En Poirot, último testigo, Francesc Relea articula un relato que trasciende la reconstrucción histórica para adentrarse en los pliegues más íntimos de la memoria y el testimonio. El documental se sostiene sobre una tensión constante entre lo que se recuerda y lo que permanece en la penumbra, convirtiendo a su figura central en algo más que un testigo: en un depositario frágil de verdades incómodas. Se centra en la extensa trayectoria del fotógrafo chileno Luis Poirot, testigo de la historia política y cultural de Chile. Presentado en la Sección Documentales del 29 Festival de Málaga. No hay fecha programada para su estreno en salas de cine españolas.
Crítica de 'Poirot, último testigo'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Poirot, último testigo
Título original: Poirot, último testigo
Reparto:
Lucho Poirot
Joan Manuel Serrat
Isabel Allende
Pablo Larraín
Alfredo Castro
Fernanda Larraín
Los Bunkers
Año: 2025
Duración: 68 min.
País: España
Director: Francesc Relea
Guion: Francesc Relea
Fotografía:
Música: Los Bunkers
Género: Documental
Distribuidor:
Tráiler de 'Poirot, último testigo'
Sinopsis
Más de medio siglo de la historia cultural y política de Chile y España vistos a través de la cámara de Luis Poirot.
Dónde se puede ver el documental en streaming
Homenaje a la memoria fotográfica
La historia de Chile es recogida en la intensa larga trayectoria profesional del fotógrafo Lucho (Luis) Poirot a sus ochenta y cinco años. El documental está dirigido por su amigo periodista Francesc Relea con el que coincidió varios años trabajando en el diario español “El País” en uno de los varios exilios del fotógrafo fuera de Chile y México.
El documental Poirot, último testigo, dirigido por Francesc Relea, se construye como una investigación que trasciende el simple retrato biográfico para adentrarse en la memoria histórica y en las huellas que dejan los grandes conflictos del siglo XX. Lejos de limitarse a reconstruir hechos, la película se articula desde la mirada de su protagonista, cuya experiencia funciona como puerta de entrada a un pasado que aún resuena en el presente.
Poirot, último testigo a lo largo de poco más de una hora comenta muchas de los miles de fotografías que realizó, tanto de retratos como de episodios muy importantes de la vida cultural y política en los varios países donde ha trabajado. Las más conocidas de sus fotos, siempre hechas en blanco y negro, son los magníficos retratos de muchos personajes como los escritores Eduardo Galeano, Julio Cortázar, Patricia Highsmith e Isabel Allende, cantantes Víctor Jara y Serrat, los políticos Nixon, Salvador Allende y Pinochet, el pintor Salvador Dalí, el poeta y político Pablo Neruda, el actor Alfredo Castro y el director Pablo Larraín.
Agitada vida con varios exilios
Recogió los testimonios gráficos de los últimos días de Salvador Allende en el Palacio de La Moneda, que tras su toma de posesión en 1970 fue asesinado en el asalto de 1973 a la sede presidencial. Luis Poirot siempre estuvo muy bien relacionado en la vida social chilena por lo que fue el preferido para retratar las luces y sombras del país andino, pudiendo conocer a sus principales protagonistas. En su estancia de exilio años después en Barcelona, fotografía la Diada de 1976 además de a los políticos Pujol y Federica Montseny.
En el mundo cultural el fotógrafo hizo buenas amistades con el cantante Serrat y con la escritora Isabel Allende que aparecen en el documental en varias secuencias hablando con Poirot. También trató al poeta y político Pablo Neruda y las brillantes imágenes de Mauro García Tocornal nos hacen el recorrido por su famosa casa de Isla Negra donde residió el Premio Nobel de Literatura de 1971. Es una secuencia muy atractiva y relajante, en la que podemos ver los múltiples objetos que coleccionaba Neruda con los que decoraba su mítica gran casa frente al mar.
Francesc Relea opta por una puesta en escena contenida, donde el peso recae en la palabra y en el testimonio directo. No hay grandes artificios formales ni una voluntad de espectacularizar el relato; al contrario, el documental encuentra su fuerza en la sobriedad. La cámara observa, escucha y acompaña, permitiendo que los silencios y las pausas adquieran tanto significado como los propios recuerdos narrados. Esa economía de recursos refuerza la sensación de autenticidad, como si el espectador asistiera a una confesión íntima más que a una reconstrucción mediada.
Actividades actuales de Poirot
El exhaustivo trabajo de documentación duró varios años, recorriendo archivos gráficos de varios medios de comunicación e instituciones y el gigante almacén personal del propio fotógrafo. Aún no se ha previsto qué pasará con todo el trabajo que guarda en su estudio taller de fotografía cuando fallezca Luis Poirot. En la actualidad el fotógrafo chileno continúa muy activo haciendo exposiciones, dando talleres de fotografía y recopilando sus mejores fotos en la edición de nuevos libros. El cierre de Poirot, último testigo es muy dinámico en el montaje de Galut Alarcón y Carlos Prieto, con una profusión de imágenes que descienden en cascada a la izquierda de la gran pantalla contrastadas con los también numerosos créditos finales mientras suena la banda sonora del energético grupo musical Los Bunkers.
Uno de los aspectos más interesantes del documental es cómo aborda la figura del “último testigo”. No se trata solo de alguien que estuvo allí, sino de alguien que carga con la responsabilidad de recordar cuando ya casi nadie puede hacerlo. En ese sentido, Poirot, último testigo plantea una reflexión sutil sobre el paso del tiempo y la fragilidad de la memoria: lo que se pierde cuando desaparecen quienes pueden contar la historia en primera persona.
Sin embargo, esta apuesta por la contención también tiene sus límites. En algunos momentos, el ritmo puede resultar excesivamente pausado y la estructura algo reiterativa, especialmente cuando el relato insiste en determinadas ideas sin aportar nuevos matices.
Conclusión de 'Poirot, último testigo'
Con una puesta en escena sobria, casi austera, Francesc Relea evita el subrayado y deja que la palabra, el silencio y el paso del tiempo construyan una atmósfera de gravedad contenida. El resultado es una obra que no busca cerrar heridas ni ofrecer certezas, sino confrontar al espectador con la persistencia de lo vivido y la responsabilidad de quien lo narra.
Poirot, último testigo logra sostener el interés gracias a la potencia de su núcleo humano. Más que un documental informativo, es una pieza que apela a la conciencia del espectador, recordándole que la historia no es solo un conjunto de datos, sino una suma de vivencias individuales que, al desaparecer, dejan un vacío difícil de llenar. En esa tensión entre memoria y olvido reside su mayor valor.
Únete a nuestro CANAL DE TELEGRAM





