La Sala Verde de Teatros del Canal acoge el estreno de Los locos de Valencia, de Lope de Vega, en versión de José Luis Alonso de Santos y con dirección de Pepa Pedroche. La producción, de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal, reúne sobre el escenario a Arturo Querejeta, Daniel Muriel, Jacobo Dicenta, Florencia Otero, Pepe Sevilla, Guillermo Calero, Antonia Paso, Ángeles Martín, Lucila Gandolfo, Carlos Manrique Sastre, Alberto Vela y Beatriz Fernández.
La propuesta de Alonso de Santos y Pedroche convierte la comedia de Lope en un espectáculo musical sobre el amor y la locura, si es que no son la misma cosa, llena de enredos y equívocos. Los locos de Valencia podrá disfrutarse en la Sala Verde de los Teatros del Canal hasta el 20 de septiembre de 2026.
Crítica de 'Los locos de Valencia'
Ficha Técnica
Título: Los locos de Valencia
Título original: Los locos de Valencia
Reparto:
Doctor Cabezas (Arturo Querejeta)
Floriano (Daniel Muriel)
Conde Valerio (Jacobo Dicenta)
Elvira (Florencia Otero)
Directora Gerarda (Lucila Gandolfo)
Tomás (Xavi Caudevilla / Pepe Sevilla)
Martín (Guillermo Calero)
Fedra (Antonia Paso)
Laida (Ángeles Martín)
Príncipe Reinero (Carlos Manrique Sastre)
Cupido (Alberto Vela)
Euterpe (Beatriz Fernández)
Año: 2026
Duración: 1 h y 40 min (sin intermedio)
País: España
Dirección: Pepa Pedroche
Versión: José Luis Alonso de Santos
Ayudante de dirección: Lucía Bravo
Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo, Ion Anibal (AIV)
Diseño de sonido: Alberto Vela
Diseño de escenografía: Alessio Meloni
Diseño de vestuario: Daniel Torres
Coreografía: Alberto Sánchez Diezma
Sinopsis
recoge ese tesoro y lo engrandece creando un universo atemporal donde la música será la terapia que intente frenar esas pasiones, sin conseguirlo. Las claves que sostienen e impulsan este proyecto son el amor, el humor, la belleza, la poesía y el optimismo, elementos fundamentales que se entrelazan tejiendo la fantasía que envuelve al espectador.
Amour fou
El punto de partida de Los locos de Valencia es una situación disparatada, como es habitual en la comedia lopesca: Floriano llega a Valencia huyendo de la justicia. Y qué mejor lugar para ocultarse que el hospital de locos de la ciudad donde se encuentra con Erífila, que ha acabado allí por equivocación. Ambos necesitan huir de sus problemas y ambos encuentran en la locura el disfraz perfecto. En ese caldero Lope añade sus ingredientes preferidos: el equívoco, el enredo, las identidades ficticias, los disfraces, los locos que parecen cuerdos, los cuerdos que parecen locos, el teatro dentro del teatro. Y, por supuesto, muchísimo humor y la fuerza del amor que arrastra a sus protagonistas.
José Luis Alonso de Santos, encargado de la adaptación, toma este material, lo moderniza y lo lleva hacia la comedia musical, aligerando el texto original de algunas de sus partes, haciendo insertos de otros textos y reescribiendo sustancialmente algunos personajes. Especialmente llamativo es el personaje de la directora del hospital. También añade, elimina y reestructura algunos de los secundarios. El efecto es de una extraña modernidad y el experimento resulta algo apresurado y desconcertante.
El teatro como entretenimiento de masas
Pepa Pedroche dirige el montaje con la voluntad de recordarnos que el éxito de Lope radica en entender el teatro como entretenimiento para todos los públicos. Dota a la función, por tanto, de un ritmo ligero y de una energía contagiosa, con el acompañamiento de música en directo a cargo de Alberto Vela y Beatriz Fernández.
Lamentablemente el reparto resulta algo irregular. Destacan la argentina Florencia Otero en el papel de Erífila, que aporta una sonoridad muy especial y muy bella al verso lopesco. Arturo Querejeta, siempre fantástico, roba el protagonismo cada vez que aparece en escena y nos ofrece algunos de los momentos más emotivos. Lucila Gandolfo nos impresiona por su voz extraordinaria y su técnica vocal. También es un placer disfrutar de Jacobo Dicenta aunque sea en un papel pequeño como el del Conde Valerio.
La casa de locos de Valencia
Los locos de Valencia tiene la particularidad de ser la primera obra dramática que toma como espacio una institución de salud mental, adelantándose siglos al "Sistema del Dr. Tarr y el profesor Fether" de Poe o a la película Alguien voló sobre el nido del cuco de Milos Forman.
Lope conoció de primera mano en su exilio en Valencia el Hospital de los Inocentes, el primer establecimiento europeo dedicado específicamente a pacientes con enfermedades mentales. De hecho, era posible visitarlo como si de un espectáculo de rarezas se tratase. Cierto es que la locura ya era un tema literario, pero tratado desde la sátira y la alegoría. Lope hace otra cosa. Aprovecha su conocimiento directo para convertir el Hospital en un espacio carnavalesco. En un mundo al revés en el que las identidades se trastocan y la frontera entre la locura y la cordura, la realidad y el teatro se vuelven permeables.
Un microcosmos cerrado
La escenografía de Alessio Meloni asume el reto dar forma a este espacio que también es protagonista. Un jardín cerrado por unos muros infranqueables que definen un territorio aislado del exterior, un universo regido por sus propias leyes. En esos muros la vegetación crece, como si la naturaleza se hubiera apoderado del lugar. Un extraño locus amoenus, bello y claustrofóbico, donde Cupido, desde su pedestal, hace de las suyas. La escalera nos recuerda también que hay pisos superiores y, por tanto, una jerarquía inquebrantable. El escenario refleja la tensión entre libertad y sometimiento que es el amor mismo.
Conclusión
En esta visión de Los locos de Valencia, José Luis Alonso de Santos y Pepa Pedroche ofrecen un espectáculo correcto, entretenido y dinámico, que busca acercar el universo de Lope de Vega a un público contemporáneo a través de la música y del humor. Se echa en falta algo de chispa. Y, sobre todo, una vis cómica más potente que permita explotar plenamente las posibilidades del enredo y la locura concebidos por Lope. Una propuesta, en suma, disfrutable, pero que se queda a medio camino de convertir esta singular comedia en una auténtica fiesta teatral.
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