Fernando Manso dirige y escribe Asalto a la sede, obra de teatro que habla sobre la realidad política española. La pieza teatral se define a sí misma como “una comedia desastrosamente divertida”. Protagonizada por Ángel Luis Leceta, Ana Cano, Cristian Aguilar y Óscar Arroyo. Puedes disfrutar de ella desde el 10 de diciembre en el Teatro La Latina.



Asalto a la sede

Crítica de ‘Asalto a la sede’

Ficha Técnica

Título: Asalto a la sede
Título original: Asalto a la sede

Reparto:
Ángel Luis Leceta (Presidente)
Ana Cano (Mari)
Cristian Aguilar (Ministro de Asuntos Telefónicas)
Óscar Arroyo (Federico/Locutor)

Duración: 75 min. apróx.
Dirección: Fernando Manso
Dramaturgia: Fernando Manso
Escenografía: Fernando Manso & Raúl Stanciu
Diseño de iluminación: Ricardo Andrés
Diseño de vestuario: Agnieszka Holc – La casa de Inés
Género: Comedia
Producción: Fernando Manso

Tráiler de ‘Asalto a la sede’

Sinopsis de ‘Asalto a la sede’

Una llamada de teléfono y una terrible noticia agita la tranquilidad en casa del Presidente del Gobierno. Debido al calvario que provoca, su mujer se ve obligada a preguntarle y descubre que hubiera sido mejor no hacerlo. La extrema situación hace que tengan que realizar una visita inesperada a la persona que creen que puede ayudarles, el Ministro. Debido al problema y al poco tiempo que tienen para resolver la situación solo se les ocurre un plan ¡ASALTAR LA SEDE! Una disparatada comedia basada en hechos ¿reales?. (FERNANDO MANSO).



Asalto a la sede
Foto de Fernando Manso

La analogía española

Fernando Manso es el encargado de dar vida a Asalto a la sede, una disparatada pieza teatral en el que se hace una crítica sobre el sistema político. Es una historia que no busca una pretensión o realizar un análisis profundo de lo que ocurre en los despachos de los dirigentes, sino que lo aborda desde la comedia absurda. Lo fascinante de la dramaturgia es comprobar cómo esa irreverencia casa a la perfección con los sucesos que se presentan sobre el escenario y no está tan lejos de la realidad. Hace un uso exquisito de las referencias de la cultura popular sociopolítica actual y termina por seducir al espectador por ese carácter tan irrisorio como brillante. En todo momento se controla la esencia primigenia de la obra, aunque no es un teatro para todos los públicos.

Los personajes que intervienen en la obra son una caricatura del poder en España y lo extravagante que puede resultar ser. Crea unas personalidades extremas que tampoco chirrían al espectador. Las relaciones entre los cuatro personajes es el ejemplo perfecto de la idiosincrasia política española. Aunque hay mucho humor dentro de cada uno de ellos, se puede ver como la intención es no dejarlos en arquetipos planos, sino que hay un mensaje implícito en cada uno. Por último, es importante subrayar que se inspire tanto del vodevil. Es una obra que ofrece este tipo de comedia y captura alguna de sus principales características. Es inevitable no sentir cierta reminiscencia de la herencia humorística de los hermanos Marx. Por lo cual, es una historia peculiar y que ha sabido jugar sus cartas para diferenciarse dentro del propio género de la comedia.

Foto de Fernando Manso

La intensidad del absurdo

El reparto de Asalto a la sede esta soberbio y se puede percibir una conexión entre ellos que es necesaria para este tipo de género. Están estupendos y no dudan en ningún momento en entregarse al disparate con una naturalidad y de una forma tan acertada, que el espectador entra en todo momento a la función. Ángel Luis Leceta construye a su Presidente del Gobierno desde un prisma en el que resulta un viejo conocido para el espectador, pero desmarcándose lo suficiente como para potenciar su carácter propio. Leceta utiliza la comicidad dentro de él para llevar una parte importante de la obra sobre sus hombros y salir airoso de ella. Por su lado, Ana Cano es excéntrica, alocada e histriónica, magnífica para interpretar a la Primera Dama, únicamente hubiera sido perfecta si hubiera modulado un poco la intensidad.

Una de las grandes sorpresas de la obra es Cristian Aguilar, el cual da vida al Ministro de Asuntos Telefónicos. Comienza pareciendo ser uno de los personajes circunstanciales de la obra, pero después se convierte en uno de sus máximos protagonista. El actor realiza una labor actoral impecable, en el que se desprende esa irracionalidad, pero de una forma tan orgánica. Utiliza el humor físico a la perfección, provocando en todo momento las carcajadas en el espectador. Acaba llevándose la obra y produce una sinergia con lo que ocurre en el escenario, que se disfruta muchísimo de su trabajo. Por último, pero no menos importante, Óscar Arroyo se erige como la guinda del pastel y da esos toques necesarios para terminar de redondear el trabajo interpretativo de la obra. Desde su primera secuencia, regala ese humor grotesco, energético y necesario para este título.

Asalto a la sede
Foto de Fernando Manso

Bienvenidos al Partido

El montaje de Asalto a la sede bebe de una puesta en escena con cierta metáfora creativa justificada. Juega con dos espacios marcados por la interpretación y no por la visión física que tiene el espectador desde las butacas. Se mueve entre despachos y salones, donde los fueras de escena toman también importancia. Saben manejar las transiciones, por lo que en ningún momento se corta la acción de manera abrupta. La banda sonora, sin dejar de lado los números musicales, evoca a un clima desternillante. Sin duda, en esta obra de teatro, la música cobra una importancia que está más que justificada. Únicamente en algunos momentos puede percibirse cierta saturación de tanto histrionismo, por lo que la modulación de la intensidad en algunos puntos hubiera ayudado a dar un resultado extraordinario, ya que a veces menos es más.

Sin embargo, pese a ello, no se puede negar que su carácter ilógico suple estas fallas y sigue dando unos frutos notables. La elección de vestuario es acorde a la justificación espacio-temporal que se da, pero también aporta a la intención de hacer una crítica real. Es lo que hace que esta pieza cobre más sentido dentro de la irracionalidad y el humor disparatado. Siempre hay algo de lógica dentro de lo descabellado. La elección de la iluminación es fantástica, además, de los efectos del escenario como la humareda en algún momento puntual, le dan dinamismo y hacen que el espectador mantenga la concentración y no desconecte. Por último, no se menciona ningún partido político, pero sí se puede intuir fácilmente de quién hablan, aun así, al no dar nombres, le da un carácter global que se podría atribuir a cualquier sistema corrupto.

Foto de Fernando Manso

Conclusión

Asalto a la sede es una comedia descabellada e irreverente que triunfa sobre el escenario. Un guion que bebe del vodevil y de la comedia disparatada, que hace recordar a clásicos del humor como los hermanos Marx. Además, no abandona la crítica al sistema político corrupto y lo hace desde un prisma histriónico. El elenco actoral está excelente, en especial Ángel Luis Leceta y Cristian Aguilar, que se comen la obra. Una puesta en escena efectiva y perfecta para colocar todos los elementos en su sitio. Solamente se podría haber medido la intensidad en varios momentos, para no extralimitarse de lo irrisorio. Un atraco al público en el que acaban regalándoles una sucesión de carcajadas, demostrando que la comedia de lo absurdo y el humor físico es algo atemporal, que bien realizado, triunfa.

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1 COMENTARIO

  1. Acabp de verla y es el bodrio más grande que he visto en mi vida. La gente se levantaba en medio de la función y se iban. El texto cutre, oportunista, estúpido, pasado de moda…. y los actores para echarse a llorar. No se puede timar así al público.

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