Naomi Kawase es una prolífica cineasta y habitual del festival de Cannes. Muchos de sus largometrajes han participado en el famoso Festival de la costa azul, recibiendo importantes premios que han definido su fama en Occidente —sobre todo con el Gran Premio del Jurado que obtuvo en 2007 para El bosque del luto—. Su última película, Madres verdaderas, participó en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián en 2020. Se estrena en España el 6 de agosto.



Madres verdaderas

Crítica de ‘Madres verdaderas’

Ficha Técnica

Título: Madres verdaderas
Título original: Asa ga kuru / True Mothers

Reparto:
Hiromi Nagasaku (Satoko Kurihara)
Arata Iura (Kiyokazu Kurihara)
Aju Makita (Hikari Katakura)
Miyoko Asada (Shizue Asami)
Hiroko Nakajima (Takako Katakura)
Tetsu Hirahara (Masaru Katakura)
Taketo Tanaka (Takumi Aso)

Año: 2020
Duración: 139 min.
País: Japón
Director: Naomi Kawase
Guion: Naomi Kawase, Izumi Takahashi. Novela: Mizuki Tsujimura
Fotografía: Yûta Tsukinaga, Naoki Sakakibara
Música: Akira Kosemura, An Ton That
Género: Drama
Distribuidor: La Aventura Audiovisual

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Tráiler de ‘Madres verdaderas’

Sinopsis

Tras una larga e insatisfactoria lucha por quedarse embarazada, y convencida por una asociación de adopción, Satoko y su marido deciden adoptar a un niño. Años después, su familia se tambalea con la amenaza de Hitari, una chica desconocida que dice ser su madre biológica. Satoko opta por enfrentarse a Hitari. (La Aventura Audiovisual)



Dolor y salvación

A partir de una novela de Mizuki Tsujimura (2015), Kawase construye una reflexión sentimental sobre la maternidad. Una idea de montaje que parece querer dialogar entre la complejidad literaria de la narrativa y la ambición de lo visual; el objetivo final, por tanto, es crear un poema.  

Se trata de dos historias que convergen inexorablemente. Una pareja casada no puede tener hijos y, tras numerosos intentos, decide emprender el camino de la adopción; por otro lado, la joven Hikari Katakura, que dará a luz al pequeño Asato, se verá obligada a confiarlo a Baby Baton, un hogar de acogida para recién nacidos. Una historia conmovedora pero extremadamente elegante de las dos caras de la maternidad. 

Madres verdaderas

Nadie tiene derecho al olvido

Kawase une dos mundos a través del tema universal de la maternidad: la dicotomía entre ser madre y sentirse madre; dos dimensiones que solo eventualmente podrán unirse cuando Asato conozca a su verdadera madre. Al igual que con el yin y el yang, Kawase completa el arquetipo de la madre haciendo que su hijo conozca a las dos mujeres y cumpliendo el deseo de Hikari de no ser olvidada.

De ahí que Madres verdaderas no sea realmente un drama de adopción. No se debe esperar ver los muchos clichés psicológicos explorados cuando se trata del tema. De hecho, la adopción es una excusa para analizar las reacciones psicológicas de las protagonistas, por medio del contexto familiar y social que ambas tienen que afrontar. El Japón que se describe es riguroso y despiadado, convirtiendo un embarazo impredecible en un pecado capital. Una especie de suicidio social y un estigma que marcará a las protagonistas de por vida.

Asa ga kuru

Imágenes más que palabras

La mirada de la directora se centra más en las sensaciones de las dos protagonistas que en sus diálogos; la presencia de estas mujeres es quien llena realmente la puesta en escena. Así, Kawase muestra una elegante habilidad para escenificar el drama, con una dulzura y fuerza que resulta armoniosa en la construcción de las imágenes de Madres verdaderas. 

Sin embargo, el ritmo elegido para la historia es a veces muy monótono. La falta de convicción en la gestión del uso del flashback parece guiñar a un Terrence Malick que, con escenas del mar o de los cerezos en flor, da demasiado espacio a silencios y miradas, entorpeciendo el correcto fluir narrativo. Se puede conectar con determinadas situaciones y con el carácter cíclico de la idea de vida, pero en muchos casos parece un ejercicio de estilo de una voz insegura.

Madres verdaderas

Conclusiones de ‘Madres verdaderas’

Madres verdaderas está lentamente descrita, en ocasiones peca de su excesiva tranquilidad y, en otras, se convierte en un delicado reflejo de la sororidad maternal. Se sustenta en una historia de gran impacto que se juega y escenifica con mucha agudeza, pero que se pierde en la inseguridad de un “cómo” narrativo que transforma la obra en algo desconcertante a ojos del espectador. ¿Qué es una familia, cómo funciona una casa, qué es un vínculo? Imaginemos lo que hubiera hecho Hirokazu Kore-eda con una historia similar, se trata, ante todo, de una cuestión de sensibilidad.

Reportaje de Madres verdaderas en Días de Cine TVE

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