Hamnet es una conmovedora película que explora la compleja relación entre el amor, la pérdida y el arte a través de la historia de Agnes y William Shakespeare, interpretados por Jessie Buckley y Paul Mescal. Dirigida por Chloé Zhao, Hamnet es una reflexión profunda sobre el dolor de perder a un hijo y cómo este evento trágico inspiró a Shakespeare a escribir "Hamlet". La película ha sido reconocida recientemente en los Critics Choice Awards, donde Jessie Buckley ganó el premio a Mejor Actriz, y cuenta además con seis nominaciones a los Globos de Oro, incluyendo Mejor Película – Drama y Mejor Dirección. Asimismo, fue galardonada con el Premio del Público en el Festival de Toronto y en la Seminci de Valladolid. Estreno el 23 de enero de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Hamnet'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Hamnet
Título original: Hamnet
Reparto:
Jessie Buckley (Agnes)
Paul Mescal (Will)
Jacobi Jupe (Hamnet)
Joe Alwyn (Bartolomé)
Emily Watson (Mary)
David Wilmot (John)
Jack Shalloo (Marcellus)
Faith Delaney (Agnes de joven)
Sam Woolf (Bernardo)
Laura Guest (Comadrona)
Bodhi Rae Breathnach (Susanna)
Elliot Baxter (Richard)
Freya Hannan-Mills (Eliza)
Año: 2025
Duración: 125 min.
País: Reino Unido
Director: Chloé Zhao
Guion: Maggie O'Farrell, Chloé Zhao. Novela: Maggie O'Farrell
Fotografía: Lukasz Zal
Música: Max Richter
Género: Drama
Distribuidor: Universal Pictures International Spain
Tráiler de 'Hamnet'
Sinopsis
Nos descubre la poderosa historia de amor que inspiró la creación de Hamlet, la intemporal obra maestra de Shakespeare. (Universal Pictures International Spain)
Dónde se puede ver la película en streaming
Esculpir el sufrimiento
Cuando Gian Lorenzo Bernini esculpió ese cénit artístico que es El rapto de Proserpina, no pudo sino destruir el bloque de mármol que contenía en su interior las formas todavía inconcretas del secuestro de Hades a la joven Perséfone. Resulta incluso paradójico concebir que las pétreas manos del dios que inciden en el muslo desnudo de la joven fueron un día mármol que ineludiblemente tuvo que ser destruido para ser significado. Es en ese desafío del hombre a la materia, donde la destrucción física encuentra reminiscencias con la emocional, donde una fusión simbiótica hace converger el dolor y la belleza, conformando así un único ente indisoluble e indistinguible.
En esa necesidad natural de querer significar el sufrimiento, el hombre ha encontrado —o necesitado encontrar— la sublimación artística. Chloé Zhao articula esta creencia como eje narrativo transversal de su nuevo proyecto, Hamnet, en el marco de la creación de la obra Hamlet, inspirada por la muerte del hijo de William Shakespeare. La célebre realizadora ha optado por subvertir la narración convencional del biopic para no solo centrarse en la emocionalidad de sus protagonistas, sino en la de la mujer del dramaturgo, Agnes.
Intimismo mercantilizado
Chloé Zhao, realizadora que ha demostrado en más de una ocasión una sensibilidad cómoda para la industria, una ética humanista que elide lo escabroso de sus narraciones para, por una parte, no convertir sus relatos en ensayos sociológicos en una búsqueda ético-formal de ese elusivo proceso conocido como avanzar y, por otra, para no incomodar al gran público, construyendo historias de aplauso fácil.
Y es que su carrera —obviando Eternals— se ha articulado a través de la psicología de personajes cautivos entre el fin del pasado y la llegada del presente, personajes que se encuentran en pleno proceso emocional de aceptación del cambio. Ejemplo paradigmático son aquellos crepusculares lienzos impresionistas que la china componía junto a su habitual director de fotografía, Joshua James Richards, para materializar la conversión vital que vivía el personaje de Frances McDormand y su concepción cíclica de la existencia como eterno viaje. Pero incluso ya en esa sensible cinta, se eludían los procesos que habían llevado a esa situación a la protagonista, aquellas circunstancias —inequívocamente ligadas al avance desbocado de los procesos económicos y las macrocorporaciones— que le habían llevado a perder toda tenencia material.
El sepulcro de la sensibilidad
Esa moral cómoda que en Nomadland ya resultaba algo molesta resulta ahora clamorosa en Hamnet, pues todo el filme es la constatación de la pérdida de libertad —y sensibilidad— que el cine independiente otorgaba a la cineasta y de cómo este se ha visto subordinado por la mercantilización artística de las grandes compañías. Donde antes la cineasta dejaba respirar cada una de sus composiciones, con el ritmo sosegado que necesitaba la narración, ahora avanza atropellada a pesar de intentar acercarse al intimismo. Donde antes sus personajes eran un enigma a descifrar por el espectador, ahora son meras concepciones estáticas que configuran sus cambios emocionales por necesidades argumentales más que por su propia inercia psicológica.
El personaje nuclear sobre el que gira el relato es el de Agnes Shakespeare, la joven esposa del incipiente dramaturgo, que, sin justificación alguna, está conectada ancestralmente con fuerzas telúricas que actúan arbitrariamente y por puras necesidades dramatúrgicas. El realismo mágico que emplea Chloé Zhao sería equivalente a la homosexualidad de Cervantes en El cautivo, actuando como la licencia artística que los cineastas emplean para justificar su proyecto o, por lo menos, su razón de ser. Pero, igual que el realismo mágico de García Márquez, Allende o Rulfo operaba en una dimensión alegórica para reflejar ciertas realidades demasiado crudas como para mostrarlas de manera naturalista, el de Zhao es fin y no medio, justificando toda acción del esquizoide personaje de Jessie Buckley con su conexión extrasensorial con la tierra —elemento que, pasada una hora de metraje, se abandona sin ninguna explicación—.
Clímax sepultado
Todo lo anteriormente citado aderezado con lugares comunes, diálogos impostados y cierta sensación constante de montaje abrupto y elisión de momentos clave para entender la emocionalidad de los personajes, resulta en una primera hora farragosa hasta la extenuación, que presenta subtramas intrascendentes que no encuentran resonancia ninguna con el relato central ni interés espectatorial.
La tesis temática que Chloé Zhao presenta, aquella en la que el ejercicio artístico sublima el sufrimiento —una tesis manida, pero de funcionamiento incuestionable— encuentra su cristalización material en el clímax de la cinta, cuando se representa por primera vez la obra de Hamlet, en una secuencia cuidadosamente hilvanada y con una puesta en escena planteada desde la sensibilidad autoral, que todo el metraje anterior había sepultado por cuestiones mercantiles. Ese aria final, magistralmente compuesto —y sobre el que claramente se articuló toda la concepción de Hamnet—, se ve lastrada por todo un recitativo anterior atestado de subrayados innecesarios, burdas sugestiones al espectador y, lo más inexplicable, una dirección terriblemente estática para una cinta de pasión desbordada.
Conclusión de 'Hamnet'
Hamnet es el fútil intento de Chloé Zhao de abordar la creación de una de las mayores composiciones dramáticas de la historia, que, debido a su intento desesperado por abarcar al gran público por cuestiones mercantiles, sepulta la exquisita sensibilidad de su propia autora. Todo un atajo de subrayados emocionales y dramatúrgicos, personajes indefinidos y una tesis manida que solo encuentra materialización en su exquisito planteamiento climático, decepcionando así a un espectador acostumbrado a la excelencia artística de Zhao, que inexplicablemente, parece haber convencido a la crítica y al público con este irregular trabajo.
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