La adaptación de Memorias de Adriano agota sus últimas funciones en la capital demostrando sobre el escenario del Teatro La Latina los motivos de su triple candidatura a los Premios Talía. La propuesta, capitaneada por la directora Beatriz Jaén y adaptada de forma brillante por Brenda Escobedo, huye del simple rigor histórico para centrarse en el alma de la novela. El gran reclamo del espectáculo es el trabajo de Lluís Homar, quien asume con maestría el reto de encarnar al emperador. Su interpretación ofrece una semblanza íntima que el público madrileño aún puede presenciar hasta este 21 de junio, mostrando a un líder crepuscular, lúcido y herido por las paradojas del poder.

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Crítica de Memorias de Adriano

Crítica de 'Memorias de Adriano'

Ficha Técnica

Título: Memorias de Adriano
Título original: Mémoires d'Hadrien

Reparto:
Lluís Homar
Álvar Nahuel
Cris Martínez
Xavi Casán
Carlos Piera
Mamadou Diallo

Duración: 100 min. aprox.
Dirección: Beatriz Jaén
Dramaturgia: Brenda Escobedo
Autoría: Marguerite Yourcenar
Traducción: Julio Cortázar
Escenografía: José Novoa
Vestuario: Nídia Tusal
Iluminación: Pedro Yagüe
Música original y espacio sonoro: Tagore González
Videocreación: Pedro Chamizo
Dirección de producción: Maite Pijuan
Producción ejecutiva: Àlvar Rovira
Dirección técnica Focus: Moi Cuenca
Coordinación técnica Focus: Jordi Farràs
Coordinador técnico del espectáculo: Enric Alarcón y Jordi Thomas
Ayudante de dirección: Iban Beltran
Ayudante de videocreación: Alba Trapero
Ayte. de producción: Sira Castells
Regiduría: Aitor Aguado
Equipo técnico de la compañía: Focus
Construcción de la escenografía: Pascualín Estructures
Márketing y comunicación: Teatre Romea
Reportaje fotográfico: David Ruano
Producción: Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatre Romea

Tráiler de 'Memorias de Adriano' 

Sinopsis de 'Memorias de Adriano'

Lluís Homar es Adriano, un mandatario que, según el texto, es tan sabio y magnífico como ciego y contradictorio.
Basado en Mémoires d'Hadrien de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano es un espectáculo teatral que representa, al mismo tiempo, una emocionante película de romanos y el relato íntimo de un hombre que dialoga con su historia, con la Historia.

Un testimonio en primera persona de la vida del emperador romano nacido en Hispania. (TEATRO LA LATINA). 



Crítica de Memorias de Adriano
Crítica de Memorias de Adriano. Foto de David Ruano

El emperador y su debilidad

El texto original de Memorias de Adriano no se remonta tanto en el tiempo como la figura que retrata. Publicada en 1951 por Marguerite Yourcenar, se basa en la figura del famoso emperador para traer una reflexión profunda y densa en torno al poder, el amor prohibido, la avaricia y el dolor. En esta versión de Brenda Escobedo, con traducción de Julio Cortázar, se extrapola la posición del protagonista a los mandatarios actuales que pueden existir en el imaginario de la sociedad. No obstante, no pierde la complejidad de su narrativa ni el cuidado de un lenguaje elevado. De esta forma, mantiene la épica que se puede esperar de una adaptación de esta conocida pieza.

Escrita en formato de monólogo, no es una obra orientada al puro entretenimiento, sino a la búsqueda de la escucha atenta, de la comprensión contemplativa y el preciosismo de las palabras. Por ello, hay quienes conectarán fácilmente con su sensibilidad, mientras que otros pueden llegar a desconectar por el estilo tan concreto y marcado de la pieza. Es innegable que exige una atención completa para poder seguir punto a punto los recuerdos de este personaje. Se echa en falta, eso sí, que se hubieran establecido distintos picos de acción, como sucede con ese homenaje más emotivo a Antínoo, para elaborar un dinamismo que haga más atractivo el texto. La razón no es otra que hay pasajes cuyo desarrollo resulta más pausado. Aun así, se valora la calidad en conjunto del libreto.

Teatro La Latina
Crítica de Memorias de Adriano. Foto de David Ruano

La disonancia del poder

Lluís Homar se convierte en el principal faro de Memorias de Adriano. El actor da vida al emperador, siendo consciente de las fortalezas que se pueden extraer de un proyecto así. Por ello, realiza un trabajo brillante en voz, así como en una expresividad corporal que le otorga movimiento a su personaje. Un maestro de ceremonias a la altura. Junto a él, un maravilloso Álvar Nahuel, que triunfa en su labor danzística. Es un regalo lo que transmite a través del cuerpo y el baile. Por último, Mamadou Diallo, Cris Martínez, Xavi Casán y Carlos Piera completan el reparto, funcionando más como un coro. Por lo tanto, su labor se transfiere más de forma conjunta. Cumplen con su función, pero, dadas las limitaciones de sus personajes, no pueden lucirse más allá de lo que hacen.

El punto que más flaquea es la puesta en escena. La propuesta presenta una desconexión con el texto que no la lleva a buen puerto. En consecuencia, parte de la fuerza del mensaje principal se diluye, al producirse una ruptura estilística en lo artístico y visual. Aun así, no se niega que estéticamente sea interesante, pero no se comprende la razón de haberse decidido hacerlo de dicha manera. El uso del audiovisual es potente en algunas partes, pero, al igual que el conjunto, acaba difuminándose por la acumulación de recursos escénicos. No obstante, se aplaude el diseño sonoro, así como el despliegue técnico, que hace posible ejecutar en directo todo cuanto sucede sobre el escenario gracias a la maestría de su equipo técnico. En resumen, podría haberse planteado desde un lugar que elevase el resultado aún más.

Crítica de Memorias de Adriano
Crítica de Memorias de Adriano. Foto de Jero Morales

Conclusión

Memorias de Adriano toma la figura de su emperador y la transforma en la realeza de la sociedad actual. El texto goza de una calidad narrativa de altos vuelos, siendo un libreto para ser escuchado con atención y contemplación. Lluís Homar brilla, junto a Álvar Nahuel como Antínoo, aunque el resto del reparto queda más condicionado por una función eminentemente coral. La puesta en escena transita por unos derroteros que no conectan con la pieza, destacando el diseño sonoro y la maestría de sus técnicos. Una oda al amor, a la oscuridad, a la avaricia, a la traición… que logra una adaptación notable.

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Diego Da Costa
Subdirector de Cinemagavia. Comunicólogo audiovisual por la UCM y Máster en Comunicación en la Red por la UNED. Miembro de EGEDA (Premios Forqué) e Ingeniero Audiovisual en Ricoh España. Co-creador de la compañía artística La Joie de la Colina. Como diría Elizabeth Taylor: "Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos".
critica-memorias-de-adriano-obra-teatroToma la figura de su emperador y la transforma en la realeza de la sociedad actual. El texto goza de una calidad narrativa de altos vuelos, siendo un libreto para ser escuchado con atención y contemplación. Lluís Homar brilla, junto a Álvar Nahuel como Antínoo, aunque el resto del reparto queda más condicionado por una función eminentemente coral. La puesta en escena transita por unos derroteros que no conectan con la pieza, destacando el diseño sonoro y la maestría de sus técnicos. Una oda al amor, a la oscuridad, a la avaricia, a la traición… que logra una adaptación notable.

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