Desde 2006, Paula Palacios ha dedicado su vida a la producción audiovisual. Uno de los temas que más remueve a la realizadora es la migración. Por lo cual, tras el éxito de sus dos últimos cortometrajes: “La carta de Zahra” y “Promieses Halimo Can’t Keep”, la directora retoma el simbolismo epistolar con Cartas mojadas. Una de las películas sociales más llamativas de este 2020, llevándose el Premio del Público a mejor documental en el Festival de Málaga. Asimismo, estuvo dentro de la Sección de Directoras Españolas del Festival de Cine por Mujeres 2020. Su estreno en cines comerciales fue el 9 de octubre de 2020.



Cartas mojadas

Crítica de ‘Cartas mojadas’

Ficha Técnica

Título: Cartas mojadas
Título original: Cartas mojadas

Año: 2020
Duración: 81 min
País: España
Dirección: Paula Palacios
Guion: Paula Palacios
Música: Mariano Marín
Género: Documental
Distribución: Syldavia Cinema

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Cartas mojadas’

Sinopsis de ‘Cartas mojadas’

Miles de personas han cruzado el Mediterráneo estos años tratando de alcanzar Europa. Cartas mojadas cuenta, a través de una voz misteriosa desde el fondo del mar, la epopeya más trágica de nuestra historia contemporánea. Siguiendo cartas escritas, de madres a hijos, la voz acompaña al barco de la ONG Open Arms, en su misión más dramática, luchando para salvar a 550 personas del naufragio. Olvidándonos de que se trata de una historia real, la situación empeora cuando la película nos lleva a bordo de un barco de guardacostas libios y nos traslada al lugar más peligroso del mundo, en Libia, donde se maltrata y esclaviza a seres humanos. (FESTIVAL DE CINE POR MUJERES 2020).



Cartas mojadas
Foto de Syldavia Cinema

Luchar por sobrevivir

La crisis de los movimientos migratorios alrededor del mundo es una de las causas más urgentes, que está sucediendo en la actualidad. Paula Palacios arroja mayor luz a este conflicto, que tiene un precio humano desgarrador. A través de Cartas mojadas, sube al espectador a las pateras que salen de distintos países en estados de máxima urgencia, que buscan un futuro mejor, exponiendo sus vidas. Gracias a una construcción realista y alejada de ligereza, se convierte en un golpe de realidad. Escenifica con precisión lo que realmente está sucediendo en el mar y las consecuencias de una sociedad que sigue mirando hacia otro lado. En concreto, expone lo que sucede entre Libia e Italia, las problemáticas que se han ido desarrollando desde 2015 y las principales víctimas de un sistema mejorable. Hay partes en las que el espectador debe asimilar ese reflejo visceral directo.

Se convierte en un documental necesario, por llegar a sitios que no son tan fáciles de acceder y por expresar declaraciones que son difíciles de oír. De esta manera, va desgranando el viaje de estas personas, que no tiene un destino fijo. También se ve la situación en los países donde no son aceptados, junto con sus condiciones alarmantes. La sensibilidad y el respeto con los que Palacios afronta la pérdida, la injusticia… se completan con la participación de equipos, como el Open Arms. Igualmente, obtienen la visión de la guarda costera y de las fuerzas libias. Aunque quiere mantenerse en un espíritu más neutral, es imposible que no termine por ceder la balanza hacia la sensibilización de los inmigrantes. Por ende, señala responsabilidades de lo que ocurre. En consecuencia, al notarse la intención, hay poso reflexivo imprescindible, pero no se clava tanto como otros proyectos de una índole parecida.

Paula Palacios
Foto de Syldavia Cinema

Víctimas del desasosiego

A diferencia de otros documentales, Cartas mojadas ha prescindido de declaraciones directas a cámara y de participaciones explícitas en su trabajo. Por lo que, el espectador se une a la expedición como un observador atento. Así se ve la manera de trabajar de aquellas personas que luchan por salvar las vidas de los refugiados, y evitar que sean olvidados por la tumba del agua que supone el océano. En cierta manera, se focaliza, sobre todo, en el equipo de Open Arms. Es posible que haya una parte del público que sienta que hay una representación demasiado presente sobre esta organización. Mientras que otros pueden verlo como un buen vehículo para ser un punto de unión entre el peligro ante una vida imposible y la esperanza y fe en una nueva etapa, tras ser salvados.

También se hace uso de declaraciones de aquellos que buscan una vida mejor. En algunos casos, no se inmutan ante la presencia de la cámara, pero, en otros, levantan la voz, denunciando lo que están viviendo en sus carnes. Prueba de ello, es la parte que se desarrolla en París, donde varios de ellos sin hablar directamente, expresan y dejan constancia de las razones que les llevan a soportar las circunstancias que les rodean y la ayuda que demandan. No obstante, también hay declaraciones, sin mirar a cámara, como las que se produce en Libia. Dejan la piel de gallina por la crudeza con la que se narran los hechos que expresan en sus palabras. Con lo cual, Palacios ha sabido dar su lugar a estas personajes, que, constantemente, lo buscan en el mundo.

Paula Palacios
Foto de Syldavia Cinema

La solución que no llega

En primer lugar, Cartas mojadas se mueve por una narración realmente dura, donde se da voz a los “olvidados”, aquellos que pierden la vida en el mar. Gracias a esta decisión, se deja salir la metáfora de las “cartas mojadas”, término que da nombre al film. A partir de esta visión omnipresente, se direcciona la mirada del espectador, para que no pierda y pueda disgregarse por las diferentes partes que se ven. Aun así, la verdadera baza de la película se halla en la riqueza de las imágenes obtenidas, ya que se palpa el riesgo y el compromiso a la hora de manejar la cámara en ambientes hostiles. Es de valorar que no se haya quedado en un retrato externo, sino que haya ahondado en ir más allá. Ha sabido traer una fotografía social, donde se da mayor importancia a lo que está sucediendo y no tanto la estética.

Como resultado, no se apoya tanto en la propia palabra. La imagen es mucho más imponente. Además, obtiene un realismo impoluto, al escenificar la realidad tal cual se ha recogido. Después, el montaje ha sabido ir hilvanando todas las partes que se van desarrollando. Permite obtener una imagen general de cómo son las distintas perspectivas de la situación, una vez se decide realizar el viaje. Luego, hay algunas secuencias que tienen una dureza, que sobrecoge por el aprendizaje que se extrae de él. Dicho de otra forma, no busca la morbosidad, o el oportunismo emocional, sino que se fortalece por ejercer su trabajo fílmico sobre una base sólida y con una estructura totalmente definida. Por último, el final es golpe hacia el privilegio de poder estar al otro lado de la pantalla y verlo de esa forma externa.

Cartas mojadas
Foto de Syldavia Cinema

Conclusión

Cartas mojadas es un grito de auxilio, que llega gracias a mostrar la historia sin aditivos y dando voz directamente a las personas implicadas. Con este retrato certero, Paula Palacios dibuja un retrato realista y sincero, que impacta emocionalmente para remover y reflexionar. La principal baza que tiene el documental es la riqueza de las imágenes recogidas, que llegan envueltas en un montaje cohesionado y accesible. Únicamente, en ocasiones, se busca la sensibilización, y se nota, algo que resta esa fluidez orgánica que hay en el film. A pesar de ello, sigue siendo una película necesaria. Los movimientos migratorios plantan cara sin adornos, siendo un golpe sobre la mesa imprescindible.

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