Sarah Suco se estrena en la dirección en la industria cinematográfica con Les Éblouis. Además, hay que destacar que Suco ha desarrollado su carrera artística en la interpretación, con películas como “Un amor de verano”, o “50 primaveras”. Asimismo, su ópera prima ha estado presente en diversos festivales y premios de gran relevancia en el país francés. Uno de ellos es la nominación a la mejor actriz revelación para Céleste Brunnquell, en los Premios César y también en la misma categoría en los Premios Lumiére. Llega a España a través de la 3ª edición de OHLALÀ! Festival de cine francófono de Barcelona, desde el 1 al 8 de octubre de 2020.



Les Éblouis

Crítica de ‘Les Éblouis’

Ficha Técnica

Título: Les Éblouis
Título original: Les Éblouis

Reparto:
Camille Cottin (Christine Lourmel)
Jean-Pierre Darroussin (Padre Eric-Marie)
Éric Caravaca (Frédéric Lourmel)
Céleste Brunnquell (Camille Lourmel)
Armand Rayaume (Matthie Lourmel)

Año: 2019
Duración: 100 min
País: Francia
Dirección: Sarah Suco
Guion: Nicolas Silhol y Sarah Suco
Música: Laurent Perez del Mar
Fotografía: Yves Angelo
Género: Drama
Distribución: Filmin

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Les Éblouis’

Sinopsis de ‘Les Éblouis’

Les Éblouis, este sobrio y revelador debut de la realizadora Sarah Suco, ofrece una visión interesante y ciertamente desoladora de cómo la religión colapsa en un país como Francia que tanto presume de su secularidad.

Camille, de 12 años, es una apasionada del circo y la mayor de una familia numerosa. Un día, sus padres ingresan en un grupo católico que practica la generosidad y la solidaridad, y en el que participan de manera muy activa. Poco a poco, la joven tiene que aceptar un tipo de vida que choca con sus ilusiones, su vida social y sus propios tormentos. Gradualmente, el adoctrinamiento se vuelve sectario, y Camille deberá luchar para reafirmar su libertad y salvar a sus hermanos y hermanas. (FILMIN).



Les Éblouis
Foto de Filmin

La religión

Sarah Suco se lanza de lleno en la concepción de las comunidades religiosas, poniendo en esta ocasión el catolicismo en el punto de mira. Por lo cual, en Les Éblouis se plantea el fanatismo religioso como un germen que va expandiéndose en la realidad de las personas que caen en él. De esta manera, el libreto va experimentando los cambios espeluznantes que se producen en la realidad de la familia protagonista. Sin duda, una visión que deja sin palabras en varias de sus secuencias y deja un mal cuerpo ante la ceguera de una espiritualidad llevada al extremo. Asimismo, Suco contrasta esta visión de sombras en torno a la religión con las líneas narrativas juveniles, donde se ve esa ruptura con ese ambiente tóxico y la lucha por dejar de ser las víctimas de las consecuencias de una vida que no es suya.

Sin embargo, el guion se dispersa en varios momentos de la película, dando zancadas de alto alcance, para intentar aportar mayor dramatismo a la obra. Con lo cual, se queda entre unas situaciones que se resuelven de una forma excesivamente sencilla y otras en las que se busca enrevesarlo sin tener un trasfondo complejo real. Por ende, aunque se percibe una intención sublime de exponer esta religiosidad extrema, luego se pierde en no ordenar los acontecimientos de una forma más atractiva. En consecuencia, hay partes en las que el público se llega a confundir, o aburrir, al no sentar unas bases firmes. Dicho de otra forma, no hay una línea argumental sólida y parece una sucesión de hechos sin una cohesión establecida. A pesar de todo, hay mensajes importantes de escuchar, aunque el canal deja interferencias que podrían mejorarse para traer un resultado más sensible y visceral.

The Dazzled
Foto de Filmin

La rebeldía

Una de las mejores elecciones de Les Éblouis es el reparto juvenil e infantil, dado que en ellos recae toda la fuerza dramática de la cinta. En primer lugar, aplaudir la labor de Céleste Brunnquell, la cual tiene un duende sobre la pantalla, que deja obnubilado al espectador con esa expresión tan frágil y a la vez vigorosa. También hay que subrayar cómo se convierte en el hilo conductor dramático con el resto de actores, manejando perfectamente convertirse en la voz cantante de la película. Inclusive, protagoniza una de las escenas más complejas a nivel actoral de la cinta y sale airosa de ella. Después, Armand Rayaume también tiene ese potencial, a pesar de su edad, que deja pinceladas artísticas muy curiosas, hay que estar atento a este joven actor. Luego, Spencer Bogaert, como Boris, tiene personalidad, pero hay momentos en los que sería necesario mayor compromiso con la acción.

Por su parte, el elenco adulto, está capitaneado por Camille Cottin. La actriz da vida a Christine, una madre cegada por el fanatismo. Sin duda, junto a Brunnquell, es una de las mejores interpretaciones. Desde ese desgarro interno hasta la pérdida de la razón, que se refleja en una mirada vacía, algo que solo puede conseguir una actriz que se mimetice totalmente y deje toda la carne en el asador. Por otro lado, Jean-Pierre Darroussin es firme y se convierte en el perfecto antagonista, quedándose en la mente del espectador, pese a su corta duración en pantalla. Por último, mención especial a Éric Caravaca, padre de la familia protagonista, que es el equilibrio energético de la cinta, pero no consigue brillar por sí solo. Al contrario que Laurence Roy y Daniel Martin, que son el complemento perfecto con sus pocas secuencias en el film.

The Dazzled
Foto de Filmin

La comunidad

A pesar de su gran carga dramática, sobre todo en el desenlace de la misma, no se ha sabido transporta toda esa iconografía en la puesta en escena. Para comenzar, la dirección de fotografía sigue un estándar en cuanto a su realización, por lo que no hay grandes puntos que hagan ver al espectador un significado artístico. A continuación, la dirección artística consolida algunos elementos visuales curiosos, como la turbia escena entre Camille y Boris, donde se ve las posibilidades que tiene. Sin embargo, no explota todo ese ambiente, sino que se queda más en un plano superficial. En consecuencia, da la sensación que han buscado complicarse de la menor forma posible. Con lo cual, se queda en un resultado que cumple, pero no es más que un mero transporte de información, recayendo toda la importancia en la palabra.

El montaje tampoco consigue levantar las distintas flaquezas que presenta en el libreto y en la asistencia técnica. Por ende, hay partes que se estancan, quedándose claramente en un ritmo más lento y perjudicial para Les Éblouis. Mientras, otras secuencias se puede ver una buena exposición de los hechos, donde incluso la iluminación toma partido por la expresión. Gracias a esta dualidad, el largometraje no termina de sublimar todos los aspectos visuales, por lo que obtiene una visión excesivamente inconexa. Muestra de ello, es que tanto interiores como exteriores tienen el mismo impacto en el público, lo que conlleva a que no haya esos picos de impresión que debieran tener. Aun así, no se observan fallos en cuanto a la forma de grabar, el sonido tiene calidad y permiten ver la historia de una forma amena, dejando constancia del buen hacer del equipo humano.

Les Éblouis
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Conclusión

Les Éblouis comienza con una premisa interesante, que termina con un desenlace cargado de dramatismo y con un mensaje claro y conciso. Sin embargo, el transcurso del film se mueve en una dispersión constante, que acaba por pasarle factura al no encontrar puntos de anclaje necesarios. En consecuencia, le falta ritmo, consistencia y profundidad. A pesar de ello, cuenta con un reparto espectacular, en especial el elenco juvenil e infantil. Después, el ambiente que se genera es propicio a la situación vivida, pero no se arriesga más estéticamente, se queda excesivamente estándar y sin un sello de identidad propia. La religión toma forma de fanatismo, con un fin sugestivo, pero se disgrega en una concepción irregular.

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