Las hermanas de Manolete llegó al Teatro Fernán Gómez el pasado 8 de enero. Escrita por Alicia Montesquiu y dirigida por Gabriel Olivares, se centra en una ficción, donde participan las mujeres desconocidas del famoso torero y su prematura muerte. Además, cuenta con la interpretación de la propia Montesquiu, Ana Turpin y Alicia Cabrera. Una producción de TeatroLAB y El Reló Producciones que se puede disfrutar hasta el 30 de enero en el Teatro Fernán Gómez de Madrid.



Las hermanas de Manolete

Crítica de 'Las hermanas de Manolete'

Ficha Técnica

Título: Las hermanas de Manolete
Título original: Las hermanas de Manolete

Reparto:
Alicia Montesquiu (Manuela)
Alicia Cabrera (Remedios)
Ana Turpin (Lupe)

Duración: 80 min. apróx.
Dirección: Gabriel Olivares
Dramaturgia: Alicia Montesquiu
Producción ejecutiva:
Gaspar Soria
Ayudante de dirección:
Jesús Redondo
Escenografía:
Marta Guedán
Vestuario:
Mario Pinilla
Iluminación:
Carlos Alzueta
Espacio sonoro:
Ricardo Rey
Asesoría vocal:
Yolanda Ulloa
Asesoría de movimiento:
Andrés Acevedo
Fotografía cartelería:
Javier Biosca
Fotografía y vídeo de escena:
Nacho Peña
Diseño gráfico:
Javier Biosca y Sergio Avargues
Producción: ElReló Producciones
y TeatroLAB Madrid

Tráiler de 'Las hermanas de Manolete'

Sinopsis de 'Las hermanas de Manolete'

Las hermanas de Manolete es una historia de ficción basada en los personajes reales que rodearon la muerte del torero Manolete en 1947. Un retrato de la sociedad franquista de esos años, en la que las mujeres eran meros objetos que no debían sobresalir sin permiso. Una negra historia de ineptitudes y oscuridad que lleva a la tragedia de varios seres: a un hombre considerado un dios, a un toro y a una actriz enamorada. Poco se sabe todavía de las mujeres que han ido rodeando a los personajes ilustres de pocas pasadas y cuanto más foco se pone en esas mujeres, que han permanecido en segundo plano social, más nos sorprende lo que encontramos.

Mujeres valientes, creativas, terribles, mujeres con muchas cosas que aportar, buenas y malas, a la sociedad que las sepultaba en sus casas. En el caso del torero Manolete, la historia de las mujeres que le rodeaban es sorprendente. Se movían haciendo y deshaciendo una tela de araña a su alrededor, en el pequeño espacio que brindaba la sociedad a todo lo femenino. Abordamos esta pequeña historia de amor, sangre y rabos de toro en clave de humor negro, como no podría ser de otro modo. (TEATRO FERNÁN GÓMEZ).



Las hermanas de Manolete
Foto de Kike Para

Detrás de…

Hablar de Manolete es hablar de una de las grandes figuras del toreo español, sobre todo, trasladándose a la década de los 40 del siglo XX. Sin embargo, por fortuna, Alicia Montesquiu se aleja de la historia ya conocida del torero, para adentrarse en una ficción basada en las mujeres que estuvieron detrás de esta figura de la cultura española. Por tanto, sin descubrir si es verdad o no, y jugar con esa ambigüedad durante todo el texto, la dramaturgia es una auténtica delicia. Así, Las hermanas de Manolete se convierte en un alegato feminista totalmente fluido, donde se mira hacia atrás para cuestionar las prácticas silenciadas de antaño. Un homenaje a todas esas mujeres que debieron sufrir en silencio para cumplir aquel dicho machista que decía: “detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer”.

Estas mujeres retratadas con una emoción descarnada, señalan las secuelas de una vida arrebatada, que hace que el espectador quede sorprendido y totalmente entregado a la obra. Por tanto, no se puede negar la gran sensibilidad que se respira en el texto, que ha sabido combinar la propia ficción con ese elemento de metateatro. Por tanto, se mueve en diferentes enclaves, que dejan clara la fantasía realista que se desea plasmar. Con lo cual, las intenciones de Montesquiu no son buscar el rigor histórico, sino ir más allá, compartir algo universal como es el sentir y la propia denuncia feminista. Gracias a este tipo de obras, se retoman figuras históricas, pero debatiendo el tratamiento heteropatriarcal que imperaba, e impera, en la sociedad. Además, hay que mencionar que no lo aborda solo desde el drama y el desgarro, sino también desde la comedia y la luminosidad cotidiana.

Teatro Fernán Gómez
Foto de ElReló Producciones y TeatroLAB

Siempre hay una gran mujer

Si aquel dicho decía que hay una gran mujer, Las hermanas de Manolete cuentan con tres. En primer lugar, Alicia Montesquiu no solo escribe la obra, sino que también da vida a una de estas hermanas desconocidas. Desde el principio, se deja la piel sobre el escenario, envolviéndose en esa conversión orgánica sobre las tablas, donde su personaje explora diversas aristas. No solo expresa el sentir y el pesar, sino también esa autorreferencia del mundo de la interpretación, todo de una manera absolutamente genuina. Los cambios de registro le dejan mostrar ante el espectador los distintos matices y perfiles dramáticos que tiene, dando a su personaje una riqueza exquisita. Así, el espectador disfruta de principio a fin con su trabajo sobre la escena, al igual que la conexión que mantiene con sus compañeras.

Alicia Cabrera se convierte en otra de las protagonistas, realizando una labor que se mueve en una comedia lúcida e ingenua. Sin embargo, no se queda en ese aspecto más naif y sin evolución, sino que va estrujándola de forma que se comprende en los pequeños detalles la profundidad de su personaje. Al igual que Montesquiu, confronta la escena con una sinceridad natural, que además azuza la conexión directa con el espectados gracias a su ternura. Después, Ana Turpin completa este grandioso reparto con una actuación extraordinaria, llena de seducción y un carisma espléndido. Asimismo, se convierte en una excelente maestra de ceremonias, con un trabajo impoluto. También, como ocurre con sus compañeras, se mueve en ese sentimiento interno a la par que da una visión más costumbrista. En conclusión, las tres forman un elenco espectacular, siendo uno de los mejores aspectos de la obra.

Teatro Fernán Gómez
Foto de ElReló Producciones y TeatroLAB

Cuando el teatro y el audiovisual se encuentran

Cada vez se hacen experimentos teatrales que permiten vislumbrar un futuro más enriquecido en la relación entre el audiovisual y lo puramente conocido como teatral. Una de estas piezas es Las hermanas de Manolete, bajo la dirección de Gabriel Olivares. Para comenzar, aplaudir la admirable conjunción entre ambos sectores, atrayendo una experiencia teatral y cinematográfica con un gusto excelso. Desde la primera escena, estableciendo ese punto de partida, hasta esa introducción que deja los pelos de punta en el patio de butacas. Por lo que, esta obra es un excelente ejemplo de cómo ambos universos pueden colindar de una manera totalmente atractiva, de forma que creen un solo cuerpo. Con lo cual, la dirección global de la obra demuestra, nuevamente, porque Olivares es uno de los directores más destacados del panorama español actual.

Por otra parte, la elección visual y estética es un deleite para los ojos de los asistentes, se va transformando la escena, para dar rienda a suelta a distintos estados de acción. Por consiguiente, la obra se mantiene viva en todo momento, satisfaciendo a grandes niveles ese dinamismo necesario para encandilar a la audiencia. Asimismo, subrayar el gran trabajo de vestuario, los cuales también juegan con los colores y el simbolismo de los mismos. Por ende, ese negro mortuorio se une a un rojo pasión, que dibuja una liberación femenina abstracta, pero clara. Únicamente, el final se resuelve de una forma más rápida, con respecto al conglomerado de la obra, habiéndose podido distender más en el tiempo. Como detalle, hay un contraste entre la canción – y leitmotiv musical de la obra – y el mensaje feminista, que hace preguntarse si el artista es el más indicado.

Las hermanas de Manolete
Foto de ElReló Producciones y TeatroLAB

Conclusión

Las hermanas de Manolete es una reivindicación femenina histórica con una elegancia y sensibilidad absolutas. Desde la dramaturgia hasta la puesta en escena, hay un gusto y una profundidad artística, que dejan una excelente sensación en el espectador. La ficción, basada en personajes reales, se deshace de aquel llamado rigor histórico para ir a un paso más allá, donde no importa si es verdad o no, dado que el aprendizaje que se extrae es de vital importancia. Aun así, el guion goza de absoluta coherencia, verosimilitud y excelencia. Asimismo, Alicia Montesquiu, Ana Turpin y Alicia Cabrera escenifican el significado del arte en sus interpretaciones, son brillantes. Una joya sobre la revisión del pasado y la necesidad de crear nuevos referentes y mitos con una mezcla teatral y audiovisual exquisita.

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