La Strada es un cuento universal que recoge de alguna manera la base sobre la que se asienta la peculiar cinematografía del cineasta italiano Federico Fellini.

La cinta, rodada en el clásico blanco y negro, es un instrumento perfecto para introducirse en la filmografía de Fellini para quien aún no la conozca.

Federico Fellini ganó con La Strada el Festival de Venecia en el año 1954 en la categoría de Mejor Director y fue la primera película de la historia que obtuvo el Premio Óscar de la Academia en la categoría de mejor película en habla no inglesa.



La Strada

Crítica de La Strada

Ficha Técnica

Título: La Strada
Título original: La Strada

Reparto:
Giulietta Masina (Gelsomina)
Anthony Quinn (Zampanò)
Richard Basehart (El Loco)
Aldo Silvani (Sr. Girafa)
Marcella Rovere (La Viuda)
Livia Venturini (La Hermana)

Año: 1954
Duración: 103 min.
País: Italia
Director: Federico Fellini
Guion: Tullio Pinelli, Federico Fellini
Fotografía: Otello Martelli (B&W)
Música: Nino Rota
Género: Drama
Distribuidor: —-

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Sinopsis

El forzudo campeón de halterofilia Zampano, que actúa rompiendo cadenas con su pecho por los pueblos junto a su inocente y servil novia Gelsomina (la cual le compró a su madre por 10.000 liras y una pequeña cantidad de comida), se unen al payaso trapecista Matto para formar una curiosa troupe de circo itinerante. Pero la colaboración entre todos no dura demasiado. Preocupado por lo mal y violentamente que suele tratar Zampano a la dulce Gelsomina, con habituales episodios de maltrato físico, Matto intenta convencerla para que huya con él. Sin embargo, Gelsomina, como si fuera una mascota fiel, rechaza todas las oportunidades para abandonar al forzudo. Al final, el temperamento volcánico de Zampano empieza a estallar demasiado a menudo, lo que sólo puede terminar acarreando trágicas consecuencias. (Sensacine)

Premios

  • Óscar: Mejor película de habla no inglesa. 2 nominaciones. 1956
  • Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera. 1956
  • National Board of Review: Top mejores películas extranjeras. 1956
  • Premios BAFTA: Nominada a mejor película y actriz extranjera (Masina). 1955
  • Festival de Venecia: León de Plata (mejor director). 1954


La historia de Gelsomina y Zampanó

La Strada nos cuenta la vida de Zampanó (Anthony Quinn) que es un artista ambulante sin escrúpulos que se gana la vida con pequeños espectáculos circenses por los pueblos de la empobrecida Italia de los años cincuenta del siglo pasado.

Para que sus espectáculos tengan éxito, necesita a una compañera que sirva como animadora y para que pueda pasar el sombrero recogiendo las propinas que pueda obtener de las representaciones artísticas.

La Strada

Con tal motivo, decide comprar a la joven muchacha Gelsomina (Giuletta Masina), sobornando y pagando a su madre que sumida en la miseria acepta el trato para poder mantener al resto de su familia.

Aromas a ‘La bella y la bestia’

En La Strada podemos encontrar reminiscencias con el cuento de hadas francés La bella y la bestia pero cambiando enfoques, perspectivas e invirtiendo los términos de muchos de aquellos personajes.

En esta ocasión Zampanó es una verdadera bestia humana pero lejos de poseer lujosos castillos, su centro de poder se asienta en un triste carromato que arrastra con una motocicleta tan desgastada como su propia vida.  Por contraste, Gelsomina se podría asemejar a «La bella» por su inocencia, dulzura y buen corazón.

La Strada

Aquí es donde Federico Fellini introduciría la mayor variante si admitiéramos la tesis o al menos el parecido razonable (invertido) con el cuento de Gabrielle de Villenueve. Y es que lejos de acentuar los valores morales de Gelsomina adornándola de la belleza clásica de la mujer italiana, Fellini introduce a esta bella de corazón en el rostro de una actriz humilde en sus atributos físicos.

La apuesta es extraña en el cine y en la propia narrativa de las películas que suelen asociar las virtudes morales a la belleza femenina. Pero la elección no es casual. Federico Fellini desea introducir en la cinematografía un nuevo arquetipo más bien utilizado en personajes masculinos, como es el de la chica poco agraciada pero de excelente corazón.

El Neorrealismo y su contexto social en Italia

La Strada data del año 1954 cuando la posguerra en Italia aún causaba estragos entre la población y la pobreza se hallaba extendida en buena parte de las capas sociales del país transalpino.

Aunque se podría enmarcar dentro del Neorrealismo cinematográfico italiano, Federico Fellini apuesta en La Strada por romper de alguna manera con este movimiento. Esto marcará un punto de inflexión para que el cine italiano transite el camino que le llevará del cine social a otra cinematografía en el que los conceptos más artísticos también tengan su cabida.

Cabe recordar que el Neorrealismo venía marcado por un cine de estilo casi documental en el que se buscaba principalmente remarcar la grave situación económica italiana.

Un buen ejemplo es la película El ladrón de bicicletas de Vitorio De Sica del año 1948 y en la que el hambre, la miseria y el desempleo eran los únicos hechos a denunciar por encima del estilo conceptual de cada artista.

La Strada

Es entonces cuando Federico Fellini sin dejar de remarcar la trágica situación que azotaba más si cabe al medio rural italiano, decide apostar por volver a introducir elementos artísticos en el cine italiano. Incluso en La Strada, hasta poéticos. Su apuesta era además una manera de desarrollar, ya sin concesiones, a sus personajes siempre tan especiales, estrambóticos, patéticos, dulces en ocasiones, y amargos en otras, que lo llevaron a crear un estilo tan personal y característico.

El mundo de Fellini y la música

El mundo artístico de Federico Fellini ya era una realidad y sus influencias llegan hasta nuestros días de manos de numerosos directores. La Strada nace con vocación de ser una especie de memorándum del universo del cineasta con situaciones y personajes surrealistas. El director conversa con el espectador en torno a la religión, la belleza, la emoción, o el propio circo como medio de expresión de sus gustos más personales.

La música era otro punto de apoyo importante para conseguir transmitir las emociones presentadas en la propuesta. Eso estaba asegurado con los compases del gran Nino Rota, y con la tensión sinfónica que siempre nos regalaba en sus composiciones. De hecho el tema principal de la película reseñada hoy, engarza de alguna manera con el tema central de la película El Padrino, y el cual supuso para el compositor italiano la máxima celebridad entre los creadores de música de cine.

Interpretaciones memorables

Completando la gran actuación de Giulletta Masina con su icónica Gelsomina, nos encontramos quizás con el mejor momento de Anthony Quinn representando con acierto a la bestia humana de Zampanó. Con estas dos almas contrapuestas y como dos polos que se atraen, el director italiano busca transitar un camino de autodestrucción en un bucle de amor, odio, necesidad y ofuscación en la que la frustración/felicidad van apareciendo según las necesidades narrativas de la propuesta.

La Strada

El tercer personaje en la película sirve de nexo de unión para poder comprender estos mundos tan distintos. Se trata de «El loco» interpretado sabiamente por Richard Basehart y que es otro artista ambulante que se cruza en la vida de la pareja protagonista.

Una de las secuencias más importante de la película se produce en una conversación en la que «El loco» hace ver a Gelsomina que todo hombre o mujer tiene un propósito en la vida. Federico Fellini utiliza en este caso una metáfora en forma de algo tan sencillo como una piedra, para transmitir a través del humanismo, la importancia de cada individuo como bien común de una sociedad que se corrompe por momentos.

Conclusión

La Strada es una conmovedora filmación sobre el comportamiento humano con la que Federico Fellini despliega todo su universo mágico y sentimental.

Gelosmina y Zampanó son dos de sus criaturas más especiales y contrapuestas con las que da salida a su movimiento de ruptura con el Neorrealismo.

En definitiva, La Strada de Federico Fellini, es cine con mayúsculas y todo un clásico de la cinematografía italiana.

Este artículo puedes leerlo también en el Blog Cine y Críticas Marcianas

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