Dirigida por Geneviève Dulude-De Celles, Nina Roza traza un retrato íntimo y sensible sobre la fragilidad emocional y los vínculos que nos sostienen en los momentos de quiebre. Con una puesta en escena contenida y una mirada profundamente humanista, la cineasta se adentra en la experiencia de su protagonista para explorar el peso de las decisiones, la identidad y la necesidad de pertenencia. Nina Roza ha sido reconocida en el festival de Berlín con el Oso de Plata al Mejor Guion en la Sección Oficial de la 76ª Berlinale, premio que recibió su directora y coguionista Geneviève Dulude-De Celles.

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Nina Roza

Crítica de 'Nina Roza'

Ficha Técnica

Título: Nina Roza
Título original: Nina Roza

Reparto:
Galin Stoev (Mihail)
Michelle Tzontchev (Rose)
Sofia Stanina (Nina)
Ekaterina Stanina (El doble de Nina)
Chiara Caselli (Giulia Mancini)
Christian Bégin
Nikolay Mutafchiev (Bogdan)
Svetla Yancheva (Elvira)
Sylvie Lemay (Propietario del edificio)
Mart Lachev (Peter)
Maria-Radena Bozhkova (La madre de Rose)
Raphaël Fournier (Thomas)
Alexia Roc (Recepcionista de la galería)

Año: 2026
Duración: 103 min.
País: Canadá
Director: Geneviève Dulude-De Celles
Guion: Geneviève Dulude-De Celles
Fotografía: Alexandre Nour Desjardins
Música: Joseph Marchand
Género: Drama. Pintura
Distribuidor:

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Nina Roza'

Sinopsis

Mihail abandonó Bulgaria en la década de 1990 tras la muerte de su esposa y crio a su pequeña hija, Roza, solo en Montreal. Lejos de su tierra natal, se estableció como especialista en arte francés y contemporáneo. Ahora, un coleccionista le encarga la autentificación de la obra de Nina, una niña de ocho años que vive en un pueblo búlgaro y cuyas pinturas se han vuelto virales. Mihail duda, pero finalmente acepta emprender el viaje. Conocer a Nina lo conmueve profundamente. La encantadora madurez de la niña le recuerda a Roza a su misma edad. Durante su estancia en Bulgaria, poco a poco se reconcilia con los fantasmas de su pasado mientras intenta desentrañar el misterio que se esconde tras Nina: ¿es realmente la autora de su obra? ¿Alguien la ha ayudado?



Geneviève Dulude-De Celles: del Oso de Cristal al Oso de Plata

La directora y guionista canadiense Geneviève Dulude-De Celles vuelve a destacar en la Berlinale. Si en la 69ª edición se alzó con el Oso de Cristal a Mejor Película en la sección Generation Kplus por A Colony (2018), en esta ocasión ha sido reconocida con el Oso de Plata a Mejor Guion por su nuevo largometraje, Nina Roza (2026).

Una mirada desde la infancia y adolescencia

Si algo ha definido la trayectoria de Geneviève Dulude-De Celles es su constante retorno a la infancia y la adolescencia como lugares de búsqueda identitaria. Nina Roza no abandona esta línea temática, aunque desplace el foco hacia la mirada adulta de Mihail, un expatriado búlgaro que lleva treinta años sin regresar a su país natal. La infancia, representada aquí en el personaje de Nina, sigue funcionando como elemento simbólico y moral del relato.

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El obligado regreso de Mihail (motivado por la necesidad de verificar la autenticidad del talento de una artista prodigio de ocho años) desarrolla un conflicto más profundo: la imposibilidad de cerrar una herida identitaria ignorada durante décadas. Como explicaba la directora en conversación durante el festival, el personaje nunca afrontó esa herida cuando era joven. Durante años creyó que el tiempo sería la solución necesaria. La nostalgia no es la respuesta a su vuelta al hogar, sino la imposibilidad de seguir posponiendo su conflicto.

Nina Roza película

Migración e identidad

La dimensión migratoria, además, no se limita a la ficción. Durante el proceso de preparación, el actor Galin Stoev (residente en Bélgica y Francia desde hace más de dos décadas) compartió con la directora su propia experiencia como migrante. Esa vivencia refuerza la construcción del personaje y la autenticidad de su conflicto. Sin embargo, Geneviève Dulude-De Celles insiste en que Nina Roza no pretende hablar únicamente de migración: incluso quienes no han abandonado su país pueden reconocerse en esa sensación de identidad dividida, en la dificultad de determinar a qué comunidad se pertenece realmente.

Esta fractura identitaria adopta, no obstante, formas distintas en cada personaje. En el caso de Nina, la migración no nace de un deseo propio, sino de una decisión ajena. En conversación durante el festival, la directora planteaba una pregunta incómoda: ¿quién tiene derecho a decidir por una niña? Si la historia siguiera la voluntad de Nina, ella no se marcharía ni vendería sus pinturas, pues no percibe en ello ningún beneficio. Son los padres quienes con una perspectiva a largo plazo marcada por preocupaciones y limitaciones obligan a su hija a migrar. “En el fondo, sigue siendo el padre quien toma la decisión”, señala Dulude-De Celles, recordando su propia experiencia infantil tras el divorcio de sus padres. 

Puesta en escena y lenguaje cinematográfico

Esa complejidad identitaria no se desarrolla únicamente desde el guion, sino también desde la puesta en escena. La directora trabajó estrechamente con el director de fotografía Alexandre Nour Desjardins, con quien compartió la búsqueda de localizaciones y la construcción del lenguaje visual de Nina Roza.

Ambos, declarados cinéfilos, recurrieron a referentes clásicos durante la preparación del rodaje. Entre ellos, la obra de Andrei Tarkovsky y, de forma más concreta, The American Friend (1977) de Wim Wenders, cuya atmósfera sirvió como punto de partida para reflexionar sobre el encuadre y la textura de la imagen. No se trataba de crear un estilo, sino de pensar cómo representar visualmente el viaje interior de los personajes.

La realidad que atraviesa Mihail no se presenta de forma estrictamente realista. Como señala  Geneviève Dulude-De Celles, no es solo una cuestión de mostrar lo que ocurre, sino de representar cómo los personajes lo perciben. El regreso al pasado aparece envuelto en una cierta niebla y confusión, en una imagen ligeramente difusa que sugiere memoria, nostalgia y subjetividad más que una crudeza realista.

Conclusión: identidad, estética y promesa cinematográfica

Nina Roza es una obra brillante que explora la identidad, la pertenencia y la tensión entre necesidad y voluntad. Lo hace no desde una única perspectiva, sino a través de múltiples miradas que revelan cómo distintos personajes enfrentan conflictos similares. La película no se limita a narrar una historia profunda; también mantiene una coherencia estética y un compromiso evidente con el lenguaje cinematográfico. Queda claro que la canadiense Geneviève Dulude-De Celles sigue construyendo una carrera prometedora, con mucho por demostrar y ofrecer al cine contemporáneo.

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CINEMAGAVIA
8 / 10
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Miguel Aceña Yanes
Me llena poder escribir sobre la cosas que me inspiran. Graduado en Comunicación Audiovisual en Sevilla.
nina-roza-pelicula-critica-estreno-cineNina Roza es una obra brillante que explora la identidad, la pertenencia y la tensión entre necesidad y voluntad. Lo hace no desde una única perspectiva, sino a través de múltiples miradas que revelan cómo distintos personajes enfrentan conflictos similares. La película no se limita a narrar una historia profunda; también mantiene una coherencia estética y un compromiso evidente con el lenguaje cinematográfico. Queda claro que la canadiense Geneviève Dulude-De Celles sigue construyendo una carrera prometedora, con mucho por demostrar y ofrecer al cine contemporáneo.

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