La felicidad de los Katakuri aúna un poco de todo aquello que conforma la sociedad japonesa tan propensa al colorido y a los excesos de la cultura pop y la creciente tecnología así como representante de prácticas artísticas que van desde la música, la danza o las artes marciales a la escritura o al cine. Es de esta manera como Takashi Miike ha conseguido desarrollar una obra audiovisual capaz de deformar la realidad de una familia desempleada, sin recursos y, prácticamente, sin felicidad, bajo un prisma surrealista y fantástico donde lo imposible termina sucediendo y en el cual prima el desconcierto.



La felicidad de los Katakuri

Crítica de ‘La felicidad de los Katakuri’

Ficha Técnica

Título: La felicidad de los Katakuri
Título original: Katakuri-ke no kôfuku (The Happiness of the Katakuris)

Reparto:
Kenji Sawada (Masao Katakuri)
Keiko Matsuzaka (Terue Katakuri)
Shinji Takeda (Masayuki Katakuri)
Naomi Nishida (Shizue Katakuri)
Kiyoshiro Imawano (Richâdo Sagawa)
Tetsurô Tanba (Grandpa Jinpei Katakuri)
Ken’ichi Endô (Kudou)
Tokitoshi Shiota (Primer invitado)
Yoshiyuki Morishita (Policía Miyaki)

Año: 2001
Duración: 113 min.
País: Japón
Director: Takashi Miike
Guion: Kikumi Yamagishi
Fotografía: Hideo Yamamoto
Música: Kôji Endô, Kôji Makaino
Género: Terror. comedia
Distribuidor: Notro Films

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Tráiler

Sinopsis

La familia Katakuri acaba de abrir una casa de huéspedes en las montañas, pero con la mala fortuna que su primer cliente se les suicida. Para evitar problemas deciden enterrarlo en el jardín. Las cosas no mejoran con su segundo cliente: un famoso luchador de sumo que muere teniendo sexo con una menor….



Los Katakuri

Como parte de la esencia del filme, La felicidad de los Katakuri presenta la desgracia como punto de unión de la familia. Desde el familiar más joven al más anciano que habitan en el hotel, se encuentran allí debido a algún tipo de situación desdichada: desempleo, divorcio, abandono, encarcelamiento… Y es el edificio que ellos mismos han reformado en una carretera que parece nunca terminar de construirse el que los une casi más que los lazos sanguíneos, pareciendo este el núcleo de los infortunios de la familia.

Este modesto hotel rural resulta poco rentable para los Katakuri, quienes con el padre en cabeza, nunca desisten en su empeño de hacerlo funcionar. Es así como finalmente aparece su primer cliente, un extraño hombre de traje que termina suicidándose esa misma noche en una de las habitaciones. La familia decide envolver el cuerpo en tela y cuerdas y enterrarlo en un hoyo cavado a la vera del río. Sin embargo, no se imaginarían que repetirían el procedimiento un par de veces más, arriesgando la estabilidad y la reputación del hotel. Además, del mismo modo que los personajes sufren un seguido de tragedias conjuntas, también esta entrañable familia lidia con su propio sufrir de manera personal e individual.

La felicidad de los Katakuri
Foto de Notro Films

La felicidad

A pesar de lo bizarro e insólito de una trama que mezcla aspectos totalmente descabellados, La felicidad de los Katakuri presenta una consistencia mucho más sólida de lo que aparenta. Es por ello que la presencia del humor negro, las escenas musicales así como el stop motion resultan divertidas y bien recibidas por un público dispuesto a desvelar cuál es la clave para que los Katakuri consigan su deseada felicidad.

¿Y cuál es esta clave? Resulta bien sencillo. Takashi Miike desdibuja unos personajes que buscan la felicidad radicalmente, a pesar de todas las adversidades que tengan que lidiar para ello. Todo lo que hacen y todo lo que sufren es para conseguir llegar a su objetivo más deseado: la felicidad.

Por otra parte, se presenta una clara visión crítica de la sociedad japonesa en cuanto a diferentes cuestiones como podrían ser las apariencias, la ya nombrada mala suerte o el sexo. Comenzando por la primera, estas conforman un punto clave en las relaciones interpersonales pues es la primera impresión que se recibe de una persona y se tiende a juzgar por ellas.

En La felicidad de los Katakuri, el hotel es aparentemente bello, níveo e impoluto, y la familia parece cordial y agradable; mas por dentro el edificio no es más que un antro de muerte y desgracia así como los Katakuri son capaces de manchar sus manos de sangre con tal de sacar el alojamiento a flote. Además, el sexo se muestra a través de las relaciones sexuales que mantiene un desesperado luchador de sumo con una menor de edad. Este tema polémico y tratado hasta la saciedad recibe un trágico —al menos para uno de los personajes, dependiendo de con qué ojos se mire— final.

La felicidad de los Katakuri
Foto de Notro Films

Aspectos técnicos

Como ya ha sido mencionado, el empleo de la técnica stop motion en un buen número de escenas resulta gratificante pues es empleado para representar escenas con alto contenido dramático e incluso gore de manera que resulta innovador y menos desagradable de lo que podría ser con un reparto humano.

Asimismo, destaca lo que aprecio denominar feísmo, estimulado a través de unos efectos pobres de posproducción y unos escasos efectos especiales. Esta estética contrastada con una fotografía mucho más colorida de lo que podría ser una visualización de la desdichada vida de los Katakuri otorgan un valor supeditado al surrealismo y a la singularidad. Todo esto completado con una banda sonora y unos fragmentos musicales con baile incluido que aportan un toque de humor un tanto oscuro en el que incluso participan zombies, alza el valor de este excéntrico drama familiar.

The Happiness of the Katakuris
Foto de Notro Films

Conclusión de ‘La felicidad de los Katakuri’

En conclusión, la película presenta a una familia en constante búsqueda de la felicidad mediante una narrativa grotesca y bizarra que encamina al espectador a razonar sobre el prólogo de la obra, una especie de ciclo de la vida donde siempre existirá un animal más grande que termine devorando al inicial, sin embargo este primero termina resurgiendo.

Poniendo esta secuencia inicial en contraste con la final y planteando de nuevo cuál es la clave de la felicidad, La felicidad de los Katakuri trata precisamente sobre eso: esforzarse y reinventarse a niveles inimaginables y, si es necesario, volver a nacer para al final, conseguir un hotel en el medio de las inmensas llanuras, rodeado de hermosos parajes naturales y de lo que más vida le da al edificio: la familia.

Takashi Miike dirige con La felicidad de los Katakuri una de sus obras más reconocidas, un desenfrenado y casi mágico drama familiar envuelto de locura donde además de qué se cuenta, destaca la insolente e ingeniosa manera empleada para contarlo.

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