Una hija en Tokio construye un relato íntimo sobre la pérdida, la distancia y los límites invisibles que separan a un padre de su hija. Más que un drama sobre la custodia, la película explora lo que significa vivir con una ausencia que no se puede reparar. Una hija en Tokio (Une part manquante), dirigida por Guillaume Senez y protagonizada por Romain Duris, tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto y posteriormente formó parte de la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Estreno el 20 de marzo de 2026 en salas de cine españolas.

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Una hija en Tokio película

Crítica de 'Una hija en Tokio'

Ficha Técnica

Título: Una hija en Tokio
Título original: Une part manquante / A Missing Part

Reparto:
Romain Duris (Jérôme 'Jay-san' Da Costa)
Judith Chemla (Jessica)
Mei Cirne-Masuki (Lily Nomura)
Tsuyu Shimizu (Michiko)
Shungiku Uchida (La abuela de Lily)
Yumi Narita (Keiko Nomura)
Patrick Descamps (El padre de Jerome)
Shinnosuke Abe (Shibuya Yu)
Morio Agata (Sr. Uchishiba)
Toshihiro Yashiba (Honda)
Eriko Takeda (Eriko)
Masayuki Shida (Takashima, gerente)
Hajime Inoue (El fiscal)

Año: 2024
Duración: 98 min.
País: Francia
Director: Guillaume Senez
Guion: Guillaume Senez, Jean Denizot
Fotografía: Elin Kirschfink
Música: Olivier Marguerit
Género: Drama. Familia
Distribuidor: A Contracorriente Films

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Una hija en Tokio'

Sinopsis

Cada día, Jérôme (Romain Duris) recorre Tokio con su taxi mientras intenta encontrar a su hija, Lily. Nueve años después de separarse y sin haber logrado su custodia, empieza a pensar que es hora de rendirse y volver a Francia. Pero cuando está a punto de hacerlo, Lily sube a su taxi. (A Contracorriente Films)

Dónde se puede ver la película en streaming



Un padre atrapado en un sistema que no le pertenece

Una hija en Tokio sigue a Jay, un francés que vive en Tokio y trabaja como conductor privado mientras intenta recuperar el contacto con su hija, a la que no ve desde hace años. Tras su divorcio, la legislación japonesa le ha impedido cualquier tipo de relación con ella, una situación que, lejos de resolverse, ha terminado por definir su vida.

Sin necesidad de grandes explicaciones, Una hija en Tokio introduce poco a poco este contexto legal, dejando que el espectador entienda la gravedad del problema a través de las vivencias de su protagonista. Lo que podría haberse convertido en un drama judicial se transforma aquí en una experiencia profundamente cotidiana: la de alguien que sigue adelante, pero sin poder cerrar una herida.

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La identidad en tierra ajena

Más allá del conflicto familiar, Una hija en Tokio también plantea una reflexión sobre la identidad y el desarraigo. Jay no solo está separado de su hija, sino también de un lugar al que nunca termina de pertenecer del todo.

Su vida se desarrolla en una especie de tránsito constante: el coche en el que trabaja funciona casi como un refugio, un espacio intermedio entre el movimiento y el aislamiento. Una hija en Tokio evita cualquier mirada exótica sobre Tokio y apuesta por una representación más sobria, donde la ciudad se convierte en un entorno distante, casi indiferente al dolor del protagonista.

En este sentido, la experiencia migrante se presenta desde una perspectiva poco habitual: no es la del que llega con esperanza, sino la del que permanece atrapado en un sistema que no está diseñado para él.

Mei Cirne-Masuki

Un relato contenido que evita el sentimentalismo

Uno de los mayores aciertos de Una hija en Tokio es su tono contenido. Lejos de buscar el impacto emocional fácil, el director opta por una narrativa pausada que deja espacio al silencio y a la observación.

La interpretación de Romain Duris resulta clave en este equilibrio. Su personaje apenas expresa de forma directa lo que siente, pero transmite constantemente una mezcla de resignación, frustración y afecto contenido. Son especialmente significativas las escenas en las que se encuentra con su hija sin poder revelarse como su padre, donde la emoción surge precisamente de aquello que no se puede decir.

Una hija en Tokio encuentra así su fuerza en los pequeños gestos y en la acumulación de momentos, más que en grandes giros narrativos.

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La imposibilidad como punto de partida

Una hija en Tokio no plantea soluciones ni busca cerrar su conflicto de forma convencional. Al contrario, asume desde el principio que hay situaciones que no pueden resolverse, al menos en el presente.

Sin embargo, en medio de esa imposibilidad, la película deja espacio para pequeños instantes de conexión que, aunque breves, resultan profundamente significativos. No se trata de un relato esperanzador en un sentido clásico, sino de una historia que encuentra sentido en la persistencia, en el hecho de seguir intentando, incluso cuando todo parece estar en contra.

Romain Duris

Conclusión de 'Una hija en Tokio'

En definitiva, Una hija en Tokio es una película que encuentra su fuerza en la ausencia y en todo aquello que no puede resolverse. Lejos de ofrecer respuestas fáciles, apuesta por una mirada contenida que deja espacio a lo no dicho.

Más que un relato sobre la pérdida, es una historia sobre la persistencia: sobre seguir estando, incluso cuando todo parece jugar en contra. Y es ahí, en esa resistencia silenciosa, donde la película termina encontrando su sentido.

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