Mongol es la nueva película de Amarsaikhan Baljinnyam, reconocido actor mongol quien cosechó un cierto interés entre el público más interesado por el cine oriental con Harvest Moon. En esta ocasión, el artista asiático abandona el drama lento e íntimo para dar forma a una enorme épica histórica ambientada en el corazón de la Mongolia de inicios del pasado siglo. Mongol llegará a partir del 6 de marzo de 2026 a Filmin y Prime Video.
Crítica de 'Mongol'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Mongol
Título original: Mongol
Reparto:
Amarsaikhan Baljinnyam (Mongol)
Solongo-Uyanga Tumursukh (Serchmaa)
Batnyambuu Enkhtaivan (Senge)
Munkh-Ochir Bayarmagnai (Darisuren)
Enkhbayar Luvsandorj (Gobernador manchú)
Sunduijav Batjargal (Hombre 1)
Dalaitseren Bayanzul (Asistente de Choijil 3)
Munkhsaikhan Bayarmagnai (Príncipe)
Año: 2024
Duración: 155 min.
País: Mongolia
Director: Amarsaikhan Baljinnyam
Guion: Amarsaikhan Baljinnyam
Fotografía: Khangai Boldsaikhan, Dashtseren Davaajav
Música: Música original: Odbayar Battogtokh
Género: Drama. Thriller
Distribuidor: Festival Films
Tráiler de 'Mongol'
Sinopsis
En este thriller histórico tan cautivador ambientado en 1910, el joven nómada Mongol se enamora perdidamente de Serchmaa, la hija de su lord. Sin embargo, su historia de amor da un giro peligroso cuando su padre le culpa de ser un criminal y orquesta una trama para arrebatarle a Mongol todo lo que ama. Mongol debe reunir fuerzas para vagar por un mundo plagado de traiciones y mentiras y luchar por sobrevivir y hacer justicia. Durante sus viajes, sirve de inspiración y hace crecer la unidad de su gente. (Festival Films)
Una revolución forjada en la traición
Mongol parte de una premisa tan sencilla como manida: Mongol, un joven guarda al servicio del príncipe de su provincia, es traicionado por este tras prometerle la mano de su hija si ejecuta una misión encubierta. Tras huir de su cautiverio, el joven comenzará a unir fuerzas con otros rebeldes para luchar contra la tiranía de las altas esferas controladas, a su vez, por los manchúes. Se forja así una trama con tintes shakesperianos, que funciona en su temática de venganza pero que resulta excesivamente reiterativa y estereotípica.
Este es el primer gran problema de Mongol, que su guion deja poco pie para las sorpresas. Tras la presentación inicial de sus personajes resulta fácil adivinar por donde va a navegar la trama, una que se extiende de manera innecesaria para alcanzar una duración de dos horas y media.
No hacía falta extenderse para contar lo que la película cuenta; parece ser que, en cierto modo, Amarsaikhan Baljinnyam ha dado un paso atrás a la hora de estructurar el ritmo y el tiempo en sus películas. Harvest Moon brillaba precisamente en su tratamiento del tiempo, en cómo jugaba con las pausas. Aquí solo parece que se busca el exceso y la épica sin ningún tipo de control.
Un viaje al pasado en una tierra que nos resulta desconocida
En una nota algo más positiva, Mongol presenta un diseño de producción verdaderamente memorable. El trabajo realizado con los trajes, las armas y los interiores es fascinante, lo que permite que la cinta refleje bien una época tan convulsa y poco conocida (al menos para los espectadores de occidente) como lo es la Mongolia de inicios del siglo pasado.
Quizá es esto lo que más pueda llamarnos la atención de Mongol, pues es una superproducción realizada en un país que a la gran mayoría de occidente nos resulta desconocido. Una de las grandes cualidades del cine es su capacidad para representar realidades que nos resultan ajenas, lo que deriva en un importante componente etnográfico y dialéctico. El cine puede servir para dar a conocer, no solo culturas y lugares, si no también formas de narrar, de componer imágenes o de montar.
Sin embargo, Mongol no deja de ser una película falta de personalidad, vacía de creatividad y anclada al modelo tradicional de realización de cintas épicas y dramas históricos. ¿Había potencial para hacer algo distinto y memorable?. Por supuesto, solo hay que ver Harvest Moon para comprobar que Amarsaikhan Baljinnyam sabe cómo dirigir.
Pero en Mongol se ha apostado por hacer una película funcional en lo técnico, que no busca innovar ni sorprender en su manejo de cámara, su composición de planos o su estructura narrativa. Vaya, que a nivel formal no se va más allá de los planos generales en espacios abiertos, primeros planos de los rostros en los diálogos y cortes constantes independientemente de lo que se muestre en pantalla. Es una pena, pues la composición de sus planos resulta, por lo general, acertada, ofreciendo algunas imágenes más que decentes.
El color en la tierra de las llanuras
Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención de Mongol es su uso del color. Siguiendo los preceptos del cine de acción de hace un par de décadas, se ha optado por dar a la película una tonalidad grisácea que, aunque pueda encajar con la temática y con lo frío de su paisaje, resulta ineficaz.
Mongol, a través de su diseño de producción, hace gala de una buena variedad de colores (primando especialmente los rojos, amarillos y verdes) que no resaltan nada en la pantalla. Estos se ven desperdiciados innecesariamente, todo para dar forma a una estética decadente que no hace si no incidir en el carácter cliché de la cinta.
Tampoco es que Mongol cuente con una banda sonora espectacular, algo común en las películas del género. Aquí se opta por alguna melodía a piano, común en los momentos íntimos, y alguna melodía orquestal que, sin embargo, no termina de encajar debido a su excesiva repetición y a su predecible utilización.
Conclusión de 'Mongol'
Mongol no es una mala película, pero tampoco es que sea buena. Se queda en una tierra de nadie que parece condenarla al ostracismo, marcada por su incapacidad para destacar en un género que de por sí ya está saturado. A su favor juega su diseño de producción, la actuación de sus protagonistas, y su composición de planos, si bien su narrativa, su ritmo o su etalonaje resultan decepcionantes. Un paso atrás en la carrera como director de Amarsaikhan Baljinnyam, y una película que recomiendo únicamente a los amantes de la épica histórica y a los curiosos por ver una superproducción de Mongolia, aunque resulte tan convencional como las realizadas en cualquier otro país.
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