Vida perra es una comedia dirigida por Serapi Soler ambientada en un parque para perros que se convierte en el punto de encuentro para un variopinto grupo de vecinos, de diferentes edades y circunstancias personales, en el que conoceremos, de manera satírica, los problemas y obstáculos que enfrentan en la actualidad. Un microcosmos en el que los perros también tendrán algo que decir. Vida perra compuesta por episodios de 20–25 minutos estructurados en varios sketches, sigue a un variopinto grupo de personajes cuya única conexión —al menos en teoría— son sus perros. Se puede ver desde el 27 de marzo de 2026 en Prime Video.
Crítica de 'Vida perra'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Vida perra
Título original: Vida perra
Reparto:
Carlos Areces (Arturo)
Elvira Mínguez (Herminia)
Berta Castañé (Lou)
Óscar Lasarte (Rafa)
Fernando Tejero (Guillermo)
Jordi Sánchez (Manuel)
Ana Morgade (Claudia)
Clàudia Melo (Marga)
Año: 2026
Duración: 25 min.
País: España
Director: Serapi Soler
Guion: Rafael Barceló, Enric Pardo
Fotografía: Ernesto Reguera
Música:
Género: Comedia
Distribuidor: Prime Video
Tráiler de 'Vida perra'
Sinopsis
Un parque canino de Madrid se convierte en punto de encuentro para un grupo diverso de vecinos de distintas edades, inquietudes y perspectivas, con trabajos, familias y pasados dispares, unidos por su amor a los perros. (Prime Video)
Ladridos sin ocurrencias
Vida perra parte de una idea que, sin ser revolucionaria, tiene su gracia. n parque canino en Madrid como punto de encuentro de personajes distintos, unidos por algo tan cotidiano como sacar al perro, Hay potencial ahí para el humor costumbrista, para pequeñas historias cruzadas, incluso para algo de mala leche, pero la serie opta por el camino más perezoso, el del sketch rápido, la ocurrencia fácil y la repetición constante.
Cada episodio parece una suma de situaciones que empiezan y acaban sin dejar rastro, no hay evolución, no hay construcción de personajes, no hay nada que te invite a volver más allá de la inercia, todo es inmediato y olvidable.
Humor sin ritmo
Serapi Soler dirige como si todo valiera, y en comedia eso es peligroso. No hay ritmo, y en un formato de sketches el ritmo lo es todo, los gags se alargan más de lo necesario o se cortan antes de tiempo, no hay precisión, no hay esa sensación de timing que hace que un chiste funcione o se estrelle.
Además, la puesta en escena es plana, funcional, televisiva en el peor sentido, no hay intención de crear un estilo propio, ni siquiera de diferenciar situaciones, todo se ve igual, todo suena igual. Da la impresión de que Vida perra está hecha con prisa, como si alguien hubiera dicho "esto es suficiente", y no, no lo es.
Atrapados en personajes
El reparto hace lo que puede, pero lo tiene complicado. Los personajes están escritos con trazo grueso, casi caricaturesco, y no evolucionan ni un milímetro, no hay matices, no hay sorpresas, no hay nada que rompa esa monotonía, eso acaba pasando factura. Se nota que algunos miembros del reparto intentan aportar algo más, pequeños gestos, algún cambio de tono, pero el guion no les deja, están encerrados en un esquema demasiado rígido, demasiado básico.
Un parque sin vida
El parque, que debería ser un espacio vivo, lleno de posibilidades, acaba resultando repetitivo, siempre los mismos encuadres, los mismos rincones, la misma sensación de estar viendo un decorado más que un lugar real.
El montaje tampoco ayuda, los sketches no fluyen, no hay transición natural entre ellos, todo parece pegado sin demasiado cuidado. Incluso el sonido, algo clave en una serie con tantos diálogos rápidos, resulta plano, sin personalidad, no hay energía, no hay dinamismo. Es una serie que visualmente no molesta pero tampoco aporta nada.
Conclusión de 'Vida perra'
Vida perra es una de esas comedias que parecen diseñadas para llenar hueco. Tiene una idea simpática, un contexto reconocible y un reparto que podría haber funcionado mejor con otro material, pero se queda en nada. Al final, lo que debería ser un rato ligero, incluso entrañable, se convierte en una sucesión de sketches que pasan sin dejar huella, ni una carcajada, ni una escena memorable, ni un personaje que te apetezca volver a ver.
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