La Biznaga de Oro a Mejor Película Iberoamericana en el reciente Festival de Cine de Málaga ha sido para El Ladrón de perros, una coproducción de Bolivia, Chile, México y Ecuador. Una bella historia sobre la discriminación, marginación social y la búsqueda de la identidad. En ella, un limpiabotas adolescente y huérfano de La Paz se enfrenta a las dificultades de la vida en un mundo de pobreza y soledad. El director chileno, Vinko Tomicic (El fumigador), convocó un casting en la comunidad de muchachos que limpian calzados en la capital boliviana. Franklin Aro, Martín en la película, sabía muy bien como interpretarlo, ya que él mismo, con sus 14 años de edad, se buscaba la vida con dicha actividad.
Crítica de 'El ladrón de perros'
Resumen
Ficha Técnica
Título: El ladrón de perros
Título original: El ladrón de perros / Perros
Reparto:
Alfredo Castro (Sr. Novoa)
Franklin Aro (Martin)
Teresa Ruiz (Srta. Andrea)
Maria Luque (Gladys)
Julio César Altamirano (Sombras)
Ninón Dávalos (Sra. Ambrosia)
Wolframio Sinué
Kleber Aro (Monedas)
Franklin Aro Huasco (Martin)
Año: 2024
Duración: 90 min.
País: Bolivia
Director: Vinko Tomicic
Guion: Vinko Tomicic. Historia: Samm Haillay
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Wissam Hojeij
Género: Drama
Distribuidor:
Tráiler de 'El ladrón de perros'
Sinopsis
Martín, un joven huérfano que trabaja como limpiabotas en las calles de La Paz, Bolivia, decide robar el perro de su mejor cliente, un solitario sastre al que ha empezado a imaginar como su padre.
Niños de la calle
En muchas grandes ciudades del mundo, sobre todo en vías de desarrollo, existen niños que son víctimas de abandono por parte de sus familias. Incapaces de mantenerlos ni de protegerlos, viven donde y como pueden.
En El ladrón de perros, Martín es huérfano de madre y nunca conoció a su papá, aunque tiene la suerte de vivir acogido en el sótano de una casa. Todo los días sale a la calle con su caja con betún y cepillos para ganar algunas monedas. Se pone un pasamontañas para no ser reconocido debido a la discriminación hacia esa profesión. Una amiga de su madre, una humilde e ignorante mujer que sirve en la casa, es quien le obliga a ir al colegio, también.
Un sastre solitario, el señor Novoa, interpretado por el chileno Alfredo Castro (Polvo serán, Los colonos), ganador de numerosos premios, es su cliente habitual. Suele ir acompañado de su precioso y obediente perro: un lustroso pastor alemán muy bien adiestrado.
En busca del padre
El ladrón de perros, es decir, Martín, guarda celosamente una única foto de su mamá. La idolatra. A menudo pregunta a la sirvienta que la conoció aspectos sobre ella, y sueña con ser adoptado algún día.
El perro del señor Novoa le fascina y sabe que su dueño se siente muy orgulloso de tenerlo. De vez en cuando, se ofrece para ayudarlo en diversas tareas y, poco a poco, irán entablando una relación cada vez más cercana.
Por eso, cuando desaparece el preciado sabueso, el muchacho se ofrecerá a buscarlo y se las ingeniará para ser imprescindible, para pasar más tiempo en su compañía. Compañía que, por otro lado, también será del agrado del sastre, un hombre callado, parco en palabras y de carácter más bien frío y distante.
Si toco la trompeta...
En todos los colegios suele haber actividades extraescolares. La música es una de ellas en el colegio que asiste Martín. Formar parte de la banda es su mayor deseo, por eso consigue comprarse una trompeta de segunda mano con el dinero que tanto le cuesta ganar. Claro que tendrá que aprender a tocarla primero.
El ladrón de perros muestra el estigma que, aún hoy en día, sufren muchas personas por su fisonomía, oficio o situación. Compañeros del colegio se mofarán de él y acosarán de manera habitual, retratando un grave problema que tiene lugar en todo el mundo.
El director de la escuela accederá finalmente a que tome clases de música, siendo un motivo de orgullo para el humilde limpiabotas.
Conclusión de 'El ladrón de perros'
El ladrón de perros es una bella historia sobre la discriminación, marginación social y búsqueda de la identidad. Su director, Vinko Tomicic, aborda de manera sencilla, sin grandes superproducciones, la necesidad de afecto de todo ser humano.
Franklin Aro, un muchacho limpiabotas en la ciudad de La paz, Bolivia, da vida a Martín, el protagonista. Nadie mejor que él para ponerse en su piel y conseguir con destacable naturalidad una carga emocional digna del mejor actor profesional.
Únete a nuestro CANAL DE TELEGRAM