiva, entre dos novatos que aún no saben quiénes son ni qué lugar ocupan, se transforma con el paso de los episodios en un relato de largo recorrido sobre el miedo, el deseo y la dificultad de aceptarse.
Más que rivales estructura su historia como un viaje en el tiempo emocional, no todo sucede de golpe ni con dramatismo explosivo, el amor, aquí, se construye y se destruye a base de silencios, huidas y reencuentros. La rivalidad profesional actúa como una máscara perfecta para ocultar lo que sienten, pero también como una jaula que les impide avanzar, el guion entiende bien que el verdadero conflicto no es externo, sino interno.
Contención antes que espectáculo
Jacob Tierney opta por una dirección sobria y muy consciente del material que maneja. Más que rivales huye del melodrama fácil y del subrayado emocional excesivo. La cámara observa más de lo que juzga, dejando que los personajes se revelen poco a poco. A veces incluso a su pesar, el ritmo es deliberadamente pausado, lo que permite que la relación entre Shane e Ilya se sienta orgánica, real, marcada por avances mínimos y retrocesos dolorosos.
Las escenas deportivas están presentes, pero nunca se comen a la historia. Tierney utiliza el hockey como contexto, como espacio de tensión física y emocional, pero no como centro absoluto del relato. Hay una clara intención de evitar el tono épico habitual del género deportivo para centrarse en lo cotidiano.
Química que sostiene
El gran pilar de Más que rivales es la química existente entre los dos protagonistas, Hudson Williams y Connor Storrie. Funcionan como un binomio creíble, lleno de contradicciones y emociones contenidas. Ambos actores construyen personajes que no necesitan grandes discursos para transmitir lo que sienten, una mirada sostenida más de la cuenta, un gesto brusco en mitad de una conversación o una reacción exagerada ante una derrota dicen mucho más que cualquier confesión explícita.
Shane encarna la ambición y el miedo a perderlo todo si se sale del guion esperado. Ilya, por su parte, es más impulsivo, más emocional, pero también igual de prisionero de un entorno que no le ofrece herramientas para entender lo que le ocurre.
El hielo como metáfora
La fotografía utiliza tonos fríos que refuerzan tanto el entorno deportivo como la distancia emocional entre los protagonistas. El hielo, las luces artificiales de las pistas y los espacios cerrados funcionan como metáforas visuales de la represión y el aislamiento. El montaje es uno de los grandes aciertos de Más que rivales. Los saltos temporales están bien integrados y ayudan a mostrar la evolución de la relación sin necesidad de explicaciones constantes.
Conclusión de 'Más que rivales'
Más que rivales no es una serie revolucionaria en su planteamiento, pero sí muy sincera en su ejecución. Su gran mérito es tratar una historia de amor homosexual en el deporte sin convertirla en un panfleto ni en un espectáculo de sufrimiento gratuito. Aquí no hay grandes villanos ni discursos grandilocuentes, hay personas que se equivocan, que huyen, que aman mal porque no saben amar mejor.
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