Llévame hasta el cielo, de Nacho A. Llorente, se ha convertido en una de las obras teatrales insignia de estos últimos dos años del tándem Lolita Flores y Luis Mottola. Los dos artistas unen fuerzas para dar vida a dos personajes de lo más variopintos. Durante la temporada estival, en 2021, han estado representando en el Patio del Teatro Quique San Francisco, el antiguo Teatro Galileo. Bajo la dirección de Juan Carlos Rubio, se puede disfrutar la pieza teatral hasta el 12 de septiembre, a las 21:45 horas, al aire libre.



Llévame hasta el cielo

Crítica de ‘Llévame hasta el cielo’

Ficha Técnica

Título: Llévame hasta el cielo
Título original: Llévame hasta el cielo

Reparto:
Lolita Flores (Ángela)
Luis Mottola (Marcelo)

Duración: 65 min. apróx.
Dirección: Juan Carlos Rubio
Dramaturgia: Nacho A. Lorente
Ayudante de dirección: Pedro Morales
Gerencia y regiduría:
Javier Zapardiel
Escenografía:
Césa Recuenco, DRAO Producciones
Luminotecnia:
Lucas García
Música:
Guillermo Furiase
Producción ejecutiva:
Dolores González Flores
Colaboración especial:
Elena Furiase y Álex Biehler
Management:
Mucho Arte Management – Elena Lázaro
Producción: Lerele Producción

Tráiler de ‘Llévame hasta el cielo’

Sinopsis de ‘Llévame hasta el cielo’

Llévame hasta el cielo nos hace imaginar que lo hemos perdido todo. Imaginar que tu vida ha quedado completamente vacía. El mundo, las personas y el futuro te han abandonado para siempre. No te queda nada por lo que vivir. Nada.

Marcelo está dispuesto a hacerlo. Va a matar a su mujer. También va a matar a su amigo del alma. Va a subir a ese maldito ático que roza el cielo y va a acribillarlos a balazos. Y, después, va a saltar desde la terraza para marcharse de este mundo y seguir persiguiéndolos en el mismo infierno. Pero alcanzar su destino tiene un precio y Marcelo va a tener que pagarlo. En un asfixiante ascensor que se detiene, sin explicación, a vientos de metros sobre el vacío.

Encerrado en ese ascensor con una mujer extraña y desquiciada que parece saber demasiadas cosas sobre él, el tiempo corre y parece que no hay salida hacia su libertad… (TEATRO QUIQUE SAN FRANCISCO).



Llévame hasta el cielo
Foto de Lerele Producciones

Camino a la salvación

Nacho A. Llorente retoma el género de las segundas oportunidades con Llévame hasta el cielo, una comedia ligera que habla del destino y de la redención. Mediante dos personajes de lo más variopintos, el relato se centra en mostrar dos vidas que son aparentemente muy diferentes. Pero, según va avanzando la obra, se descubre ese entramado sentimental y emocional que se esconde detrás de sus catastróficas desdichas cómicas que le preceden. Por separado, esas historias dolorosas, llenas de pesadez y desilusión se ven pinceladas interesantes, que le dan otra cara al espectáculo teatral. Lo mismo sucede con la complicidad entre los personajes que se fragua ya en su último tramo, lo que hace que sean percibidos con una naturalidad familiar. Esa simpatía se logra, tras una evolución menos genuina de lo que podría haber sido.

Uno de los inconvenientes que podrían extraerse de la obra es el uso de una comedia estereotipada, en especial, en el concepto de masculinidad y feminidad. Tanto Ángela como Marcelo cumplen con los clichés importados de antaño. Tal vez, ese homenaje a las comedias románticas del Hollywood del pasado se haya comido la esencia de los personajes, pero el problema es que aquello que funcionaba en los 30 y 40, no envejece siempre de la misma manera. Asimismo, el primer tercio se convierte en una screwball que no tiene un fin en sí mismo, por lo que acaba siendo algo repetitiva. Seguramente, la intención es dar mayor foco al humor más físico, pero también se necesita la solidez de un texto, al menos, contundente. Aun así, hay puntos en los que se disfruta esa comedia suave y allegada a las matrimoniadas populares.

Teatro Quique San Francisco
Foto de Lerele Producciones

Una pareja disparatada

El tándem formado entre Lolita Flores y Luis Mottola en Llévame hasta el cielo lleva recorriendo la geografía española durante varios meses. Por tanto, ambos intérpretes ya deberían haber asumido su papel dentro de la obra. En primer lugar, Flores es la artista que más destaca en el espectáculo. A pesar de ese irritante clasismo forzado, y una expresividad demasiado exagerada, se combina a la perfección con el tono de la propia pieza. Por lo tanto, Flores sabe aprovechar la nube en la que se asienta la obra y la exprime. Por esa razón no es extraño que durante el cambio de perfil interpretativo que se produce, todavía mejore mucho más su papel. También se puede comentar que su trabajo gestual es estupendo, permitiéndole expandir toda su energía a lo largo de las tablas del escenario.

Por otro lado, Mottola comienza la obra con una exageración que no se hace cómoda ante los ojos de los espectadores. A pesar de comprender el porqué de su proceder, no logra transmitir sus intenciones como debiera. Desgraciadamente, le termina por pasar futura y le falta ese punto menos impostado. Tras observarse así durante la primera parte, durante el segundo y tercer acto, consigue deshacerse de esa losa y levanta el vuelo. A partir de entonces, se respira una complicidad junto con Lolita Flores, que hace que el público pueda disfrutar de verlos sobre las tablas. Hay una parte en concreto, durante el giro de guion más importante de la pieza, donde Mottola demuestra no tener ningún problema en realizar una metamorfosis más alocada y gustosa. La química entre los dos se consolida como hermanos de comedia, pero se pierde en el romanticismo que pudiera demandarse.

Teatro Quique San Francisco
Foto de Lerele Producciones

El ascensor del recuerdo

El teatro al aire libre es uno de los formatos que tiene un atractivo al salir de la zona a la que se tiene asociado el carácter teatral. Durante su paso por el Patio del Teatro Quique San Francisco, Llévame hasta el cielo traslada al espectador a un ascensor de grandes proporciones. Como si se tratara de una purgatorio particular, los actores van deambulando por dicho espacio, llenándolo con momentos de auténtica actividad física y cómica. Dicho de otra forma, la puesta en escena se apoya absolutamente en cómo se traduce el humor físico, lo que le permite desarrollar escenas en las que no se necesitan demasiado diálogo. Por ese motivo, se cuida tanto la gestualidad por parte de los dos actores, llegando, en ocasiones, a ser algo sobrecargado y excesivo.

No obstante, a nivel técnico, se realiza una buena composición del espacio sonoro, donde destaca la buena ejecución de la microfonía y de los efectos de sonido que van, discretamente, saliendo en escena. La tonalidad de colores es coherente, en sintonía con lo que se va a ver sobre las tablas. Lo mismo sucede con el vestuario, que omitiendo lo obvio, hay una combinación acertada y que identifica fácilmente la esencia del personaje. El ritmo es ligero, pero tampoco hay grandes sobresaltos. Tal vez, el mejor momento, se halla en las confesiones, donde se les permite lucirse a nivel técnico con un juego de luces más íntimo. Como apunte, se agradecen esos guiños al séptimo arte, que para los amantes del cine será una influencia clara sobre lo que se está viendo en el escenario.

Llévame hasta el cielo
Foto de Lerele Producciones

Conclusión

Llévame hasta el cielo es una comedia ligera, que habla de segundas oportunidades y de la superación personal. Con esos toques de humor exagerados, influenciados por el screwball, llegan a unos diálogos donde falta solidez, aunque conserva momentos emotivos que llegan al espectador. Lolita Flores está estupenda, con unos cambios de registro que le permiten mostrar la capacidad para la comedia de la artista. Por el contrario, Luis Mottola empieza excesivamente encorsetado y mejora de cara al segundo y tercer acto. La puesta en escena es sencilla y con una buena disposición técnica. Tal vez, hubiera sido interesante buscar mayor dinamismo en su concepción. Una obra naíf y luminosa, que peca de echar mano de una comedia algo menos actual en varias ocasiones.

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