Sergey Dvortsevoy dirige y coescribe, junto a Gennadiy Ostrovskiy, Ayka, una película rusa-kazakstán sobre una joven inmigrante en Moscú. El film estuvo en competición para alzarse con la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Pese a no llevarse el Gran Premio, obtuvo el reconocimiento a la mejor actriz, para Samal Yeslyamova, en la sección oficial. También estuvo en la carrera camino a los Premios Óscar para representar a Kazajistán en los afamados galardones, aunque finalmente no fue nominada. Llega a España el próximo 10 de julio en Filmin.



Ayka

Crítica de ‘Ayka’

Ficha Técnica

Título: Ayka
Título original: My Little One (Ayka)

Reparto:
Samal Yeslyamova (Ayka)
Zhipara Abdilaeva (Chinara)
Sergey Mazur (Veterinario)
David Alaverdyan (Casero)
Andrey Kolyadov (Mujer en el primer metro)

Año: 2018
Duración: 100 min
País: Kazajistán
Dirección: Sergei Dvortsevoy
Guion: Sergei Dvortsevoy y Gennadi Ostrovsky
Fotografía: Jolanta Dylewska
Género: Drama
Distribución: Paco Poch Cinema

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Ayka’

Sinopsis de ‘Ayka’

Ayka acaba de dar a luz. No puede permitirse el lujo de criar un hijo. Vive en Moscú en situación ilegal, no tiene trabajo y debe pagar demasiadas deudas. No tiene ni siquiera un lugar donde dormir. ¿Podrá reprimir sus instintos naturales? (PACO POCH CINEMA).



Ayka
Foto de Paco Poch Cinema

La crudeza de Ayka

Entrar en el mundo de Sergei Dvortsevoy con Ayka es un punto de inflexión desde la primera secuencia. El guion parte de lo traumático que supone la huida ante una realidad tan dura, en la que no hay más intención que la de sobrevivir. A partir de entonces, el espectador se convierte en el acompañante de Ayka y de la vida que se esconde tras ella. Lejos de querer buscar un dramatismo lacrimógeno, Dovertsevoy y Gennadi Ostrovsky exploran la existencia desde un prisma más contemplativo, donde la tragedia se hace camino sola y muestra las dificultades que arrastra el encontrarse en una situación precaria y cerca de la desesperación personal. A través de los distintos episodios que marcan los días de la protagonista, tras el abandono prematuro de su hijo, se teje una telaraña emocional en el que la salida parece inexistente, dejando un relato desgarrador. 

En ese sentido, la historia puede no conectar con todo tipo de públicos, dado que se cuece a fuego lento y delicadamente. Es más, se aleja de tensión y de una acción vigorosa, lo que puede gustar a otra gran parte de los espectadores. Por esta razón, se plantea una historia de supervivencia desde una perspectiva cotidiana. A la par, desentraña ese mundo interior complejo, ese punto de vista incómodo en el que debe sacrificar y tomar decisiones que son realmente extremas. A causa de ello, el libreto no intenta impactar en el espectador fortuitamente y con una búsqueda forzada de la reflexión. Por tanto, la introspección llega gradualmente y se desarrolla al mismo tiempo que la protagonista descubre esas dificultades en un mundo rodeado por las injusticias de una verdad difícil. Gracias a ello, se percibe una gran sensibilidad narrativa.

Foto de Paco Poch Cinema

Sin adornos

Lo que convierte a Ayka en una película llena de realismo y sinceridad es la función de su actriz protagonista, Samal Yeslyamova, que desnuda su alma. Expone a su personaje profundamente y sin buscar adornos que puedan apartarla de esa crudeza. Yeslyamova, desde la primera escena, invade la pantalla con una tristeza tan personal, que puede captarse de forma expresiva. Además, nunca aprovecha cómo está concebido su personaje para llevarlo al extremo, sino que maneja perfectamente la energía en cada secuencia. De esta manera, trata a su personaje con un respeto y una fuerza paulatina que encuentra su clímax en una última secuencia llena de sentimientos. En consecuencia, el espectador empatizar hasta el final y deja un poso que lleva al pensar y a la reflexión más profunda.

Por otro lado, el resto de actores parten desde una visión sin una definición marca, para convertirse en las circunstancias que envuelven a su actriz principal. Aun así, dan unas interpretaciones que nacen de una cotidianidad brutal, siendo un gran número el de intérpretes los que forman un equipo muy humano. Por dicha razón, se hace complicado establecer cuál brilla más que el anterior, porque todos realizan una función imprescindible que cumplen con creces a nivel actoral. Sus historias paralelas dan luz a diversos pormenores que inundan el espacio visual para remarcar que, lo que se está contando, no es un hecho aislado, sino un estilo de vivir por las consecuencias que trae el bagaje vital de cada persona. Un homenaje en toda regla a todas aquellas víctimas de una situación excluyente y la necesidad de subsistir en un mundo donde no todos tienen las mismas opciones.

Foto de Paco Poch Cinema

El plano de la protagonista

La estructura de Ayka se produce con una cadena de planos secuencias que siguen en todo momento a la protagonista. Por ende, consiguen dar esa sensación de cercanía y ser parte de la puesta en escena. Así, la dirección de fotografía ha apostado por un formato de cámara en mano, sin preocuparse de la posición o el movimiento, al contrario, da rienda suelta a que se adapte a lo que sucede en pantalla. Luego, ese efecto irregular evoca perfectamente a esa sensación de desprotección y de una vida inconclusa, llena de desequilibrios. Por lo cual, sabe darle ese punto visual que hace que el resultado tenga ese ritmo bien conservado, sin buscar exagerar las situaciones extraídas del guión. Un efecto que toca de cerca la dureza que se recrea en todo momento.

Después, la dirección artística se ha movido entre unos colores fríos y oscuros, dando una sensación de distancia, de conflicto y de soledad. Junto a esa mezcla de colores, también se han mostrado las calles de Moscú desde una helada no sólo física y ambiental, sino también esa realidad espinosa y nada acogedora. Sumado a ello, se ve un cuidado por el detalle muy importante, en el que se hace alusión a los apegos que se desarrollan, o la falta de ellos. Por lo cual, se comprueba que la protagonista se encuentra huérfana de sentimiento, dado que no está unida absolutamente a nada. No obstante, el modo de resolver ese conflicto personal se hace desde un procedimiento sutil y sin necesidad de ser muy concreto. Debido a ello, se da rienda suelta a la poesía visual de un final abierto que no necesita ser explicado.

Ayka
Foto de Paco Poch Cinema

Conclusión

Ayka es una historia difícil, que se aleja de dramas lacrimógenos para dar mayor verosimilitud a su relato. Además, su camino vital es la puerta a mostrar realidades que son duras y complejas. Unido a ello, Samal Yeslyamova está soberbia, con un talento increíble. Es capaz de desgarrarse ante la pantalla con una expresividad alejada de adornos innecesarios. Después, la artesanía de la imagen expone un escenario lleno de vacíos y frialdad, que se equilibra con un manejo del detalle y una posición que convierte al espectador en parte de la escena. La supervivencia emocional cruda ante una herida propiciada por una vida lejos del estándar social.

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