Sueños y pan, película dirigida por Luis Soto Muñoz (Los restos del pasar), se presenta como una mirada íntima y social que explora las aspiraciones, frustraciones y contradicciones de una generación marcada por la precariedad y la búsqueda de identidad. A través de un relato que combina realismo y sensibilidad, la obra retrata las dificultades cotidianas de sus personajes mientras intentan abrirse camino en un entorno que limita sus oportunidades. Con un tono cercano y reflexivo, Sueños y pan propone una observación crítica sobre los sueños personales frente a la dureza de la realidad social y económica.
Crítica de 'Sueños y pan'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Sueños y pan
Título original: Sueños y pan
Reparto:
George Steane (Dani)
Javier de Luis (Javi)
Cristina Masoni (Sara)
Mario Saura (Miki)
Ion Lewin (Carlitos)
Nadia Risueño (Lola)
Ester Vázquez (Asistenta social)
Arantza Loza (Asistenta Clínica)
Gabriela Andrada (Chica del Museo)
Ramsés Gallego (Director Experimental)
Sumaq Olmos (Chaval Tienda)
Alejandro Lewin (Testigo Robo)
Alberto Múzquiz (Coleccionista de arte)
Año: 2023
Duración: 92 min.
País: España
Director: Luis (Soto) Muñoz
Guion:
Fotografía: Joaquín García-Riestra Guhl
Música:
Género: Comedia dramática
Distribuidor: Mubox Studio
Tráiler de 'Sueños y pan'
Sinopsis
Javi y Dani roban un cuadro. Al sospechar de su cuantioso valor, ponen en marcha un plan para vender la obra. Plan que se va desmoronando a cada paso que dan.
Dónde se puede ver la película en streaming
Contemplando un trampantojo
Sueños y pan se presentaba como el regreso del cine quinqui, ese género cinematográfico tan popular y característico en los 70 y los 80, marcado por la vida cotidiana de los habitantes de los barrios populares y del extrarradio en las grandes ciudades. Esos entornos urbanos se convirtieron así en escenarios clave, que pasaron de actuar como atrezzo a ser un elemento activo de la narración, reflejando la realidad social de estos personajes, y cómo sus circunstancias de marginalidad afectaban a su identidad.
Bajo esta premisa Luis Soto Muñoz nos presenta a Javi y a Dani, a través de los cuales pretenderá ajustarse a los cánones de este género. Trata así de mostrar una cara de los protagonistas más íntima y personal a medida que va desarrollándose la trama principal, que transcurre paralelamente a otros problemas que orbitan en torno a la misma y que son propios de estos contextos de exclusión social.
Una ciudad fantasma
Sin embargo, en Sueños y pan no se consigue mostrar esa relación de hermandad entre los dos protagonistas. En ningún momento percibimos esos sacrificios en donde se prioriza al compañero, ni se nos muestra las consecuencias que tiene el vivir donde viven. De hecho, el barrio es un escenario casi invisible en este largometraje. Debido al abuso de grabaciones en interiores, donde se priorizan escenas en coches, habitaciones, galerías,... la ciudad en donde debería transcurrir la acción para otorgar sentido a la naturaleza de los personajes queda relegada a un segundo plano. No son de Carabanchel ni de Vallecas, sino de una localidad casi abstracta recogida bajo el término “periferia” que, sin embargo, no se llega a mostrar.
Breves destellos de oscuridad
La trama toma como excusa el robo de un cuadro para iniciar el recorrido de estos dos protagonistas por la (no) ciudad, en donde busca mostrar cómo en este viaje deben hacer frente a la cruda realidad. Se pretende así reutilizar el clásico arquetipo de Luces de Bohemia, esa bajada a los infiernos donde intentarán combatir la precariedad, las drogas, adicciones, y violencia física. Sin embargo, todo esto se muestra muy puntualmente, y sin ninguna conexión.
Vemos, por ejemplo, cómo el principal (y se podría decir que único) personaje femenino, Sara, que en un principio parecía que iba a compartir una relación casi de hermana con ellos, desaparece de la trama tras mostrar sus problemas de adicción. Ni una sola imagen, ni un solo diálogo se le concede posteriormente a este personaje, dando la sensación de ser todo pinceladas sueltas en un gran lienzo que pretende agrupar las diferentes vivencias, sin lograr alcanzar una coherencia interna con nitidez.
Entre el realismo y la evasión
Otro arquetipo literario que se encuentra muy presente es la dualidad de Don Quijote y Sancho Panza. Frente a un Javi mucho más realista -que no quiere decir que no romántico- encontramos a Dani, con un espíritu mucho más aventurero y desenfrenado que buscará constantemente alejarse de la realidad que le ha tocado vivir. Su mayor sueño será así grabar una película para transformar su presente en ficción, y dotarla de características a las cuales Javi se refiere como “irreales e inexactas”.
Tampoco se confrontará directamente con la adicción que sufre Sara, si no que la película nos muestra únicamente a Javi como testigo de la dependencia de las drogas de su amiga, y será este quien dialogará con los diferentes servicios sociales para ayudarla. Esta estructura de los personajes se ve sin embargo muy estereotipada, sobre todo a lo referente a Dani, quien abusa de muletillas y actitudes muchas veces asociadas a la jerga de estos barrios marginales. Su actitud forzada y su personaje a menudo sobreactuado dificultan así su credibilidad, viéndose desbordado por un carácter que parece impuesto y que resulta hasta paródico.
Una técnica envolvente
El apartado técnico es, en cambio, lo más sólido de esta pieza audiovisual. Con un excelente uso del blanco y negro, y un predominante gran angular, Sueños y Pan introduce al espectador en una atmósfera que, junto al constante movimiento de cámara, logra incluir al espectador en la escena. Consigue así evocar esa soledad e incluso aislamiento que sufren ambos protagonistas respecto al resto de la sociedad, respecto al mundo exterior.
Conclusión de 'Sueños y Pan'
Sueños y pan se comporta así como una película muy estética, con gran valor visual, pero con una narrativa débil y fragmentada. Con un Carlos Saura como evidente referente, esta película se ve empequeñecida por lo que aspira a ser.
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