Yunan es una conmovedora película que explora la compleja relación entre la soledad, la conexión humana y la búsqueda de sentido en un mundo que parece haber olvidado la importancia de la empatía. Dirigida por Ameer Fakher Eldin, Yunan sigue a Munir, un escritor de Oriente Medio que se refugia en una isla remota de Alemania con la intención de acabar con su vida, pero que encuentra en la hospitalidad de Valeska, interpretada por Hanna Schygulla, y su hijo Karl, un nuevo propósito para vivir. Estreno el 30 de enero de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Yunan'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Yunan
Título original: Yunan
Reparto:
Georges Khabbaz
Hanna Schygulla
Ali Suliman (Shepherd)
Sibel Kekilli
Tom Wlaschiha
Sophie Strupix (Mujer en el tren)
Laura Sophia Landauer (Sarah)
Año: 2025
Duración: 124 min.
País: Alemania
Director: Ameer Fakher Eldin
Guion: Ameer Fakher Eldin
Fotografía: Ronald Plante
Música: Suad Lakišic Bushnaq
Género: Drama
Distribuidor: Reverso Films
Tráiler de 'Yunan'
Sinopsis
Un escritor árabe exiliado vive en Hamburgo y, sumido en la desesperación y el deseo de terminar con su vida, viaja a una remota isla del mar del Norte. Allí, el encuentro con una mujer mayor y su hijo desencadena un proceso de introspección y recuperación de su voluntad de vivir. (Reverso Films)
Dónde se puede ver la película en streaming
Actos mínimos
Yunan se construye desde la fragilidad, Munir no huye del mundo, huye de sí mismo. La película evita cualquier subrayado dramático y apuesta por una narración mínima, casi ascética, donde el conflicto no es externo sino íntimo, silencioso, profundamente cansado.
Yunan aborda temas como el exilio, la depresión, la identidad y el deseo de morir sin convertirlos en consignas. Todo es sutil, sugerido, incluso el propio proceso de sanación de Munir, que no se formula como arco narrativo claro, sino como una lenta erosión del dolor, esa contención es, al mismo tiempo, su mayor virtud y su principal límite.
La fe en el silencio
Ameer Fakher Eldin dirige Yunan con una confianza absoluta en el silencio y en la observación. La cámara es paciente, respetuosa, casi humilde, no invade a los personajes, los acompaña, el ritmo es pausado, deliberadamente lento, y exige del espectador una disposición concreta, mirar, escuchar, aceptar la quietud.
Sin embargo, esta apuesta tan radical por la contención hace que en algunos tramos la película roce el estatismo. Hay momentos en los que el discurso parece estancarse, como si la película confiara demasiado en su atmósfera y demasiado poco en su evolución interna. No es un fallo grave, pero sí una barrera para que Yunan alcance una mayor intensidad emocional.
Presencias que pesan
Georges Khabbaz ofrece una interpretación contenida y honesta como Munir. Su rostro cargado de cansancio, su mirada ausente, su cuerpo ligeramente encorvado transmiten más que cualquier monólogo. No interpreta la desesperación como un estallido, sino como una erosión lenta, una fatiga existencial.
Hanna Schygulla, en el papel de Valeska, aporta una presencia magnética. Su personaje es enigmático, casi fantasmagórico, y Schygulla lo encarna con una mezcla de dureza y ternura que enriquece cada escena. Su sola presencia conecta la película con una tradición del cine europeo que cree en los personajes antes que en las tramas.
Paisaje como estado mental
La fotografía es uno de los grandes aciertos de Yunan. Los paisajes del mar del Norte, grises, ventosos, abiertos y solitarios, reflejan con precisión el estado interior del protagonista, no son simples escenarios, sino extensiones emocionales. El sonido, el viento, el mar, los pasos, tiene un peso narrativo notable, mientras que la música es mínima, casi inexistente, respetando la desnudez emocional del relato. El montaje es pausado, a veces demasiado, pero coherente con la propuesta contemplativa del filme.
Conclusión de 'Yunan'
Yunan es una película valiosa, honesta y profundamente humana, aunque también limitada en su alcance. Su mirada sobre la depresión y el deseo de desaparecer es respetuosa, nunca morbosa, y encuentra belleza en lo cotidiano, en lo mínimo, en la posibilidad de seguir adelante sin grandes promesas.
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