Everybody Digs Bill Evans, dirigida por Grant Gee, es un retrato íntimo y estilizado del legendario pianista Bill Evans (protagonizado por Anders Danielsen Lie, La peor persona del mundo, Descansa en paz, Valor sentimental) en uno de los momentos más delicados de su trayectoria. A través de una puesta en escena en blanco y negro de fuerte contraste y un montaje que respira al ritmo del jazz, la película se adentra en el duelo, la fragilidad y la búsqueda creativa que rodearon la gestación de su mítico álbum de 1959. Más que una biografía convencional, la obra se convierte en una experiencia sensorial donde la música y la imagen dialogan hasta fundirse en una misma emoción.
Crítica de 'Everybody Digs Bill Evans'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Everybody Digs Bill Evans
Título original: Everybody Digs Bill Evans
Reparto:
Anders Danielsen Lie (Bill Evans)
Bill Pullman (Harry Evans)
Laurie Metcalf (Mary Evans)
Katie McGrath
Barry Ward (Harry Evans Jr.)
Valene Kane (Ellaine Schultz)
Diarmuid de Faoite (Hombre 1)
Juliette Crosbie
Isabelle Harriet (Debby adulta)
James Killeen (Chris)
Leon Danza (Juerguista de jazz)
John Ryan Howard (Pick Up)
Año: 2026
Duración: 102 min.
País: Irlanda
Director: Grant Gee
Guion: Mark O'Halloran. Libro: Owen Martell
Fotografía: Piers McGrail
Música: Roger Goula Sarda
Género: Drama. Biográfico
Distribuidor:
Sinopsis de 'Everybody Digs Bill Evans'
Junio de 1961, Nueva York. El legendario pianista de jazz Bill Evans ha encontrado su propia voz y ha formado el trío perfecto junto al contrabajista Scott LaFaro, su alma gemela musical. Una residencia en el Village Vanguard culmina con la grabación en directo, en un solo día, de dos de los mejores discos de jazz de todos los tiempos. Días después, LaFaro muere trágicamente en un accidente de tráfico. Paralizado por el dolor, Evans deja de tocar por primera vez desde su infancia. Esta es la historia de lo que sucedió poco después para una de las figuras más influyentes y con más talento de la música del siglo XX.
La consagración de Grant Gee en la Berlinale
El sábado 21 de febrero el jurado oficial de la 76ª edición de la Berlinale dio a conocer su palmarés. Ha sido el director británico, Grant Gee, quien se ha hecho con el Oso de Plata a Mejor Dirección con su película Everybody Digs Bill Evans. Sin duda un resultado que no sorprende, ya que si esta película destaca en algo es en sus aspectos de montaje, fotografía y dirección.
Grant Gee, conocido por su documental Joy Division (2007) y por su trabajo con bandas como Radiohead o Nick Cave, se adentra ahora con esta película en la ficción. Quizás narrativamente simple, pero con una puesta en escena, fotografía y montaje que consigue aplastar al espectador contra la butaca ya desde su primera escena.
La biografía como un terreno ya conocido
Grant Gee profundiza en la vida del pianista de jazz Bill Evans y el nacimiento de su disco Everybody Digs Bill Evans en el año 1959. A través de la lente, conocemos a un Bill Evans atormentado, destruido por la muerte de su compañero Scott LaFaro, bajista de su trío junto a Paul Motian. Acompañamos a Evans en un viaje donde busca reencontrarse consigo mismo y con el piano, tras la herida de la pérdida. Una travesía en la que lo acompañan su familia (su hermano y su familia, sus padres), así como su pareja sentimental, Ellen Schultz.
Como puntualizamos anteriormente, la narrativa no es su punto fuerte o aquello que llame la atención del espectador. Sin embargo, Everybody Digs Bill Evans acierta con su estructura lineal en blanco y negro, intercalada con flashforwards grabados a color. Esto no solo diferencia con claridad las dos líneas temporales, sino que también crea un marcado contraste entre las distintas etapas vitales del pianista. Con todo, la obra relata una historia que ya hemos visto antes, o que, al menos, nos resulta familiar: un genio incomprendido debe luchar contra su propia sombra para reencontrarse con el camino de la grandeza.
La dirección como instrumento
Ahora, si hablamos de sus aspectos técnicos solo nos queda levantarnos y aplaudir. Ya desde la primera escena, se percibe una enorme inquietud directiva por transmitir el jazz con una fuerza arrolladora. La secuencia inicial es una sucesión de planos cortos y planos detalle montados al ritmo del jazz, todos pintados en una paleta monocromática. Disfrutamos de una creatividad a la altura del género que dominaba el pianista, donde los planos del protagonista se yuxtaponen con los de los instrumentos y con los que retratan la ciudad de Nueva York.
Todo ello, en un blanco y negro de alto contraste que, gracias a la brillante fotografía de Piers McGrail, retrata a Bill Evans en su punto más bajo, siempre a contraluz y con el rostro envuelto en profundas sombras. Combinando una historia sólida y una banda sonora a la altura del genio del piano, Everybody Digs Bill Evans logra una obra cruda e intensa, pero también bellamente emotiva.
Conclusiones de 'Everybody Digs Bill Evans'
En definitiva, Everybody Digs Bill Evans no es solo un retrato biográfico de un músico excepcional, sino un ejercicio de dirección y montaje que va más allá del relato. Grant Gee demuestra una gran habilidad en cuanto a la narrativa visual. La película logra sumergir al espectador en la vida del músico, haciéndolo sentir la intensidad de su duelo y la fuerza emocional que necesitó para reencontrarse consigo mismo. Al final, lo que permanece no es tanto la historia de un genio atormentado como la experiencia de sentir el jazz convertido en imagen. Y ahí, en esa traducción visual de la música, es donde Grant Gee encuentra su verdadera grandeza.
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