En estos días de cuarentena qué mejor que dedicar tiempo a disfrutar de buenas lecturas, y por qué no, de conocer acerca de gente arriesgada y valiente que apuesta por el formato cortometraje. Fernando Durán, guionista, director y productor de Despatriada, es uno de estos aguerridos creadores y que, con tesón y paciencia, ha conseguido sacar este peculiar y original proyecto adelante. A continuación, profundizaremos en el proceso de gestación del mismo y también en curiosidades varias sobre su producción. ¿Listos? Empezamos la entrevista con Fernando Durán.

Entrevista a Fernando Durán

Fernando Durán
Foto de Fernando Durán en el rodaje de “Despatriada” con Frank Álvarez y Raquel Ventosa (Manuel Mejías) 

Álvaro Panadero/Cinemagavia: Citando a Vargas Llosa: “No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad.”  ¿Se aproxima esta concepción de la patria a cómo querías reflejarlo en Despatriada?

Fernando Durán: Desde luego, no hay que confundirlo y me quedo con esa idea de patria como un paisaje familiar de geografías y seres queridos. Me gusta.

Pero mira, si yo fuese espía y un día me estuviese tomando un gin-tonic en uno de esos bares de hotel maravillosos de las películas, yo me tropiezo con ese agente americano tipo Ethan Hunt, o ese Bond y me muero de envidia. Misiones a vida o muerte por todo el planeta, saltos en paracaídas sobre París, el último deportivo para destrozar a tu gusto, hotel cinco estrellas con todo pagado… Y al regresar a casa, una Patria agradecida, que puede irles a la contra alguna vez, pero que los valora y siempre recurre a ellos de nuevo. Porque son los suyos.

Conozco esos paisajes ajenos de manera muy superficial, y esto son sólo películas, pero representan algo, un ideal si quieres, que en cierta manera envidio. Porque cuando pienso en el territorio al que vuelve el espía español y veo el panorama que se encuentra, a veces es difícil tener ese sentimiento sano y generoso del que habla Vargas Llosa. Y Nadia, la espía que en el corto interpreta Raquel Ventosa, le está dando la espalda a esa Patria porque está hasta el gorro. Prefiere ser una mercenaria. Por eso su mentor, que interpreta Frank Álvarez, apela a su lealtad, que es como una última bala. Para mí el vínculo de fidelidad entre estos dos personajes es el corazón de la historia.

Dicho esto, creo que siempre hay que intentar reconciliarse con el territorio propio, aunque uno tenga un mosqueo como el de Nadia. Creo que conviene tomar un poco de distancia, mirarlo con objetividad, generosidad y cariño. Con sus virtudes y defectos, es el nuestro.

Fernando Durán
Foto de “Despatriada” (Manuel Mejías) 

La madre patria de Fernando Durán

A.P./CG: He decidido empezar por aquí, porque charlando con Frank Álvarez, uno de los dos intérpretes del cortometraje, incidía en que para ti este suponía un tema muy personal, y que es la génesis de todo el proyecto. Entonces, ¿siempre tuviste en mente que la trama girase en torno al género de espías? Y de ser así, ¿qué te hizo pensar que éste era el género más adecuado para ello?

F.D.: Bueno es un género que me encanta y recuerdo que le estaba dando vueltas a un personaje con un sentimiento exacerbado de la lealtad. Una tara personal de la que me apetecía reírme. Convertir este personaje en espía me pareció divertido. ¿En cuántas películas de espionaje hay cambios de bando, agentes dobles? Viene casi de serie en la sinopsis. 

Por otro lado me he dado cuenta de que si voy a hablar de patriotismo, de lealtad, palabras con mucho peso, y voy a sacar la mala baba, necesito usar el género y un tono distendido. Salirme de mi esfera, de mi entorno, que no tiene nada que ver con eso, y alejar a los personajes de mi para no tomármelo muy en serio.

También si te soy sincero lo elijo porque es divertido a la hora de escribir, de planificar, de elegir las localizaciones, el vestuario… He rodado varias cosas más dramáticas, sin dejarme espacio para disfrutar y creo que es un error. En este momento me parece fundamental que el proceso sea de otra manera. Para mí, si no, todo estos berenjenales en los que nos metemos al hacer estas pequeñas películas pierden un poco de sentido. Nos dejamos ahorros, años de trabajo no remunerado, sueño y pelo, probablemente. Pues mira me voy a reír un poco, por lo menos.

Fernando Durán
Foto del rodaje de “Despatriada” (Manuel Mejías) 

La eterna dicotomía patriotismo-nacionalismo

A.P./CG: Me pareció muy interesante cómo el tema va penetrando progresivamente, sin pasar a acaparar todo el conjunto, sino que está de fondo y en determinadas frases muy concretas del personaje de Tito. Consideras que, en ese sentido, Despatriada, ¿puede invitar a la reflexión también del espectador con respecto a los dos conceptos que mencionaba Vargas Llosa en su cita anterior? Ya sabes, la eterna dicotomía patriotismo-nacionalismo que está muy arraigada en la mentalidad del conjunto de la sociedad española.

F.D.: No sé si el corto puede lograr que reflexionemos sobre esto, puesto que trata el tema de forma muy ligera. Y no lo escribo con ese propósito, lo escribo porque tengo esa contradicción entre lo que dice un personaje y lo que dice el otro. Para aclararme.

Pero bueno, ojalá reflexionásemos, claro. Sería bueno salir de las trincheras y poder valorar ese paisaje familiar, sin rencor y sin orejeras. No utilizarlo como arma arrojadiza y poder decir Patria sin la boca chica, sin pensar que la palabra pertenece a otros, sintiéndote orgulloso de lo bueno, sin perder el espíritu crítico con el que reconocer lo que puede mejorar. 

Creo que es importante viajar para esto, vivir otras realidades, con ojo crítico también. Eso te permite tener miras más amplias, ver que hay cosas que admirar o envidiar de los demás y cosas que no, que otros también tienen sus panoramas particulares, sus vergüenzas. Porque Ethan Hunt es el número uno, pero vive en un país con un sistema sanitario criminal, por poner un ejemplo. Así que cuando pienso en ello me digo que puedo estar orgulloso de los logros sociales que mis padres han conseguido para mí, de haber ido a la universidad y no tener una deuda de por vida, de mi Historia con su oscuridad y sus luces, por lo que puedo aprender de ella. De mi lengua, de mi cine. Sin complejos.

Foto de “Despatriada” (YAQ Distribución)

Una satírica lectura político-social

A.P./CG: Ante todo, he de comentarte que lo que más me ha sorprendido de Despatriada, es que, a pesar de ser un corto claramente de comedia, no se queda en un mero entretenimiento. Considero que hay, además de la evidente crítica a los escándalos de corrupción más delirantemente absurdos de la última década, una sátira directa de cómo el sistema político que constituye España, tiene mucho que ver con esa envidia que demuestra el personaje de Nadia (Raquel Ventosa) hacia lo ajeno, pero a la autocensura del bienquedismo. ¿pretendías dar un puñetazo sobre la mesa acerca de que tenemos lo que nos merecemos en lo político debido a nuestra esencia social?

F.D.: Por un lado la historia de espías es una excusa. Cualquiera que se produzca un corto sabe lo caro que es, la cantidad de personas y factores de los que dependes, las veces que el castillo de arena está a punto de desmoronarse. Es muy bonito, es la esencia de lo que hacemos, pero es normal frustrarte, incluso hartarte. Así que cojo mis comeduras de tarro y las descargo en los diálogos de Nadia. Por salud, para que no se me enquisten. Al final ella envidia lo que podríamos envidiar cualquiera de nosotros:  oportunidades, mejores medios, más facilidades, en definitiva, herramientas para poder hacer el trabajo con el que soñamos.

Pero claro que hay cierta crítica al bienquedismo que mencionas. La visión que tiene Nadia de su profesión es incompatible con complejos y buenismos. No sería tan buena como es. O cómo se cree que es. Aquí muchas veces por no caer en que digan que somos tal o cual cosa, nos auto censuramos. A menudo da miedo hacer o decir algo, publicar una opinión porque la gente se te echa, nos echamos, encima y nos metemos unos a otros en una u otra corriente. Porque es como si sólo hubiese dos corrientes sobre el tema que sea, siempre. Y de esta forma somos muy fáciles de manejar.

Fernando Durán
Foto de Oleg Kricunova, protagonista de “Despatriada” (Manuel Mejías)

La elección de los rusos de Fernando Durán

A.P./CG: La elección de que los rivales fueran los rusos, ¿tiene que ver con una fascinación por la tradición histórica del espionaje en la Europa del Este durante la Guerra Fría? Siento curiosidad. 

F.D.: Fascinación absoluta, eso seguro. Quería un rival paradigmático, con solera. Y nadie tiene más solera que ellos. Esto por supuesto es bonito cuando lo piensas y lo escribes. Luego te pones la chaqueta de producir y dices, pues resulta que no hay muchos actores rusos viviendo en España. Porque tu yo director quiere un ruso. Ruso, ruso. No un inglés o un rumano haciendo de ruso. Afortunadamente apareció Oleg Kricunova, con todo su pedigrí, y todos contentos.

Pero bueno la elección de este rival me convenía porque lo simplificaba en cierta manera. En el fondo no es un rival, es el equipo que llega con cien kilos y le dice a Nadia: vente conmigo a ganar la Champions. O el laboratorio extranjero que ficha al científico que aquí gana mil euros, si los gana.

Fernando Durán
Foto de “Despatriada” (Manuel Mejías) 

La dinámica mentor-discípula

A.P./CG: Está claro que hay una dinámica bien establecida de mentor-discípula, entre los dos protagonistas. Pero también creo entrever que representan un ideal o un precepto bien definido y que tú querías dejar bien delimitado, ¿cuáles dirías que podrían ser? 

F.D.: Para mí son dos generaciones. Estoy generalizando y dando una opinión, pero creo que la de Nadia representa a la mía y la tuya, gente que está entre los veinticinco y los treinta y pico, y la de Tito, a la de nuestros padres.

Nosotros nos hemos preparado, hemos estudiado postgrados, másters, hemos viajado, sabemos idiomas, visto diez mil películas. Nos queremos realizar a través del trabajo, es más, ni siquiera queremos tener la sensación de estar trabajando, ni por supuesto tirarnos una vida haciendo algo que no nos gusta. Tenemos expectativas altas, ambición, fuerza y ganas, pero nos ha tocado salir del cascarón en unas circunstancias muy delicadas, en la vorágine de dos crisis económicas y sin sitio para todos, probablemente. Eso nos vuelve impacientes ante la falta inmediata de oportunidades. Yo quiero hacer mi peli ahora. Ya y mil más como tú. Es una putada pero es así. Además nos hemos rodeado de tecnología para compararnos con los demás; seguidores, reconocimiento… y eso puede llevar a frustrarnos si no nos vemos recompensados. A sentirnos permanentemente insatisfechos.

Tito, aunque Frank es más joven, justo es reconocérselo, supone un contrapunto a esa visión. Una generación que quizá ha sabido aguantar más o no ha tenido otra posibilidad. Que se mantiene más fiel, por norma general. Ya sea a un trabajo o a unos valores como pueden ser la lealtad o el espíritu de sacrificio. Creo que lo que ha pasado con nosotros les ha pillado un poco a trasmano, y a veces es difícil entender decisiones como la que toma Nadia. Además, hayan estudiado más o menos, viajado más o menos, saben por experiencia o intuyen que no es oro todo lo que reluce ahí fuera. Y que marcharse no te garantiza ser feliz o que te den automáticamente lo que tú quieres.

Fernando Durán
Foto del rodaje de “Despatriada” (Manuel Mejías) 

Al filo de la parodia

A.P./CG: Habéis conseguido algo maravilloso, que es rozar los límites de la parodia, pero sin llegar a caer en ello. Lo cual demuestra tu enorme destreza para manejar el humor, para mí, sin lugar a dudas, el género más complejo de todos. Esta es más una sensación, ¿Despatriada siempre fue pensada con ese tono tan distendido y de no tomarse muy en serio a sí misma? Considero que en esto radica una de sus grandes virtudes.

F.D.: Enorme destreza no sé, miedo desde luego. A que resultase ridículo por un lado o pretencioso por el otro. Entonces sabía que quería tratar de forma ligera el asunto, burlarme un poco de emociones que a veces tenemos demasiado a flor de piel, pero sin caer en la parodia, porque entonces no te lo tomas en serio y haces una caricatura.

Es un equilibrio complicado que me daba miedo, como te digo. Y hasta que no empezamos a ensayar, no empecé a ver que podía funcionar. Porque yo lo escribo y creo que sí, que tiene gracia y que habla de cosas, que no es una chorrada, simplemente. Pero no lo sabía a ciencia cierta, no tenía ni idea.

Pero bueno, he tenido la suerte de encontrar a estos pedazo de actores que me parece que bailan en ese tono perfectamente. Que se creen lo que dicen, son honestos y tienen momentos preciosos.

Despatriada
Foto del rodaje de “Despatriada” (Manuel Mejías) 

Fernando Durán, entre el espionaje y el thriller

A.P./CG: En lo que se refiere al espionaje, introduces una serie de elementos, que no tienen que ver con los blockbusters de acción de la línea del nuevo James Bond de Daniel Craig. Me da en la nariz, que has optado por jugar más en la liga del thriller sesentero y setentero, del espionaje cerebral que tan bien han descrito literariamente autores como John Le Carré o Graham Greene. Me vienen a la cabeza, irremediablemente ‘El topo’ (2011) y ‘El americano impasible’ (2002), ¿era esta la vía del espionaje discreto y sutil la que querías reflejar desde un primer momento?

F.D.: Desde luego los tiros iban más por esos títulos de aroma clásico, que por cierto me encantan, y es lo que buscamos con arte, vestuario y fotografía, a cargo de DinamitaLight y Jorge Roig, respectivamente. 

Además es que va en la línea de lo que estamos contando. Aquí no está en juego la Humanidad ni nada de eso. No hay drones, no hay gadgets de alta tecnología. Me gusta el espía que juega la partida con lo que lleva en los bolsillos de la gabardina.

Mira, en algún momento, cuando hablé con Damian y Ana de Dinamitalight del atrezzo que lleva Tito, hablamos de una pistola. Yo tenía una de otro corto y era la que íbamos a usar como atrezzo, sin importancia en la trama. Pero me había mudado hacía relativamente poco y no fui capaz de encontrar el arma. Y no tenía ni un duro más para comprar otra. Ni uno. Así que dije mira, sin pistola. Total para qué la va a llevar, teniendo en cuenta lo que estamos contando. Y estoy contento con la decisión, aunque fuera forzosa.

Fernando Durán
Foto de Fernando Durán (Álvaro Wasabi)

Las eferencias cinematográficas de Fernando Durán

A.P./CG: Esto lo hablé con Frank, considero que Despatriada, no es para todos los públicos, pero quien sepa ver los referentes fílmicos que tienes lo va a disfrutar enormemente. ¿qué películas te inspiraron o qué cineastas tenías como principales referentes para el proyecto?

F.D.: Brian De Palma y su “Misión Imposible”. Brian De Palma en general, siempre. “Quemar después de leer” de los Coen, “El Puente de los Espías”, “El hombre de las mil caras”, “El Espía que surgió del frío”, “Spy Game”. También en cuanto a lo que hace con diversos géneros, me encanta Edgar Wright.

Para el personaje de Nadia, hablamos de los cómics “Velvet” y “La ciudad más fría”, en el que se basó la película “Atomic Blonde”. Son espías muy físicas, exóticas, beben cócteles sofisticados y matan sin pestañear. 

Tito no tiene nada que ver. El aire melancólico, la gabardina gris, el gintonic sin adornos, probablemente de Larios.

También he robado una cosa muy concreta de “En la línea de fuego”, de Wolfgang Petersen. Con Clint Eastwood y John Malkovitch. “Banda sonora” de Morricone. Por qué no decirlo, sin complejos, mi película favorita.

Ha sido un placer y quiero daros las gracias por la entrevista, por el apoyo que dais desde Cinemagavia al formato del cortometraje. También desde aquí a todo el equipo que participó en el proyecto.

Puedes leer la crítica de Despatriada, cortometraje escrito y dirigido por Fernando Durán, pulsando aquí.

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