El secuestro de un presidente es la nueva película del cineasta finlandés Samuli Valkama, cuya escasa carrera parece estar vinculada a las comedias ligeras de tirada nacional. A pesar de su título, esta nueva película parece querer continuar dicha tendencia, planteándose como una caótica comedia que ridiculiza al fascismo. Y eso, en mi libro, siempre es algo positivo. Con motivo de su participación en la sección Echoes de Atlàntida Mallorca Film Fest 2026, vengo a comentaros qué me ha parecido la película y si debéis darle o no una oportunidad.

Inspirada en hechos reales, la película recrea el secuestro del primer presidente finlandés, Kaarlo Juho Ståhlberg, ocurrido en 1930 a manos de miembros del ultranacionalista Movimiento Lapua. En lugar de abordar el acontecimiento desde el drama convencional, Valkama opta por una combinación de sátira, humor negro y reconstrucción histórica para reflexionar sobre la fragilidad de la democracia y los peligros del extremismo político. Cabe destacar que El secuestro de un presidente estará disponible a través de Filmin el próximo 24 de julio.



El secuestro de un presidente

Crítica de 'El secuestro de un presidente'

Ficha Técnica

Título: El secuestro de un presidente
Título original: Kyyditys

Reparto:
Jussi Vatanen (Eero Kuussaari)
Aku Sipola (Kurt Wallenius)
Pertti Sveholm (Kaarlo Ståhlberg)
Riitta Havukainen (Ester Ståhlberg)
Elias Salonen (Jukka Janné)
Alvari Stenbäck (Erkki Varoma)
Elsa Saisio (Marjatta)
Pääru Oja (Coronel Viklund)
Akseli Kouki (Coronel Inkala)
Robert Enckell (Miembro del Parlamento estonio)
Markus Misukka (Eino Olin)
Alex Paul Pukk (Sven Fjalar Semenius)

Año: 2026
Duración: 87 min.
País: Finlandia
Director: Samuli Valkama
Guion: John Lundsten, Samuli Valkama
Fotografía: Tuomo Hutri
Música: Juho Nurmela
Género: Comedia. Drama
Distribuidor:

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'El secuestro de un presidente'

Sinopsis

Finlandia, 1930. Tras una brutal guerra civil, los movimientos de extrema derecha dominan la sociedad y la violencia política está a la orden del día. Cuando el expresidente Kaarlo Juho Ståhlberg ofrece un discurso radiofónico haciendo un llamamiento a la ley, el orden y la defensa de la democracia, desata la furia en los círculos extremistas. Uno de ellos es el teniente coronel Eero Kuussaari, un oficial del ejército alcohólico atrapado en una crisis de la mediana edad. Durante una jornada de caza marcada por el alcohol junto al carismático y peligroso general Kurt Matti Wallenius, Kuussaari ordena por impulso el secuestro de Ståhlberg en un intento de prender la mecha de una revolución... y acto seguido pierde el conocimiento.



Una serie de catastróficas desdichas

El secuestro de un presidente transporta a los espectadores a una época convulsa, grisácea y deprimente: el período entreguerras. En dicha época, la ineficacia de los gobiernos y las crisis económicas llevaron al auge de la extrema derecha. Mucho se habla del alzamiento del fascismo alemán, del italiano y, como no, del español. Pero, ¿sabíais que en Finlandia también se dio un auge similar? Efectivamente, en el país nórdico también surgieron voces fascistas, personas que abogaron por el uso de la fuerza para imponerse en el poder independientemente de quién estuviera al mando.

El secuestro de un presidente es la historia de dicho alzamiento, o más bien, del ridículo de dicho alzamiento. Pues lo que Samuli Valkama busca es señalar el absurdo de ciertas actitudes y el sinsentido causado por la búsqueda del poder absoluto. La idea es interesante, y a mi parecer consigue arrancar alguna que otra risa, pero peca en tomar a sus antagonistas por seres excesivamente estúpidos. Quiero decir, entiendo que tanto los soldados como los civiles que apoyaron un plan tan absurdo como secuestrar al presidente sin ningún tipo de planificación previa no pueden ser los más avispados, pero siento que están excesivamente idiotizados.

Cuesta mucho entrar al mensaje de El secuestro de un presidente cuando desde primera hora se muestra al enemigo como un patán. Un antagonista interesante es aquel que demuestra capacidad crítica, ingenio o carisma. Aquí rara vez encontramos eso, tan solo personajes que rozan el histrionismo y que actúan sinsentido. La única excepción a la regla se encuentra en el que podríamos catalogar como personaje principal, el general Eero Kuussaari.

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Una borrachera para recordar

Interpretado por Jussi Vatanen (a quien más de uno recordará por la genial Fallen Leaves), se trata del corazón de El secuestro de un presidente en tanto a que representa genuinamente el mensaje que la película parece querer dar. Una figura desesperada, remanente a ratos del férreo Jimmy Stewart y con una imperiosa necesidad de ascender en el poder. Si ello supone apoyar una causa fascista, que así sea.

Eero es el representante del verdadero fascismo, de aquel alimentado por la ambición y la inseguridad, oportunista pero, a fin de cuentas, implacable. Su actuación es, sin lugar a duda, uno de los puntos fuertes de El secuestro de un presidente, más aún teniendo en cuenta que, como comentaba previamente, la mayoría de las interpretaciones dejan mucho que desear.

A fin de cuentas, lo que se busca con este modelo de actuaciones tan exagerado es construir un tono cómico y paródico, si bien este no termina de cuajar debido, entre otras cosas, al etalonaje de la película (que parece acercarse mucho más a un drama convencional) y a su propio guion. Los gags tardan mucho en encajar, y muchos de estos ni siquiera tienen una coherencia. Muchos surgen de forma espontánea, sin preparación, y solo consiguen el efecto contrario: avergonzar.

Son aquellos que sí que cuentan con más preparación los que verdaderamente funcionan y hacen de la película un proyecto entretenido. Uno que, aunque desacertado en su tratamiento, ofrece un buen mensaje y apuesta por una mezcla de géneros interesante y no tan común como cabría esperar.

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Conclusión de 'El secuestro de un presidente'

El secuestro de un presidente es una película imperfecta, pero bien es cierto que consigue arrancar más de una sonrisa con su propuesta tan naif. Se trata de una comedia que mira a la cara al fascismo y lo ridiculiza, quizá de una forma no muy acertada, pero sí con valentía. Sus actuaciones podrían ser mejores, menos excesivas, y su tratamiento de la imagen menos grisáceo y oscuro, pero bien es cierto que su narrativa ligera resulta entretenida y, de cara a su segunda mitad, la construcción de sus gags triunfa. Una película para echar el rato que contiene un mensaje a tener en cuenta, le pese a quien le pese.

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CINEMAGAVIA
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Antonio Gallardo Durán
Graduado en Cine y Cultura y redactor con experiencia en el ámbito del cine y los videojuegos. La vida, como la proyecta Martin Scorsese: a ritmo de Rolling Stones. Si te gusta Sam Raimi y consideras que el cine hongkonés es lo superior, estás en mi equipo.
el-secuestro-de-un-presidente-pelicula-criticaEl secuestro de un presidente es una película imperfecta, pero bien es cierto que consigue arrancar más de una sonrisa con su propuesta tan naif. Se trata de una comedia que mira a la cara al fascismo y lo ridiculiza, quizá de una forma no muy acertada, pero sí con valentía. Sus actuaciones podrían ser mejores, menos excesivas, y su tratamiento de la imagen menos grisáceo y oscuro, pero bien es cierto que su narrativa ligera resulta entretenida y, de cara a su segunda mitad, la construcción de sus gags triunfa. Una película para echar el rato que contiene un mensaje a tener en cuenta, le pese a quien le pese.

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