El año que dejamos de jugar de la oscarizada Caroline Link, galardonada con la estatuilla en 2001 por Nowhere in Africa, es una adaptación literaria, y libre -como viene siendo habitual en su carrera-, de la célebre novela semi-biográfica ‘Cuando Hitler robó el conejo rosa’ (1971) de Judith Kerr. Estreno en salas de cine españolas el 13 de noviembre de 2020.



El año que dejamos de jugar

Crítica de ‘El año que dejamos de jugar’

Ficha Técnica

Título: El año que dejamos de jugar
Título original: Als Hitler das rosa Kaninchen stahl

Reparto:
Riva Krymalowski (Anna Kemper)
Oliver Masucci (Arthur Kemper)
Carla Juri (Dorothea Kemper)
Justus von Dohnanyi (Onkel Julius)
Marinus Hohmann (Max Kemper)
Ursula Werner (Heimpi)
Rahel Hubacher (Mutter Zwirn)
Peter Bantli (Vater Zwirn)
Hannah Kampichler (Vreneli Zwirn)
Anne Bennent (Madame Prune)
Luisa-Céline Gaffron (Grete Hader)

Año: 2019
Duración: 119 min.
País: Alemania
Director: Caroline Link
Guion: Anna Brüggemann, Caroline Link (Novela: Judith Kerr)
Fotografía: Bella Halben
Música: Volker Bertelmann
Género: Drama
Distribuidor: A Contracorriente Films

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Sinopsis

1933. La llegada de Hitler al poder cambia por completo la vida de Anna y su familia. Ella tiene nueve años cuando todo comienza, demasiado ocupada con sus cosas para prestar atención a lo que acontece en Berlín. Pero pronto ella y su familia se verán obligados a abandonar el país y dejar atrás muchas cosas queridas, como su casa, sus amistades, sus juguetes. Ahí también se quedará su infancia. (A Contracorriente Films)



Kerr, la refugiada 

El año que dejamos de jugar nos sitúa a las puertas del nazismo en la Alemania de 1933. Anna, que tan solo tiene nueve años y que no sabe nada de Hitler, comprende poco a poco cómo ese hombre está revolucionando su vida y la de toda Europa. 

El hogar familiar de Berlín se convierte para Anna en una utopía cada vez más inalcanzable. La niña, que dejó su conejo de peluche en casa, se da cuenta de que jamás lo recuperará; su viaje la llevará a Suiza, París y Londres. A partir de ese momento, el peluche dominará sus pensamientos y reflejará la pérdida del hogar en los períodos más difíciles, convirtiéndose en un símbolo.

Muchas personas se encontrarán familiarizados con estas escenas, puesto que la novela infantil de Judith Kerr fue de gran éxito alrededor del mundo. Un libro casi biográfico que no solo era lectura obligatoria en algunas escuelas, sino que también era leído por muchos adultos.

El año que dejamos de jugar
Copyright Frédéric Batier/Sommerhaus/Warner

¿Película navideña?

Una historia subrayada constantemente por una música dramática y conmovedora que crea una atmósfera cómoda; bellas montañas suizas y un precioso París urbano. El año que dejamos de jugar debe consumirse como lo que es. Un producto apropiado para la temporada navideña, pero siendo consciente de que no refleja el contexto histórico que representa, tan brutal y tan feo…

El año que dejamos de jugar
Copyright Frédéric Batier/Sommerhaus/Warner

Conclusiones de ‘El año que dejamos de jugar’

El año que dejamos de jugar se recrea en las consecuencias vitales que sobrevienen a una familia tras el abandono de su hogar, centrándose, especialmente, en la visión de la niña. A estas alturas no cabe duda: la producción cinematográfica de Caroline Link retrata grandes tragedias y dramas desde la perspectiva infantil e inocente de un niño, sin regalar sentimentalismo gratuito. 

Cuando Caroline leyó la novela en su infancia, quedó sorprendida por la ligereza de la historia: “La expulsión y el escape de la Alemania nazi se cuentan en un tono optimista, casi despreocupado”. Un libro -y ahora una película- sobre el nacionalsocialismo, el antisemitismo y el exilio forzado bajo un aura de ingenuo optimismo, ¿es eso siquiera posible?

Reportaje de El año que dejamos de jugar en Días de Cine TVE

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