La llegada de Rompientes al Teatro de la Abadía, el pasado 5 de marzo, supone el estreno en España de la dramaturgia del autor belga Paul Verrept. Con dirección de José María Esbec, cuenta en su reparto con Rebeca Hernando y Fernando Guallar. La pieza está formada por dos textos del belga - Pleamar y La huida -. Un díptico escénico sobre la empatía, el miedo y la fragilidad de nuestra aparente estabilidad. Se representa hasta el 22 de marzo en la Sala José Luis Alonso.
Duración: 90 min. apróx. Dirección: José María Esbec Versión y traducción: Ronald Brouwer Texto original: Paul Verrept
Ayudante de dirección: Fernando Mercè
Escenografía: Petros Lappas y José María Esbec
Diseño de iluminación: Bibiana Cabral
Ayudante de iluminación: Marina Ovilo
Vestuario: Paola de Diego
Música y espacio sonoro: Alberto Granados
Ayudante de espacio sonoro: Elena G. Verduras
Diseño gráfico de Lazona: Javier Naval
Producción ejecutiva: Laura Iglesias y Elisa Fernández
Dirección técnica: Cristina Otero
Distribución: Julio Municio
Director de producción: Miguel Cuerdo – Lazona Producción: Teatro de la Abadía y Lazona
Tráiler de 'Rompientes'
Sinopsis de 'Rompientes'
En una casa junto a la playa viven un hombre y una mujer, enamorados, acomodados, en un entorno bonito y agradable. Cuando el mar arroja a la orilla los cuerpos sin vida de unos refugiados, adultos y también una criatura, cada uno reacciona de una manera distinta y la relación de pareja se desmorona. El silencio del que antes disfrutaban se convierte en un abismo de incomprensión.
La primera parte, Pleamar, refleja el relato por boca de la mujer. La segunda, La huida, es testimonio del hombre. El título conjunto de este díptico es Rompientes.
El texto de la obra está publicado por Ediciones Antígona. (TEATRO DE LA ABADÍA).
Foto de Javier Naval
Profundidad en el texto
Basada en el texto de Paul Verrept, con traducción de Ronald Brouwer, Rompientes presenta el retrato de una pareja que se enfrenta a una situación delicada y profundamente humana. La manera en que cada uno procesa lo ocurrido da lugar a los dos monólogos que articulan la pieza. En el primero, se expone la visión de la mujer, quien ofrece la mirada más empática y humana. A través de ella, se reflexiona sobre la situación de los refugiados, sobre el impacto que produce presenciarlo en primera persona y sobre cómo esa experiencia puede romper la aparente tranquilidad de aquellos que poseen todo en lo denominado primer mundo. El cuidado del lenguaje es máximo, con una riqueza estilística y conceptual que convierte el texto en una propuesta que merece ser escuchada con atención.
La segunda parte muestra un espejo mucho más incómodo, dado que la perspectiva del hombre se opone frontalmente a la de su pareja. Por tanto, su discurso pone de manifiesto los miedos, la ignorancia, e incluso el racismo... Una exposición visceral, que puede provocar en el espectador animadversión. No obstante, ese malestar resulta también productivo, ya que abre un espacio de debate en la mente de los asistentes. Las frases y actitudes que se exponen provocan un claro rechazo, sin embargo, también hay un punto pedagógico. Lo que confiesa de una forma tan pública ha podido ser pensada por alguna persona del público en su ámbito más privado. De este modo, la obra favorece un ejercicio de introspección que permite observar las múltiples aristas de un fenómeno sobre el que se ha hablado intensamente en los últimos años: la crisis de los refugiagos.
Foto de Javier Naval
Una pareja desde prismas diferentes
Rebeca Hernando y Fernando Guallar son los encargados de dar vida a la pareja protagonista de Rompientes. En primer lugar, Hernando entra en escena con entereza, solidez, invitando a los espectadores a acompañarla. Triunfa durante la ejecución de su monólogo. La actriz explota a la perfección la intensidad emocional de su personaje: se quiebra, lucha, grita... Está excelsa. Una interpretación de altura que se mantiene constantemente dinámica. La dicción es otro gran punto a favor, algo muy importante para un libreto de esta índole. Por su parte, Guallar se enfrenta a un reto complejo y de alto nivel. Se percibe el gran esfuerzo por dotarlo de matices y profundidad, lo cual se valora positivamente. Seguramente, con el paso del tiempo, es probable que afiance el carácter teatral que demanda una labor de esta naturaleza. Por último, en ambos casos, hay un buen uso de la corporalidad.
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La puesta en escena se caracteriza por su elegancia desde el primer contacto. Lejos de apostar por una construcción recargada, ha optado por una propuesta minimalista. El uso del color azul se mantiene como un elemento constante a lo largo de la obra, facilitando una estética visual atractiva. El diseño de iluminación es sutil y distinguido. Por otra parte, el espacio sonoro es otro de los grandes pilares de la obra, los efectos son un gran acierto. Aun así, el uso de la electrónica, algo que se viene haciendo bastante en un teatro más alternativo, no llegar a integrarse con naturalidad en el conjunto. El ritmo es irregular: la primera parte se desarrolla con brillantez, mientras que la segunda pierde algo de dinamismo. Un montaje momentos de gran potencia, que debe vigilar aquellos que menguan el resultado.
Foto de Javier Naval
Conclusión
Rompientes reflexiona sobre la crisis de los refugiados, a partir de la contraposición de dos miradas que tienen mucho que decir. El texto goza de una gran calidad en su contenido, forma y estilo. Rebeca Hernando triunfa en su primer monólogo, demostrando ser una actriz con grandes dotes y recursos. Fernando Guallar se encuentra en proceso, valorándose el esfuerzo que transmite sobre el escenario. El montaje contiene aspectos muy logrados como el diseño de iluminación o el espacio sonoro, siendo menos efectivo en el ritmo y en el uso de algunos elementos artísticos como la electrónica. Una playa llena de simbolismo, ejecutada notablemente.
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