Hace poco, el compositor alemán, Hans Zimmer (Interestelar) ha cumplido 68 años. Con una carrera musical imparable, se ha convertido en uno de los músicos cinematográficos más importantes que existe en la actualidad. En este artículo vamos a rendirle homenaje, descubriendo como creció musicalmente, desde sus inicios como productor hasta su llegada a Hollywood y su consolidación.
Hans Zimmer Parte 1
Inicios junto a Stanley Myers
Hans Zimmer nació en Frankfurt (Alemania) el 12 de Septiembre de 1952.
En su niñez y debido a la temprana muerte de su padre, el pequeño Hans se refugió en la música, aprendiendo a tocar el piano, convirtiéndose en un auténtico experto, a pesar de eso, el compositor ha declarado que acabó odiando este instrumento.
Años más tarde se trasladó a Londres, donde en pleno nacimiento de la era New Wave, tuvo lugar sus inicios junto al músico Stanley Myers, que lo introdujo en la música de cine, colaborando junto a él en diversos films, como la segunda parte de Historia de O (1984), o su primer éxito, el film independiente, Mi hermosa Lavandería (1985) donde también compuso el tema principal.
Creciendo en los 80
El joven Hans Zimmer, prosiguió su carrera, no tan sólo colaborando con Myers en films como The Wind (1987) o The Zero Boys (1986), en donde empezaba a encontrar su identidad bajo el estilo electrónico que jugaba entre el techno y el pop, también lo hizo como productor musical.
Algo que le permitió seguir creciendo en los 80, aproximándose a nuestro país, colaborando con artistas como Mecano, con los que estuvo de gira.
El despegue con Barry Levinson
Su primera oportunidad en solitario, llegó con A world apart (1988)
una composición en la que el músico alemán, supo demostrar su verdadera personalidad.
Este trabajo, le proporcionó el despegue con Barry Levinson, ofreciéndole su pasaporte a Hollywood, para componer la música de Rain Man (1989)
Asalto a Hollywood
Su excelente composición para Rain Man, donde claramente se desenvolvía como pez en el agua, con un sonido fresco y novedoso, llamó la atención de la gran industria.
Esta partitura supuso para Hans Zimmer, el asalto a Hollywood , logrando nada menos que una primera nominación a los Oscar de la academia.
La nueva promesa
Tras Rain Man, no pararon de llegar ofertas, aunque el futuro músico de Gladiator, no olvidaba sus humildes comienzos, regresando a producciones independientes como Burning Secret (1988) o Diamond Skulls (1989).
Hans Zimmer por aquel entonces se había convertido en la nueva promesa de la música de cine, llamando la atención del director Ridley Scott
El director de Blade Runner, pensó y con buen acierto que el prometedor músico era el candidato perfecto para realizar la música de su nuevo film, Black Rain (1989)
Un portentoso trabajo, donde impera la fusión de sonidos electrónicos y orientales, que saben personalizar la acción y la ciudad japonesa de Osaka.
Para mí y siempre lo diré, este trabajo me permitió descubrirlo y se convirtió en mi preferido del compositor alemán.
Carrera hacia el estrellato
Tras Black Rain, Hans Zimmer dejó claro que había llegado para cambiar la música de cine, a través de un sonido contundente y la construcción de excelentes leitmotivs.
En el film de Ridley Scott, el músico de interestelar colaboró por primera vez junto a Shirley Walker (Batman: la Máscara del Fantasma)
Una compositora que tristemente no está entre nosotros y que fue pieza principal en los inicios de Danny Elfman.
La carrera hacia el estrellato de Zimmer no se detenía, porque seguidamente, el director Bruce Beresford lo contrató para crear la música de su film Paseando a Miss Daisy (1989)
Un trabajo que le permite introducirse en el género de la comedia. Identificando a la pareja protagonista, a través de una simpática melodía, interpretada por el clarinete.
Esta composición le valió su primera nominación a los premios Grammy.
Música acelerada
Siguieron nuevas propuestas como Dos Pájaros a Tiro (1990) donde trabaja por primera vez con John Badham y Chicago Joe and The Show Girl que le vuelve a reunir junto a Bernard Rose, con quien colaboró en Paperhouse (1988).
Regresa a Hollywood para trabajar en Días de Trueno (1990) el nuevo film del añorado Tony Scott (Imparable).
Una producción donde Hans Zimmer despliega todas sus armas musicales, volviéndonos locos con una música acelerada que simula perfectamente la velocidad de los vehículos de la Nascar.
Creando un auténtico espectáculo musical, en el que se adentra en la tensión de la competición, adornado por la potente guitarra eléctrica de Jeff Beck.
Nos vemos en la segunda parte
Detenemos este repaso a la carrera cinematográfica de Hans Zimmer en este punto.
Nos vemos en la segunda parte, donde continuaremos su imparable ascensión en los 90 hasta conseguir su primer Oscar, que le valió su reconocimiento ante la industria.
A partir de ahí.... Nadie lo pudo parar
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