Sin piedad (2026) es un thriller de ciencia ficción que explora los límites de la justicia y la tecnología en un futuro no muy lejano. Dirigida por Timur Bekmambetov, la película sigue a Chris Raven, un detective interpretado por Chris Pratt, que es acusado del asesinato de su esposa y debe demostrar su inocencia en un juicio de 90 minutos ante una juez de inteligencia artificial. Con un elenco que incluye a Rebecca Ferguson y Annabelle Wallis, Sin piedad es una reflexión sobre la confianza en la tecnología y la búsqueda de la verdad en un mundo cada vez más dependiente de la inteligencia artificial. Estrenada el 23 de enero de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Sin piedad (2026)'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Sin piedad
Título original: Mercy
Reparto:
Chris Pratt (Chris Raven)
Rebecca Ferguson (Juez Maddox)
Annabelle Wallis (Nicole Raven)
Chris Sullivan (Rob Nelson)
Kylie Rogers (Britt Raven)
Kali Reis (Jacqueline 'JAQ' Diallo)
Noah Fearnley (Maleante tatuado)
Kenneth Choi (Ray Vale)
Rafi Gavron (Holt Charles)
Jeff Pierre (Patrick Burke)
Jamie McBride (Dan Vogel)
Philicia Saunders (Molly)
John Bubniak (Oficial Reed)
Año: 2026
Duración: 100 min.
País: Estados Unidos
Director: Timur Bekmambetov
Guion: Marco van Belle
Fotografía: Khalid Mohtaseb
Música: Ramin Djawadi
Género: Ciencia ficción. Thriller
Distribuidor: Sony Pictures Releasing de España
Tráiler de 'Sin piedad (2026)'
Sinopsis
En un futuro próximo, un detective (Chris Pratt) es juzgado acusado de asesinar a su esposa. Tiene 90 minutos para demostrar su inocencia ante la Jueza de la I.A. avanzada (Rebecca Ferguson), a la que él mismo defendió en su día, antes de que esta decida su destino. (Sony Pictures Releasing de España)
Poco atrevimiento
El punto de partida de Sin piedad (2026) es sugerente y plantea preguntas interesantes sobre la automatización de la ética, la objetividad de los datos y el papel del ser humano en un sistema judicial deshumanizado. Sin embargo, la película opta por una resolución más funcional que profunda.
El thriller avanza a buen ritmo, pero las implicaciones morales que promete apenas se desarrollan. El guion se centra más en el contrarreloj, en los giros y en la tensión inmediata que en explorar de verdad las consecuencias filosóficas y sociales de un sistema donde una IA decide la vida o la muerte. Todo lo relacionado con la distopía queda esbozado, pero no explotado.
Eficiencia antes que reflexión
Timur Bekmambetov dirige Sin piedad (2026) con el pulso habitual de su cine. Ritmo alto, montaje nervioso y una puesta en escena diseñada para mantener al espectador constantemente alerta. La acción y la tensión están bien administradas, y el concepto del tiempo límite funciona como motor narrativo eficaz.
No obstante, esa misma urgencia juega en contra del filme. Bekmambetov prioriza el espectáculo y la inmediatez frente a la construcción de atmósferas o ideas duraderas. El futuro que presenta es reconocible, funcional, pero genérico, pantallas, hologramas, espacios fríos y una estética que ya hemos visto en muchas distopías recientes.
Carisma a medio gas
Chris Pratt cumple como protagonista, aportando su carisma habitual y una energía que sostiene Sin piedad (2026). Sin embargo, su registro dramático resulta algo limitado para un personaje que debería cargar con un conflicto emocional mucho más devastador. El dolor por la pérdida de su esposa y la angustia de la acusación se intuyen más de lo que se sienten.
Rebecca Ferguson es, sin duda, lo más interesante del reparto. Su interpretación de la jueza de la IA, una entidad fría, racional y aparentemente neutral, aporta una presencia inquietante y elegante. El problema es que el guion no le permite ir más allá de ese concepto, su personaje resulta fascinante, pero queda infrautilizado.
Distopía de manual
La fotografía apuesta por tonos fríos y metálicos que refuerzan la deshumanización del sistema judicial. El diseño de producción cumple sin destacar, funcional, limpio y reconocible dentro del género. El montaje es rápido, a veces demasiado, sacrificando momentos de reflexión por mantener el pulso narrativo. Los efectos visuales están bien integrados, sin excesos, pero tampoco aportan un sello distintivo que haga destacar la película dentro del saturado cine de ciencia ficción.
Conclusión de 'Sin piedad (2026)'
Sin piedad (2026) es una película correcta y entretenida, pero claramente conservadora en su ambición. Tiene una idea central muy potente y actual pero decide no profundizar demasiado en ella, optando por un thriller eficaz pero superficial. Funciona como entretenimiento de consumo rápido, mantiene el interés y no aburre, pero deja la sensación de oportunidad desaprovechada.
Reportaje de Sin piedad (2026) en Días de Cine TVE
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