7 años (2016), o como a mí me gusta llamarla 4 en raya, es un excelente drama psicológico dirigido por Roger Gual. Primera producción nacional de Netflix que a pesar de sus muchos inconvenientes para haberse visto lastrada (eminentemente teatral, espacio único, 5 actores, bajo presupuesto y todo lo que le quieran añadir) se convierte en un tour de force magistral de todos sus componentes incluido el que diseñó el garaje, loft o como les apetezca definirlo.

Unanimidad en crítica y público (abonados a Netflix) en cuanto a la calidad de la cinta en todas sus facetas como en tachar al final de previsible, cosa de la cual discrepo totalmente. No me cabe duda de que de haber sido estrenada en salas comerciales en el 2016 hubiera acaparado una gran cantidad de nominaciones a los Goya (Juana Acosta, Manuel Morón, guion, dirección o música), pero la película de la que hablamos es 7 años  y no la “portentosa” Roma (2018) y la impresionante montaña de marketing que lleva a cuestas, estrenada en 3 cines para optar a los Óscar y elevando a los altares a Alfonso Cuarón para paliar el denigrante muro de la vergüenza del amigo Trump.



Crítica de 7 años

7 años

Ficha técnica

Título: 7 años
Título original: 7 años

Reparto:
Juana Acosta (Vero)
Alex Brendemühl (Marcel)
Paco León (Luis)
Manuel Morón (José Veiga)
Juan Pablo Raba (Carlos)

Año: 2016
Duración:
 77 minutos
País: España
Director: Roger Gual
Guion: José Cabeza, Julia Fontana
Fotografía: Arnau Valls Colomer
Música: Federico Jusid
Género: Drama psicológico

Distribuidora: Netflix

Filmaffinity

IMBD

Tráiler

Sinopsis

Cuatro socios, fundadores de una importante y exitosa empresa de aplicaciones tecnológicas, han sido pillados por Hacienda desviando fondos a un paraíso fiscal (¿les suena de algo?).

Uno de ellos tendrá que asumir la totalidad de la culpa y pasarse 7 años en la cárcel para exculpar a los otros tres socios. Debido a la delicada elección y mientras su abogada dispara flechas por el móvil agotando sus últimos recursos, deciden contratar a un mediador para que les ayude a decidir quién de los cuatro debe asumir las vacaciones pagadas.



Los defraudadores

Vero (Juana Acosta), la contable del grupo, Marcel (Alex Brendemühl), la cabeza visible de la empresa, Carlos (Juan Pablo Raba), el comercial y Luis (Paco León), el genio tecnológico. El escenario, un garaje especie de loft industrial y una mesa. El mediador (Manuel Morón), moderador moderado e independiente, que no relator.

Los cuatro socios, cada uno de su padre y de su madre, como el resto del personal. Se deja entrever que amigos de la infancia y todos niños bien, salvo quizás Luis, el más vulnerable. Y el mediador, al que le hacen una oferta irrechazable, sin interés en ninguna de las partes, de clase inferior al resto de sus interlocutores y vestido por las Hermanas de la Cruz.

7 años

El coloquio de los perros

Lo que parece que va ser una velada ardua pero tolerante; no son solo socios son amigos y algunos algo más, son ricos, son guapos y hasta inteligentes, se convierte en una inexorable Caja de Pandora que intentaremos (solo un poco) descifrar. Ninguno quiere ir a la cárcel, normal, pero o paga uno o pagan todos, no hay otra solución viable.

Todos tienen motivos laborales para no querer ir por el bien de la empresa, Vero (aún apartada un poco del negocio) sigue siendo la que maneja los números, Marcel es el alma máter de la empresa, Carlos es el que lleva a la clientela a los bares de luces rojas y Luis, el genio venido a menos. El único realmente imprescindible es Marcel y todos los saben (aunque sea un excelente manipulador y otros menesteres que ya averiguarán).

Del tema laboral se pasará a que para una mujer es más fácil el trago de la cárcel que para un hombre porque son menos duras, qué defensa de la impagable Vero. Y de ahí al tema personal ya que Marcel tiene mujer e hija (el asqueroso) y Carlitos un pobre padre con alzheimer (el impresentable), Vero y Luis quedan en stand-by.

7 años

Excelentemente excelente el moderador con el ejemplo de la naranja o el de la pistola donde se cuestiona y se adivina de paso que el único que tendría cargo de conciencia ante la entrada en la cárcel de un amigo sería el bueno de Luis.

Todo se desmadra, de lo profesional se pasa a lo personal como la vida misma, de lo personal a lo muy personal y de lo muy personal al dinero que para bien o para mal es mucho el que hay encima de la mesa. Y lo demás lo tendrán que averiguar ustedes queridos navegantes, haré un pequeño spoiler solo como respuesta a tantas opiniones de final previsible, pero ¿previsible de qué, por favor?

El reparto

Vamos a ver como me expreso sin pasarme, Juana Acosta (Vero), papelazo de Goya para arriba, esa perfecta desconocida del grupo o no tanto para alguno, esa huida al hotelito con un amigo (espero la comprendan al visionar la cinta) porque no es sino eso, una huida. Esa escena de estudio donde le explica a los tres tortolitos la situación de las cárceles españolas de mujeres que parece extraída de un documental de DMax, esos silencios a Marcel ante un ataque tan profundo como la maternidad de una mujer, y esa escena final en la mesa y me callo, y aparte y con todo el respeto del mundo, qué bellezón, con gafas y sin ellas, con maquillaje y con la cara lavada, y manejando eso sí, con qué arte, el tablero de ajedrez.

Alex Brendemühl (Marcel), correcto como siempre el catalán, sin despeinarse, no sabía si aún lo estaba viendo en El médico alemán (2013) o me había equivocado de cinta. Es un actor monocromático, no resalta en nada pero todo lo hace bien, manipulador, con más secretos que el corazón de una mujer y demasiado amante de las faldas sobre todo las ajenas. En su haber, es el único que realmente quiere a la empresa por encima del dinero, como demostrará en las últimas escenas.

Juan Pablo Raba (Carlos) y Paco León (Luis, o quizás Luinma), el primero un golfo vividor pero que también ha tragado sus sapos y el segundo que venía de Kiki (2016), a ver quien se merienda este cambio de registro, bueno pues el bueno de la película sin más porque me echo a reír, Paco es mucho Paco.

7 años

Manuel Morón (el mediador), está a la altura de Juana, impresionante en su papel de moderador de un encierro de 7 años, con ejemplos y sin ellos y ojito que me levanto y me voy. Con las cosas claras como el chocolate espeso y sin inmutarse en ninguno de los momentos claves de la cinta, más bien todo lo contrario, le va la marcha aunque no lo parezca. Momento clave cuando Luis le hace cierta pregunta personal sobre su opción, más de uno hubiésemos respondido lo mismo.

Ya era hora de otro tipo de papeles para el gaditano, porque entre maltratador, violador y visitante de masajistas con final feliz como que le viene bien el cambio.

El que manda

Roger Gual (el director), barcelonés que ganó todo lo que tenía que ganar con Smoking Room (2002) y que con esta cinta en la que colaboró en su excelente guion demuestra una maestría innata para la dirección de actores.

Es difícil mantener la atención de un espectador hoy en día con una película que se desarrolla en una habitación durante todo su metraje y con solo cinco actores, pero lo consigue y de qué manera; primeros planos, largos planos secuencia, coloca la cámara de mil maneras para que nunca nos cansemos de ver el loft y la famosa mesa en un magistral trabajo de la misma. En fin Roger, excelente, para qué hablar más.

Conclusión

7 años,  os la aconsejo imperiosamente aunque parezca más una obra de teatro que una película al uso, son 77 minutos que se pasan en 15 y además gratis para los Netflixnianos, la actuación de los intérpretes es magistral como ya os he dicho, destacando a Juana Acosta y Manuel Morón, el guion excepcional y una música de Federico Jusid parida para la cinta.

Lo de que el final es previsible es un recurso tan vacío como el de cualquier otro final que hubiese tenido, si es que realmente se han enterado del final, de ahí el spoiler.

Pase lo que pase y termine como termine la película, solo hay una conclusión obvia y es que los 4 ya han pagado su culpa, el precio fijado de 7 años de cárcel lo han pagado durante años viviendo única y exclusivamente para su empresa, todos sin excepción, trabajando 100 horas a la semana y creando un monstruo que terminó por consumirlos.

Sí, son ricos, pero ya nada volverá a ser lo mismo tras esta noche de los cristales rotos que evidentemente ha dinamitado a la empresa y a todo por lo que ellos habían luchado. La escena final lo dice todo sin decir nada, silencio absoluto para una noche sin mordazas en la boca que por desgracia ya no tendrá marcha atrás.

Enhorabuena y bienvenidos al espectáculo

Spoiler

Spoiler

Una llamada final de la abogada diciendo que había podido sobornar al Inspector de Hacienda por 4 euros y todo solucionado pero tarde…..la sangría ya está hecha. ¿De verdad todos sabíamos el final o es porque ha sido un presunto final feliz? Por cierto, ¿nadie se ha preguntado si en la escena final del mediador fumando en el taxi, mediador e Inspector de Hacienda sobornado no son la misma persona? Ahí os lo dejo amigos

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