La deriva (Weichen / Dust) es una película dirigida por el cineasta malasio-taiwanés Tsai Ming-liang, uno de los grandes representantes del cine contemplativo y de la llamada Nueva Ola Taiwanesa. La película tiene una duración de 80 minutos, está coproducida por España y Taiwán y está protagonizada por Lee Kang-sheng, colaborador habitual y actor fetiche del director. El film carece prácticamente de diálogo y concede todo el protagonismo a los cuerpos, los paisajes, los sonidos y la duración de los planos. Un Caminante se cruza con un viejo caserío vasco, personas anónimas, una mujer que bebe agua, otra que fuma, jóvenes reunidos en un bar de rock y habitantes de la Parte Vieja. La ciudad deja así de funcionar como simple escenario para convertirse en parte fundamental de la experiencia cinematográfica. Estreno el 9 de octubre de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'La deriva'
Ficha Técnica
Título: La deriva
Título original: Weichen / Dust
Reparto:
Kang-sheng Lee
Año: 2026
Duración: 80 min.
País: Taiwán
Director: Tsai Ming-liang
Guion: Tsai Ming-liang
Fotografía: Néstor Urbieta, Adrián Corés del Río
Música:
Género: Drama. Religión
Distribuidor: Vitrine Filmes
Tráiler de 'La deriva'
Sinopsis
El Caminante llega a San Sebastián, un paisaje de luminosa belleza. Una franja de color rojo ocre se mueve lentamente a través de los bosques y a lo largo del borde del viento y el mar, entre el ruido de la noche y la quietud del día. Con pasos pausados, circula ante los ojos de muchos: una figura tranquila en la inmensidad del mundo, dejando una huella fugaz en la memoria de los desconocidos. El pasado y el presente se funden entre sí. Tanto la creación como la naturaleza se disuelven en polvo.
Caminar hasta desaparecer
La idea tiene interés. También tiene algo hipnótico. El problema es que La deriva parece confiar demasiado en que esa contemplación, por sí misma, va a generar una experiencia emocional profunda. Y no siempre ocurre. Hay una diferencia entre el cine contemplativo que invita a pensar y aquel que simplemente prolonga una imagen hasta convertirla en una prueba de resistencia para el espectador.
El pasado y el presente, la naturaleza y la creación, lo humano y lo espiritual aparecen sugeridos, pero nunca terminan de concretarse demasiado. Es una película que prefiere insinuar antes que explicar, algo perfectamente legítimo, aunque en ocasiones da la sensación de que detrás de tanta abstracción hay menos contenido del que la puesta en escena pretende transmitir.
La paciencia como método
Tsai Ming-liang es un director con una personalidad cinematográfica perfectamente reconocible y aquí no renuncia a ninguna de sus señas de identidad. Los planos largos, los silencios, los cuerpos aislados dentro del paisaje y esa utilización del tiempo como materia narrativa forman parte de un cine que no tiene ningún interés en facilitarle las cosas al espectador.
La deriva es tan consciente de su propia condición contemplativa que por momentos parece más interesada en demostrar su paciencia que en transmitir algo. La lentitud deja de ser una herramienta y se convierte en el contenido principal. Y cuando eso ocurre, la experiencia empieza a sentirse algo vacía.
Un cuerpo antes que un personaje
El Caminante no necesita tener una psicología desarrollada porque, en realidad, funciona como una especie de símbolo. Representa al individuo frente a la inmensidad, al ser humano reducido a una pequeña figura dentro de un paisaje que lo supera. Su presencia casi fantasmagórica permite que el espectador proyecte sobre él sus propias interpretaciones.
Y aquí creo que está uno de los problemas fundamentales de La deriva, hay momentos en los que uno entiende perfectamente lo que Tsai Ming-liang está buscando, pero no necesariamente siente lo mismo que la película quiere provocar. Comprender una intención artística no implica que esa intención funcione emocionalmente.
La belleza es el argumento
La fotografía juega con la luz natural y con una paleta que convierte los bosques, el mar y los espacios urbanos en lugares de contemplación. Hay imágenes que parecen pinturas en movimiento. La composición de los planos tiene una precisión evidente y demuestra que cada encuadre está pensado con muchísimo cuidado.
Pero precisamente porque La deriva apuesta tanto por la belleza formal, en ocasiones esa belleza termina siendo su principal argumento. Hay imágenes hermosas porque sí, y no siempre porque estén aportando algo nuevo a la experiencia.
Conclusión de 'La deriva'
La deriva es una película interesante, visualmente poderosa y muy personal, pero también demasiado cerrada sobre sí misma. El viaje tiene imágenes que merecen ser recordadas, aunque el destino, al menos para mí, resulta bastante menos estimulante que el camino.
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