Invisibles (2025) es el primer largometraje de ficción de la cineasta canadiense Junna Chif, una película que aborda dos realidades habitualmente relegadas a los márgenes de la representación audiovisual: el trabajo sexual y la sexualidad de las personas con discapacidad. Lejos de plantear estos asuntos desde el prejuicio o el sensacionalismo, la directora propone una mirada centrada en la intimidad, el deseo, la autonomía y la dignidad. Preestrenada en España en la Sección Oficial del 32 Festival de Cine Francés de Málaga. Su recorrido internacional incluye el festival Cinemania de Montreal y el Tallinn Black Nights Film Festival.



Invisibles

Crítica de 'Invisibles (2025)'

Ficha Técnica

Título: Invisibles
Título original: Invisibles

Reparto:
Nadia Essadiqi (Elizabeth)
Floyd Lapierre-Poupart (Floyd)
Stéphane Crête (François)
Victor Andres Turgeon-Trelles (Marco)
Catherine Bérubé (Caroline)
Patrick Desjardins (Frédérick)
Tatiana Zinga Botao (Marie)
Christina Ainsworth (Cantante)
Catherine Beauchemin (Cath - amie TDS fiesta 1)
Nathalie Breuer (Profesora)

Año: 2025
Duración: 94 min.
País: Canadá
Director: Junna Chif
Guion: Junna Chif, Isabelle Raynauld
Fotografía: Louka Boutin
Música: Pierre-Philippe Côté
Género: Drama
Distribuidor:

IMDB

Tráiler de 'Invisibles (2025)'

Sinopsis

Elizabeth, una orgullosa trabajadora sexual y bailarina burlesque, empieza a cuestionar sus decisiones tras conocer a un nuevo cliente con discapacidad que desafía su percepción de la intimidad. Comparte sus dudas con su compañera de piso y amiga Caroline, quien desaprueba su creciente empatía.



Trabajadoras sexuales y discapacidades físicas

La ópera prima de Junna Chif realizada en el año 2025 compitió en el Festival Cinemania: Concurso de Films de Quebec (Canadá), siendo galardonada con el Premio a la Mejor Película Quebequense y el Premio a la Mejor Dirección. Invisibles (2025) hace una mirada muy íntima y sin prejuicios sobre la sexualidad y las discapacidades físicas graves.

El argumento aborda dos temas tan delicados como polémicos pero con gran naturalidad y respeto, sobre los colectivos de las trabajadoras sexuales y de las personas con discapacidad, dos amplios grupos sociales habitualmente invisibilizados, representados con ese acertado título de Invisibles. En su presentación la directora comentó que son temas muy importantes pero muy poco representados en la cinematografía y aún menos con una mirada positiva sin prejuicios ni victimización. El título resume con precisión el sentido de la obra. Ser invisible no significa necesariamente pasar desapercibido. También puede consistir en ser observado desde una idea preconcebida que impide reconocer a la persona que existe detrás.

Elizabeth y François, personajes protagonistas de la película, viven esa paradoja desde posiciones diferentes, pero ambos se enfrentan a una mirada social que condiciona la manera en que pueden expresar su identidad. Invisibles propone sustituir esa distancia por una aproximación más atenta, capaz de reconocer al otro sin imponerle una definición previa.

La película surgió hace unos diez años, cuando leyó un artículo sobre la asistencia sexual de las discapacidades. Por ello ante la escasa presencia de esas realidades quiso hacerla visible de manera delicada y respetuosa, no exenta de sensualidad y mirada alegre. La actitud abierta y el tratamiento del guion con ternura pero sin sensiblería ñoña, está presente en el argumento desde el comienzo.

La trama sabe presentar de manera muy satisfactoria ambas realidades y su interconexión, a través de su protagonista Eli o Ella (Nadia Essadiqui) que es una trabajadora sexual que de manera casi casual descubre el mundo de la discapacidad a través de la petición de un cliente. A través de ese momento empieza a interesarse por las personas afectadas por grandes limitaciones físicas, y a pesar de los rechazos de algunas compañeras comienza a investigar sobre esas minusvalías y formarse para afrontar su nueva orientación del trabajo.

Nadia Essadiqi

Interpretaciones brillantes de los personajes

De manera progresiva el argumento nos va introduciendo en ese mundo presentando hombres con diferentes diagnósticos y realidades, desde la artogriposis, parálisis cerebral, hidrocefalia, etc, con pequeñas historias donde se van conociendo y avanzando sus tramas. Las secuencias están rodadas con mucho tacto, sensibilidad y sensualidad, haciendo que los espectadores descubran perspectivas desconocidas de la sexualidad y la comunicación, también gracias a un enfoque muy adecuado de las imágenes de los planos por la cámara de Louka Boutin.

Nadia Essadiqi, en el papel de Elizabeth, sostiene el relato desde un personaje que necesita conservar su autonomía incluso cuando comienza a cuestionarse aspectos de su existencia. Su trabajo resulta fundamental para que la protagonista no quede atrapada en una función narrativa demasiado evidente. Elizabeth puede mostrar seguridad en determinados ámbitos y sentirse vulnerable en otros, sin que una actitud anule necesariamente la otra. Esa coexistencia de certezas e inseguridades permite que el personaje se mantenga humano y reconocible.

La presencia de Floyd Lapierre-Poupart como François aporta otra dimensión al relato. Su personaje obliga a mirar más allá de una representación habitual de la discapacidad, frecuentemente centrada en la dependencia o en la superación personal. Aquí, la intimidad adquiere un lugar propio y deja de ser una cuestión secundaria. François no necesita convertirse en un ejemplo inspirador para justificar su presencia en la historia: sus deseos y sus contradicciones tienen valor por sí mismos.

Uno de los principales aciertos de la propuesta es su voluntad de alejarse de las representaciones simplificadoras. Elizabeth no queda reducida a la figura de una mujer que necesita ser rescatada de su profesión, del mismo modo que François no aparece únicamente definido por su discapacidad. Ambos tienen deseos, contradicciones y necesidades afectivas que no desaparecen por las circunstancias que condicionan sus vidas. Invisibles encuentra su sentido precisamente en esa voluntad de devolverles una complejidad que el entorno social suele negarles.

Invisibles 2025 película

Romper los tabúes sobre el deseo, la discapacidad y la sexualidad

Invisibles permite reflexionar sobre la representación del cuerpo en el cine. Las imágenes audiovisuales han contribuido durante décadas a definir qué cuerpos resultan atractivos, cuáles pueden protagonizar historias románticas y cuáles quedan relegados a papeles marginales. Al acercarse a personajes que suelen permanecer fuera de ese imaginario, Junna Chif cuestiona las convenciones que delimitan nuestra idea del deseo. No se trata únicamente de mostrar aquello que habitualmente se oculta, sino de preguntarse por qué se ha considerado necesario ocultarlo.

La dimensión erótica de la película resulta, por tanto, inseparable de su planteamiento social. El burlesque y el trabajo sexual introducen una reflexión sobre la exposición del cuerpo, la mirada ajena y la capacidad de establecer límites. La intimidad no se presenta como una experiencia sencilla ni exenta de tensiones, sino como un espacio en el que intervienen las expectativas, la confianza y las diferencias entre las personas. Esta aproximación permite que la sexualidad forme parte del relato sin convertirse en un mero recurso provocador.

Junna Chif comentó las resistencias que encontró para la producción y la distribución, por los prejuicios no solo por la temática de la sexualidad en la discapacidad, sino principalmente por tratar de manera tan explícita el papel de las asistentes sexuales, tan necesario como invisibilizado socialmente y aún más en el cine.

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Conclusión de 'Invisibles (2025)'

Junna Chif debuta en el largometraje con una propuesta que encuentra su mayor valor en la elección de sus protagonistas y en las preguntas que plantea sobre el deseo, la autonomía y la representación. La directora nos descubre un tema delicado y poco abordado en el cine, como la relación de las asistentes sexuales en las discapacidades físicas graves, saliendo triunfante del gran reto venciendo ideas estereotipadas con su tacto acertado, haciendo creíble y amena la trama. Invisibles (2025) no necesita convertir a sus personajes en héroes ni presentar sus vidas como lecciones para el espectador. Su interés reside en recordar que la intimidad pertenece también a quienes rara vez ocupan el centro de las historias y que ninguna persona debería tener que justificar su derecho a amar, desear o decidir sobre su propio cuerpo.

En definitiva, estamos ante una película que invita a revisar la mirada con la que nos acercamos a quienes consideramos diferentes. Un filme muy interesante no solo para conocer ese mundo ocultado, sino también para cuestionarnos muchos aspectos de los afectos, deseos, aceptación del propio cuerpo y aún mucho más de los físicos alejados de los modelos de cuerpos idealizados con los prototipos fomentados socialmente a través de los medios de comunicación. Gran largometraje recomendable por personas de cualquier edad y circunstancias personales.

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CINEMAGAVIA
8.5 / 10
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Fernando Gálligo Estévez
El cine, muy especialmente en pantalla grande y en versión original, siempre ha estado conmigo en las distintas ciudades donde he vivido. Estar a un lado y al otro de la pantalla me ha hecho amar el cine. Por eso me gusta ser espectador, actor secundario, figurante, reportero y cronista de cine. Desde los 27 años de edad colaborador de prensa cultural y general aportando, a los distintos temas, siempre mi visión cosmopolita y heterodoxa. He publicado hasta ahora siete libros en cuatro editoriales diferentes, siendo mi séptimo libro "Relatos de Cine", editorial Jákara, Málaga, como homenaje al Séptimo Arte. Web profesional https://tresviernes.com
invisibles-2025-pelicula-critica-estreno-cineJunna Chif debuta en el largometraje con una propuesta que encuentra su mayor valor en la elección de sus protagonistas y en las preguntas que plantea sobre el deseo, la autonomía y la representación. La directora nos descubre un tema delicado y poco abordado en el cine, como la relación de las asistentes sexuales en las discapacidades físicas graves, saliendo triunfante del gran reto venciendo ideas estereotipadas con su tacto acertado, haciendo creíble y amena la trama. Invisibles no necesita convertir a sus personajes en héroes ni presentar sus vidas como lecciones para el espectador. Su interés reside en recordar que la intimidad pertenece también a quienes rara vez ocupan el centro de las historias y que ninguna persona debería tener que justificar su derecho a amar, desear o decidir sobre su propio cuerpo.

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