Ayla: La hija de la guerra está basada en una historia real. Su interés radica en mostrar que, en algunos casos, el paso del tiempo puede mantener imborrable un recuerdo cuando este está sostenido en un sólido sentimiento y en una promesa pendiente de cumplir. No es precisamente un filme bélico, aunque esté ambientado en la guerra de Corea de 1951. Explora más la parte dramática, en donde sobresale toda la ternura que una inocente niña puede generar. Estreno el 19 de Julio.



Ayla

Crítica de ‘Ayla, la hija de la guerra’

Ficha Técnica

Título: Ayla, la hija de la guerra
Título original: Ayla: The Daughter of War

Reparto:
Çetin Tekindor (Süleyman Dilbirligi mayor)
Ismail Hacioglu (Süleyman Dilbirligi joven)
Kyung-jin Lee (Ayla mayor)
Kim Seol (Ayla joven)
Ali Atay (Ali)
Damla Sönmez (Nuran)
Murat Yildirim (Mesut)
Meral Çetinkaya (Nimet mayor)

Año: 2017
Duración:124 min.
País: Turquía
Director: Can Ulkay
Guion: Yigit Güralp
Fotografía: Jean-Paul Seresin
Música: Fahir Atakoglu
Género: Drama. Histórico
Distribuidor: European Dreams Factory

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de Ayla: La hija de la guerra

Sinopsis

En 1950, en medio de los estragos de la Guerra de Corea, el sargento turco Süleyman se encuentra a una niña medio congelada, sin sus padres y sola. Desnutrida, asustada y al borde de la muerte, la niña atrapa el corazón de Süleyman, que arriesga su propia vida para salvarla. No conociendo su nombre e incapaz de comunicarse con ella, Süleyman la llama Ayla, en recuerdo de la luna en la fatídica noche en la que se encontraron. Los dos formarán un vínculo instantáneo e inseparable. Ayla irrumpirá en la vida de los soldados de la brigada turca como un soplo de alegría, iluminando los oscuros tiempos de la guerra.



La historia

La película de Can Ulkay posee un argumento sencillo y que resulta suficiente para la contextualización del tema central que enfoca la relación afectiva entre el soldado turco Süleyman y una niña coreana que ha quedado huérfana por culpa de la guerra y a quien él llama Ayla.

La narración de la historia contempla elementos que pueden resultar inverosímiles, aunque sus inclusiones podrían entenderse bajo la lógica de graficar el heroísmo y la sensibilidad humana a través de una variante de realismo mágico.

Al ser un filme ambientado en un conflicto bélico, posee imágenes duras y violentas de la guerra y de las fatales consecuencias que esta origina en la vida de las personas. No obstante, la trama principal no gira en torno a estas situaciones, sino que resalta la afectación psicológica que ocasiona la separación de dos seres que, pese a no tener ningún vínculo familiar, se han acostumbrado a estar juntos y a depender el uno del otro en sus objetivos.

Ayla, la hija de la guerra

De este modo, Ayla: La hija de la guerra enfoca cómo el transcurso del tiempo puede conceder resignación, pero no olvido. La esperanza del reencuentro es transversal en todos los actos de la vida de los protagonistas, en donde sirve cualquier tipo de motivo que avive esta ilusión. El buscar un recuerdo en los rostros de la calle, en las noticias de televisión, en transmisiones deportivas, etc. resulta una labor incansable y necesaria.

La película demuestra que hay instantes que pueden suceder en la infancia o juventud de las personas que, con el pasar de los años, no podrán ser convertidas fácilmente en anécdotas o relatos nostálgicos en la etapa del envejecimiento, porque su origen es muy potente y porque prevalecen los compromisos pendientes de cumplimiento.  

Ayla, la hija de la guerra

La imagen

Uno de los atractivos de la película es su impacto visual. De esta manera, la ambientación escenográfica tiene un importante significado para retratar épocas y sentimientos.

Los edificios públicos, las casas, las calles, las plazas, etc., de la década de 1950 en Turquía, lucen nítidos y no tienen deformación estética. Es probable que, en la realidad, no haya sido todo tan uniforme ni resplandeciente.

La estrategia sensorial del filme radicaría, entonces, en adaptar geométricamente a un mundo que existió en la mente y en las sensaciones de quienes estuvieron en esos lugares, cuando todo era felicidad y los sueños eran retos a cumplir.

La espléndida fotografía es otra de las notables características de esta película, sustentada en un destacable uso de la cámara que parece navegar con sus tomas para reflejar en imagen lo que tal vez no se pueda hacerlo en los diálogos. Un ejemplo de esto, es la impactante toma de los inicios, cuando Ayla es ocultada por sus padres ante la llegada de un batallón del ejército enemigo que acabará en masacre.

Çetin Tekindor

Marilyn Monroe

Uno de las curiosidades del filme es la constante referencia que realiza al más grande ícono femenino del cine: Marilyn Monroe, actriz que estuvo en boga precisamente en los inicios de la década de 1950.

Hay un momento de especial interés en la cinta al recrear la presencia de la actriz en los campos de Corea del Sur para cantar y animar a las tropas que combatían en contra de su vecino del norte.

El simbolismo de Monroe es utilizado por Ulkay para reflejar momentos de romanticismo y nostalgia, así como ruptura de etapas. La imagen de la famosa intérprete sirve como decodificador de las señales culturales y sociológicos presentes en la generación occidental de los años 50. Su presencia nutre la ilusión del retorno a casa de los soldados para continuar con sus sueños, aunque también refleja la superficialidad en la mentalidad e intereses de ciertos estamentos sociales.

Ayla, la hija de la guerra

Conclusión

Ayla: La hija de la guerra es un filme que ha roto récords de taquilla en su país de origen Turquía, y la razón principal están en que despierta muchas emociones por la lucha que emprendió un hombre para reencontrarse con quien consideraba su hija, anhelo que permaneció latente incluso pese a la avanzada edad en la que se encontraban ambos personajes.

Reportaje de Ayla: La hija de la guerra en Días de Cine TVE

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí