En el 29 Festival de Málaga, dentro de la Sección Retrospectiva Mariano Cohn y Gastón Duprat (Homo Argentum, Bellas Artes), se programó la película El hombre de al lado. Inspirada en un incidente vecinal que padeció en su vida real Duprat, que le sirvió para desarrollar el guion de esta comedia dramática sobre la intolerancia y la obstinación en las relaciones humanas.

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El hombre de al lado

Crítica de 'El hombre de al lado'

Ficha Técnica

Título: El hombre de al lado
Título original: El hombre de al lado

Reparto:
Rafael Spregelburd (Leonardo)
Daniel Aráoz (Víctor)
Eugenia Alonso (Ana)
Enrique Gagliesi (Inversionista)
Inés Budassi (Lola)
Loren Acuña (Elba)
Eugenio Scopel (Tío Carlos)
Débora Zanolli (Fabiana)
Bárbara Hang (Amiga Cena)
Rubén Guzmán (Arquitecto)

Año: 2009
Duración: 101 min.
País: Argentina
Director: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Guion: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Fotografía: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Música: Sergio Pangaro
Género: Comedia dramática
Distribuidor: A Contracorriente Films

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'El hombre de al lado'

Sinopsis

La película narra un conflicto entre vecinos que parece no tener fin. Una simple pared medianera puede dividir dos mundos, dos maneras de vestir, de comer, de vivir. De un lado Leonardo (Rafael Spregelburd), fino y prestigioso diseñador que vive en una casa realizada por Le Corbusier. Del otro lado Víctor (Daniel Aráoz), vendedor de coches usados, vulgar, rústico y avasallador. Víctor decide hacer una ventana para tener más luz, y ahí empieza el problema: cada uno toma conciencia de la existencia del otro.

Dónde se puede ver la película en streaming



Ciclo retrospectivo de M. Cohn y G. Duprat

El 29 Festival de Málaga entregó la Biznaga de Honor al dúo de guionistas y cineastas argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat, a quienes ha dedicado un ciclo retrospectivo con algunas de sus grandes películas. El hombre de al lado, parte de una premisa aparentemente sencilla —la apertura de una ventana entre dos viviendas— para construir un agudo retrato sobre las tensiones sociales, la convivencia y las fronteras invisibles entre clases. Lo que comienza como un conflicto doméstico pronto se convierte en un enfrentamiento mucho más profundo, donde chocan dos formas opuestas de entender el mundo.

Un gran guion de Andrés Duprat desarrolla con acertados y precisos diálogos la disputa continua entre dos vecinos de un barrio residencial de una gran ciudad argentina, surgida tras un incidente inicial. Víctor (Daniel Aráoz), es un vendedor de coches de segunda mano, teniendo una personalidad primaria, comportándose de manera vulgar y agresivo verbalmente. Quiere hacer una ventana en una pared exterior de su casa para tener más luz y vistas. Frente a su piso vive Leonardo (Rafael Spregelburd), refinado y prestigioso diseñador que vive muy orgulloso en una casa proyectada por el famoso arquitecto europeo Le Corbusier.

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Dos mundos antagónicos en sus maneras de vivir, con personalidades muy diferentes por sus caracteres extremos, opuestas formas de pensar, hablar y actuar. La esteticista dirección de Arte de Lola Llaneza ambienta bien la escenografía de los dos domicilios, uno de ellos es el edificio real que hace muchos años construyó Le Corbusier, bien fotografiados por Mariano Cohn y Gastón Duprat, Premio 2010 a Mejor Fotografía en el Festival de Sundance.

Daniel Aráoz

Radiografía del alma humana   

La puesta en escena aprovecha con inteligencia el espacio arquitectónico, convirtiendo la casa —moderna, abierta, casi exhibicionista— en un reflejo del protagonista, un diseñador acomodado que defiende su intimidad como un valor incuestionable. Frente a él, el vecino encarna lo imprevisible, lo invasivo, pero también una humanidad más directa y menos filtrada. Esa oposición no solo es narrativa, sino también visual: líneas limpias frente a caos, orden frente a irrupción.

En el plano interpretativo, el trabajo de los actores es clave para sostener ese equilibrio entre lo incómodo y lo reconocible. Las actuaciones se mueven en un registro naturalista que refuerza la sensación de realismo, evitando caer en caricaturas pese a lo marcados que están los perfiles de los personajes. Presenta buenas interpretaciones de los dos alocados vecinos muy creíbles en la representación del clímax exponencial al que llegan desde sus tan distintas perspectivas. Se completa con un amplio elenco de actores secundarios que representan a familiares, amistades, albañiles, alumnado de Arquitectura, turistas, participantes en la fiesta, técnicos audiovisuales y un largo etcétera.

Hay muchas secuencias muy divertidas en esta película intensa, que oscila continuamente entre la tragedia y la comedia negra, provocando las risas a los espectadores. Buen estudio del alma humana, con sus debilidades, defectos y bajos instintos. El montaje fluido de Klaus Borges y Jerónimo Carranza hace ligero su ritmo, con giros inesperados en el duelo que mantienen los dos encabezonados personajes, más allá de que la acción principal ocurre la mayor parte del tiempo en espacios reducidos.

El hombre de al lado película

Brillantes diálogos y personajes secundarios

Una tragicomedia brillante, llena de sutilidad en cada uno de sus diálogos, planos y secuencias, que gustó tanto a la crítica como a los espectadores, siendo nominada en muchos festivales de cine de varios continentes.

Uno de los grandes aciertos de El hombre de al lado es su capacidad para generar incomodidad sin necesidad de exagerar el conflicto. Mariano Cohn y Gastón Duprat trabajan desde la ambigüedad moral, evitando posicionamientos evidentes. El espectador se ve constantemente desplazado, incapaz de tomar partido de forma definitiva, lo que enriquece la experiencia y convierte la historia en algo más que una simple sátira social.

El guion destaca por su precisión en los diálogos y en la construcción de situaciones que, aunque cotidianas, están cargadas de tensión. Cada interacción añade una capa más al conflicto, revelando no solo las diferencias entre los personajes, sino también sus contradicciones internas. El hombre de al lado logra así que lo trivial adquiera un peso simbólico considerable.

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Conclusión de 'El hombre de al lado'

Una vez más, la pareja de guionistas y directores de cine Mariano Cohn y Gastón Duprat realizan otra gran comedia con El hombre de al lado, que saca buen fruto a una incidencia inspirada en hechos reales, con el enfrentamiento de dos vecinos muy distintos.  Un gran guion con agudos diálogos, que son bien interpretados por dos grandes actores, Daniel Aráoz y Rafael Spregelburd, en esta gran tragicomedia de la vida cotidiana.

En conjunto, El hombre de al lado es una obra inteligente y punzante que utiliza un conflicto mínimo para hablar de cuestiones mucho más amplias: el privilegio, la empatía y los límites de la convivencia. Una película que incomoda, interpela y, sobre todo, invita a mirar de nuevo aquello que creemos tener bajo control.

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Fernando Gálligo Estévez
El cine, muy especialmente en pantalla grande y en versión original, siempre ha estado conmigo en las distintas ciudades donde he vivido. Estar a un lado y al otro de la pantalla me ha hecho amar el cine. Por eso me gusta ser espectador, actor secundario, figurante, reportero y cronista de cine. Desde los 27 años de edad colaborador de prensa cultural y general aportando, a los distintos temas, siempre mi visión cosmopolita y heterodoxa. He publicado hasta ahora siete libros en cuatro editoriales diferentes, siendo mi séptimo libro "Relatos de Cine", editorial Jákara, Málaga, como homenaje al Séptimo Arte. Web profesional https://tresviernes.com
el-hombre-de-al-lado-pelicula-criticaUna vez más, la pareja de guionistas y directores de cine Mariano Cohn y Gastón Duprat realizan otra gran comedia con El hombre de al lado, que saca buen fruto a una incidencia inspirada en hechos reales, con el enfrentamiento de dos vecinos muy distintos.  Un gran guion con agudos diálogos, que son bien interpretados por dos grandes actores, Daniel Aráoz y Rafael Spregelburd, en esta gran tragicomedia de la vida cotidiana. En conjunto, El hombre de al lado es una obra inteligente y punzante que utiliza un conflicto mínimo para hablar de cuestiones mucho más amplias: el privilegio, la empatía y los límites de la convivencia. Una película que incomoda, interpela y, sobre todo, invita a mirar de nuevo aquello que creemos tener bajo control.

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