El próximo 21 de junio se estrena en España El secreto de las abejas (Tell it to the Bees), dirigida por Annabel Jankel y protagonizada por Anna Paquin y Holliday Grainger. Un drama LGTBI basado en la novela homónima de Fiona Shaw.



Crítica de ‘El secreto de las abejas’

El secreto de las abejas

Ficha técnica

Título: El secreto de las abejas
Título original: Tell it to the Bees

Reparto:
Anna Paquin (Dr. Jean Markham)
Gregor Selkirk (Charlie Weekes)
Euan Mason (John)
Holliday Grainger (Lydia Weekes)
Lauren Lyle (Annie Stock)

Año: 2018
Duración:
 105 minutos
País: Reino Unido
Director: Annabel Jankel
Guion: Henrietta Ashworth, Jessica Ashworth (Novela: Fiona Shaw)
Música: Claire M. Singer

Fotografía: Bartosz Nalazek
Género: Drama. Romance 

Distribuidora: Filmax

Filmaffinity

IMBD

Tráiler de ‘El secreto de las abejas’

Sinopsis

La historia transcurre en la gris y lluviosa Inglaterra post- segunda guerra mundial. Pero esta deprimente premisa se compensa con el hecho de que unas amorosas (que no pican a nadie, oye) y trabajadoras abejas, sean el hilo conductor de una historia que desde el principio promete llenarnos el corazón de ternura, contada mediante el inocente relato de Charlie (Gregor Selkirk) hijo de Lydia, (Holliday Grainger), que se enamora de la doctora del pueblo, Jean Markham (Anna Paquin).



Nos queda mucho por aprender de las historias LGTBI

Estamos en el mes del orgullo LGTBI, y es el momento del año idóneo para dar voz a este sector de la población tan desamparado en muchos aspectos, siendo tristemente el cine uno de ellos.

El secreto de las abejas nos plantea un amor imposible entre dos mujeres en la Inglaterra de 1950. Hasta ahí todo correcto. Pero, aunque parezca una locura para la directora de la peli: con eso no nos vale como para querer que el amor triunfe.

En esta historia se peca de dar un romance por bueno y válido simplemente porque sus personajes viven una situación de discriminación. Es como asumir que alguien que está en silla de ruedas se convierte automáticamente en una buena persona.

Los hechos ocurren tan atropelladamente en la trama, y la relación romántica se materializa de forma tan injustificada y forzada, que resulta casi imposible que te importe un pimiento si las protagonistas acaban o no juntas. El público necesita empatizar con cualquier historia de amor, pero más si se trata de una trama LGTBI.

Anna Paquin y Holliday Grainger
Anna Paquin y Holliday Grainger en El secreto de las abejas

Desgraciadamente, en el mundo en que vivimos, todavía necesitamos hacer un esfuerzo extra para que el amor LGTBI sea comprendido y llegue a más gente (sobre todo a los que no se quieren enterar ye-ye).

No podemos contar con que el espectador está en la misma onda que nosotros, y que entienda perfectamente lo que le exponemos. Un fallo de esta película es precipitar el enamoramiento de sus protagonistas y centrarse más en las críticas que reciben por su relación (que ya resultaba obvio teniendo en cuenta la época y lugar donde se desarrolla la trama). El conflicto pierde fuerza al no esmerarse la autora en que el público entienda el valor de esta relación romántica. Y no es tarea imposible; lo hemos visto en numerosos ejemplos como: Carol, Call Me by Your Name o la inolvidable Brokeback Mountain.

Es una verdadera pena que El secreto de las abejas, trate el romance de pasada y sin profundizar, dejando a la película coja de empatía y desaprovechando su punto más fuerte: el amor.

Te vas a emocionar, y si no quieres, también

En la lista de pecados capitales de la dirección de cine, para mí se encuentra sin duda el de “meter las emociones con calzador”, y en esto El secreto de las abejas se ha cubierto de gloria.

Y es que, desde el primer minuto, no sólo se abusa de la casualidad de una forma que raya en lo absurdo (el pobre Charlie tiene una habilidad para estar donde no debe cuando no debe, que le viene de perlas al guionista para salir del atolladero unas cuantas veces durante la película).

El secreto de las abejas

Sino que prácticamente nada de lo que se supone que debe emocionar al espectador durante la historia está bien trabajado. Los personajes dan unos saltos emocionales capaces de clasificarlos en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Por no hablar de ese apoteósico final (sin spoilers) que roza la ciencia ficción, y que sólo nos hace preguntarnos si las abejas de la película han sido criadas en realidad, sobre un campo de vertidos nucleares. Todo ello aderezado con una banda sonora dispuesta a enmendar la falta de sentimientos que nos ha dejado tan pobre guión.

El problema de hacer una película para el público que ha leído la novela

“El libro es mucho mejor”, “La peli no se parece en nada al libro”. Todos hemos escuchado o dicho estas frases alguna vez en nuestra vida.

Tendemos a pensar que las películas basadas en novelas deben ser casi una transcripción perfecta de lo que nuestra mente, de horizontes de imaginación infinitos (la de algunos) ha recreado al convertir palabras impresas en un papel, a imágenes en movimiento en nuestro cerebro.

Pues bien, es hora de comprender que es imposible que alguien sea capaz de plasmar en 2 horas de metraje, lo que tu cerebro en días, o semanas ha creado leyendo. Y aquí llegamos a otro de los puntos flacos de El secreto de las abejas:

¿No será que tanta deficiencia narrativa se debe, a intentar agradar al público lector de la novela en la que se basa la película? Y no sólo eso, sino ¿asumir que el público viene con la lección aprendida de casa? Por lo menos así explicaríamos el por qué de no centrarse como Dios manda en acreditar lo que ocurre en la historia.

Holliday Grainger en El secreto de las abejas
Holliday Grainger en El secreto de las abejas. Foto de © NEIL DAVIDSON LOUISE BEATTIE

El cine y la literatura son constantemente comparados (como si eso fuera posible). Pero hay licencias que la literatura puede tomarse, que el cine jamás podrá y es lo que se ha tratado de hacer con esta película: darle un trato de novela. Algo totalmente descabellado para un film, cuando una de las reglas de oro es y siempre será no dar nunca dar nada por sentado. El cine por suerte o por desgracia, es blanco o negro, cara o cruz, un examen de ejercicios continuados de “justifique su respuesta”, en el que sólo unos pocos maestros saben cómo dejar un par de hilillos sueltos y que la marioneta siga funcionando. Claro que, esta habilidad no está al alcance de cualquiera, y mucho menos de una película como El secreto de las abejas.

Conclusión

Aunque El secreto de las abejas tiene una materia prima bastante decente, está llena de factores desaprovechados. Quién sabe si dentro de algún tiempo veremos un remake que le haga justicia a una historia con tanto potencial. De momento nos quedamos con un drama que entretiene, llega incluso a conmover en ciertos momentos pero, que quiere y no puede llegar a ser.

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