Sé que puede parecer una locura, pero el que podamos hablar de una película como La Gallina (Hen) es un gran motivo de celebración, pues se trata de la nueva película de György Pálfi. Autor total, a lo largo de las dos últimas décadas se ha impulsado como una de las caras más reconocibles del cine experimental europeo, un habitual de los grandes festivales quien no dejó a nadie indiferente con Taxidermia o Final Cut: Ladies & Gentlemen. Ahora, con motivo de su participación en la sección Earth del Atlàntida Mallorca Film Fest organizado por Filmin, vengo a contaros qué tal está su última película y si mantiene el nivel de creatividad habitual en su filmografía. Una singular fábula protagonizada por una gallina que se pierde y emprende un inesperado viaje.
Crítica de 'La Gallina (Hen)'
Ficha Técnica
Título: La gallina
Título original: Kota
Reparto:
Yannis Kokiasmenos (Dueño de restaurante)
Maria Diakopanayotou (La niña)
Argiris Pantazaras (El niño)
Machmout Bamerni (Contrabandista)
Chronis Barbarian (Contrabandista)
Antonis Kafetzopoulos (Jefe contrabandista)
Nikos Kattis (Contrabandista)
Dimitris Pelekis (Policía)
Antonis Tsiotsiopoulos (Guardaespaldas)
Año: 2025
Duración: 96 min.
País: Hungría
Director: György Pálfi
Guion: György Pálfi, Zsófia Ruttkay
Fotografía: Giorgos Karvelas
Música: Szabolcs Szoke
Género: Drama. Comedia
Distribuidor:
Tráiler de 'La gallina'
Sinopsis
Escapando de una granja de pollos, una gallina encuentra refugio en el patio de un restaurante que se cae a pedazos. Allí descubre el amor, se enfrenta al orden jerárquico y lucha para proteger sus huevos de un dueño codicioso. Su divertida pero conmovedora búsqueda de la maternidad refleja nuestras propias vidas, no tan alejadas de las dinámicas del reino animal.
Dónde se puede ver la película en streaming
Se hace camino al andar (y al cacarear)
La Gallina (Hen) narra, como bien indica su título, la vida de una pequeña ave de corral su mismísimo nacimiento en una granja avícola, presentando su posterior huida de esta y las desventuras que vive mientras busca un lugar al que poder llamar hogar. Sé que, sobre el papel, la cinta de György Pálfi puede sonar a una historia cliché con tintes sentimentalistas, una historia de animales que hablan y que son humanizados, pero nada más lejos de la realidad. Eso sería ir por el camino fácil, y si algo ha demostrado en su carrera el cineasta húngaro es que esa no es su forma de trabajar.
Lo que en La Gallina encontramos es una historia sobre el sentido de la vida y sobre la condición animal, marcada por una notable frialdad a la hora de señalar la crudeza a la que se enfrentan día a día la mayoría de seres vivos. Nuestra simpática protagonista no habla, no narra, simplemente actúa por instintos y, en menor medida, por acciones medianamente lógicas. Aunque la presencia de estas se entiende como una licencia artística y narrativa para avanzar la trama y resaltar algunos de los temas de la cinta, llegan a sobrar. A fin de cuentas, el verdadero triunfo de la cinta se encuentra en su mirada semidocumental, en que sea el propio espectador el que construya la presunta personalidad de los animales que se muestran en pantalla.
Pues lo que consigue György Pálfi en La Gallina es que el espectador empatice con una gallina únicamente a través de sus acciones y de la forma que estas son captadas. Resulta natural y acertado que la cámara se coloque constantemente a baja altura y con el encuadre abierto, pues observamos únicamente a un ser indefenso que no comprende el mundo en el que se mueve. No sabemos de dónde le pueden llegar los depredadores o qué se va a encontrar tras girar una esquina, lo que da pie a verdaderos momentos de tensión que hacen que la película atrape rápidamente.
Una odisea para aves de corral
La narrativa de La Gallina también brilla con especial fuerza, a pesar de que cuenta con alguna que otra laguna que enlentece el ritmo general de la cinta. Así, desde el primer momento lo que narra la cinta es la historia de un trayecto, una suerte de odisea en la que la gallina se va encontrando toda clase de peligros y enredos. No hay nada extraordinario, todo lo que ocurre son, hasta cierto punto, aspectos comunes en el día a día de la mayoría de personas, pero visto desde la perspectiva de una gallina todo se vuelve mucho más impactante.
Quizá es en su último tercio, una vez el trayecto parece que finaliza y se da una mayor importancia a algunos personajes humanos, cuando la trama de la cinta más sufre. Se plantean así aspectos que desentonan con el argumento general de la cinta y que parecen complicar el guion en exceso. A pesar de esto, La Gallina conserva la capacidad para dar algún golpe emocional, derivando en un final decente que cierra bien el trayecto de nuestra ave protagonista.
Más allá del guion, habría que destacar la leve presencia de la banda sonora musical, que permite adentrarse aún más en la estética naturalista de la cinta. También destaca su tratamiento de la iluminación, que varía enormemente aunque sin perder ni un ápice de calidad. Por un lado, la iluminación naturalista en exteriores funciona a las mil maravillas, mientras que el tratamiento en interiores, algo más orquestado, permite acercar la mirada del espectador a donde solo un animal podría observar.
Conclusión de 'La Gallina (Hen)'
La Gallina (Hen) es una más que agradable sorpresa, una película emocionante y sincera que ofrece una mirada cruda sobre la vida y sobre el trato a los animales. Un experimento original, atrevido, que encaja bien dentro de la trayectoria de György Pálfi y que se alza como uno de sus proyectos más acertados.
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