El pasado 1 de octubre se estrenó El proceso, de Paula Guida, en la Sala AZarte de Madrid. Dirigida por Alberto Sabina, cuenta en el reparto con Lucas Tavarozzi, Antonio Reyes, Pedro Moreno y la propia Guida. La pieza habla sobre la dificultad de formar parte de la industria cultural teatral. Estará en cartel todos los domingos a las 19 horas en la Sala AZarte.



El proceso de Paula Guida

Crítica de 'El proceso'

Ficha Técnica

Título: El proceso
Título original: El proceso

Reparto:
Lucas Tavarozzi
Antonio Reyes
Paula Guida
Pedro Moreno

Duración: 80 min. apróx.
Dirección: Alberto Sabina
Dramaturgia: Paula Guida
Diseño de luces y sonido: Juan Medinilla
Diseño de iluminación:
Felipe Ramos
Vestuario y escenografía:
ArteSano Producciones
Fotografía:
Néstor Chprintzer
Producción: ArteSano Producciones

Sinopsis de 'El proceso'

El proceso, de Paula Guida, nos presenta a Leo, un joven director, que trata de encontrar su lugar en el mundo del teatro sin mucho éxito. Pero todo cambia cuando recibe una subvención y la posibilidad de estrenar en un gran teatro.

Roberto, un jóven e ilusionado actor principiante, Sara, una actriz que nunca trinfó, y fran, una figura ya consolidada, serán los elegidos para levantar el proyecto. Pero el proceso no será fácil, etapas y vivencias muy distintas y viejas heridas desatarán el caos en el camino. (SALA AZARTE). 



El proceso de Paula Guida
Foto de Néstor Chprintzer

Homenaje a la profesión

Paula Guida se consagra con El proceso, una obra que explora a la perfección la profesión actoral en el ámbito del teatro, convirtiéndose en una carta de amor a una labor, muchas veces, infravalorada. Por tanto, el libreto goza de un retrato lleno de comicidad, pero Guida sabe hasta dónde ofrecer esos puntos de hilaridad y equilibrarlos con escenas absolutamente llenas de humanidad y emoción. Por ello, la historia tiene una complejidad cotidiana, dotando a sus personajes de aspiraciones, miedos, de actitud, no son un mero escaparate, sino que dentro del arquetipo que representan, evolucionan hacia un camino lleno de aristas. No es nada fácil lograr aquello, dado que saber dónde colocar el discurso sin que parezca oportunista, siendo toda una aventura y Guida lo logra sin ningún problema.

El propio título de la obra da al espectador la clave de lo que va a ver, pero no se limita a exponer "el proceso" de un proyecto teatral lleno de contratiempos y situaciones absolutamente disparatadas, sino que presenta términos tan importantes como la seguridad en escena, la búsqueda del triunfo, el ego del actor… Son aspectos que ayudan a que el público se acerque a una profesión que, normalmente, es desconocida en sus entresijos. Toda esa evolución se da también en los personajes, que exploran las relaciones entre sí, formando un vínculo que pasa al patio de butacas. El final, lógicamente, deja con ganas de ver el producto final, pero dejarlo ahí es todo un acierto, ya que como su propio título indica, se ha venido a ver el durante y no el resultado al que hacen mención.

Sala AZarte
Foto de Néstor Chprintzer

El elenco que quieres

Además de escribir el libreto, Paula Guida también es una de las protagonistas de El proceso. En primer lugar, la actriz conoce a la perfección sus fortalezas, lo que le permite explotarlas a buen nivel. Por ello, hace de la naturalidad su principal baza, que uniéndose a un humor muy sutil, hace que sea el perfecto contrapunto. La energía que transmite contrasta con la de sus compañeros, algo que hace que gane en diversidad en escena. Se encuentra absolutamente cómoda y así lo transmite a los espectadores. Después, Pedro Moreno borda su papel, comentando que este tipo de personajes suelen lucir más, pero Moreno no se queda en una mera ejecución, sino que pone toda la carne en el asador. Lo lleva a un nivel más, en especial, en la expresividad y en la intensidad, que le sienta fenomenal.

Antonio Reyes realiza una interpretación con fuerza, con contundencia, en especial, durante las escenas en las que no se encuentra dentro del metateatro. Tiene una personalidad que le permite pisar fuerte, lo que es un plus para el tipo de personaje que realiza. Además, ese aire de divismo, sin llevarlo en exceso a la exageración, muestra un muy buen trabajo dramático. Únicamente, en las escenas de metateatro podría darle un poco más de carisma, dado que se queda menos conseguido. Por último, Lucas Tavarozzi transmite a la perfección la blancura de su personaje, aunque podría estar más presente, dado que hay momentos en los que se queda en un segundo plano con sus compañeros. Aun así, mantiene la estupenda energía que se gesta entre los cuatro.

Sala AZarte
Foto de Néstor Chprintzer

Sencillez y alma

La frase popular “menos es más” le sienta niquelado a El proceso, ya que la propuesta escénica no contiene una construcción de grandes proporciones. Sin embargo, es la elección perfecta, dado que se centra absolutamente en la labor de los intérpretes y del texto, los cuales son su mayor fuerte. Por tanto, se aplaude que sean unas sillas lo más complejo que se halle en la escenografía. No obstante, sí hay movimiento entre ellas, así como un juego de luces que cumple. También hay que mencionar que las transiciones con música se producen de una forma orgánica, pese a ser algo reiterativas en las últimas partes. Por tanto, se podría pensar una forma que se diferenciara entre sí para no dar dicha sensación.

El ritmo de la obra fluye sin ningún problema, utiliza la cercanía como principal baza, pero va gestándose esa conexión con el espectador, lo que hace que se maneje a la perfección la evolución del relato a nivel artístico. Hay que aplaudir la dirección de Alberto Sabina, de quién ya se han podido ver otras proezas como “Mi discurso de boda”, se puede ver que suprime florituras para trabajar desde los actores, desde su cuerpo, haciendo que los intérpretes y su trabajo sean un aspecto artístico principal. No deja nada al azar y todos se encuentran al mismo nivel en la defensa de sus papeles. En resumen, una propuesta que sabe cómo sufragar sus debilidades, al no contar con una producción alta, pero compensándolo con talento.

El proceso de Paula Guida
Foto de Néstor Chprintzer

Conclusión

El proceso, de Paula Guida, es una carta de amor a la profesión de la interpretación en el teatro. Así, se formula un libreto que goza no solo de comedia, sino también de ternura y sentimiento. Además, cuenta con un reparto lleno de química, donde logran brillar cada uno de los actores. A nivel técnico y artístico, una propuesta minimalista, que se compensa con una dirección actoral de alta calidad. Una muestra del detrás de bambalinas, con un humor y alma, llegando a los espectadores de lleno.

Únete a nuestro CANAL DE TELEGRAM

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí