Me casé con un monstruo del espacio exterior (1958) es una pequeña película de serie B de ciencia ficción que a pesar del título, que puede evocar a una parodia, en realidad es un intento muy serio (y bastante logrado) de hacer cine de género, eso sí, muy a rebufo de la película de ciencia ficción estrenada unos años antes, la invasión de los ladrones de cuerpos (1956) de Don Siegel.



Me casé con un monstruo del espacio exterior

Crítica de ‘Me casé con un monstruo del espacio exterior’

Ficha Técnica

Título: Me cáse con un monstruo del espacio exterior
Título original: I married a monster from a Outer Space

Reparto:
Tom Tryon (Bill Farrell
Gloria Talbott (Marge Farrell)
Peter Baldwin (Oficial Hank Swanson)
Robert Ivers (Harry Philipps)
Chuck Wassil (Ted Hanks)
Valerie Allen (Francine-la chica del bar)

Ty Hardin (Mac Brody)

Ken Lynch (Dr.Wayne)
John Eldredge (Capitán de policía H.B Collins)
Alan Dexter (Sam Benson)
James Anderson (Weldon)

Año: 1958
Duración: 78 min
País: Estados Unidos
Director: Gene Fowler Jr.
Guion:  Louis Vittes
Fotografía: Haskell B. Boggs
Género: Terror.Ciencia Ficción
Productora: Paramount Pictures

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Tráiler de ‘Me casé con un monstruo del espacio exterior’ 

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  • DVD, No recomendada para menores de 12 años
  • Tom Tryon, Gloria Talbott, Chuck Wassil, Maxie Rosenbloom
  • Español, Inglés, Francés

Sinopsis de ‘Me casé con un monstruo del espacio exterior’

Bill Farrell es un tipo normal y corriente, que va a casarse. Pero el día antes de la boda, sufre un accidente de coche y es poseído por un alien de una civilización del espacio. Su mujer, Marge, nota que Bill es físicamente el mismo, pero que hay algo extraño en su comportamiento. Pronto, Marge empezará a sospechar que se ha casado con otra persona totalmente diferente a la que había conocido…



Una producción solvente pese al bajo presupuesto

Pese a que nos encontramos con una película de presupuesto menor (125 mil dólares), el director Gene Fowley Jr. se las apaña para hacer una película solvente. La película utiliza apenas un par de decorados, pero la puesta en escena tiene algún momento muy bien resuelto, como esa primera escena inicial, en la que la cámara acompaña a Bill en su «despedida de soltero», en un certero travelling.

Al ser una película de ciencia ficción hay también que mentar los efectos especiales. La película emplea diversos, y algunos funcionan mejor que otros. Los efectos fotográficos de los monstruos, cuando estos son revelados al espectador como tales, son una superposición de fotografías, que a pesar de que hoy en día resultan un tanto ridículos, en su momento tuvieron cierta repercusión.

Los diseños de los aliens corren de parte del propio director. El diseño de estos es ciertamente convincente, y para los lectores de Lovecraft el aspecto no puede dejar de evocarnos el concepto de algunas de las obras más significativas del escritor de Providence. Volvemos a lo mismo, si no nos quitamos las gafas de espectador del siglo XXI seremos incapaces de disfrutar de la originalidad de los disfraces (porque evidentemente, los aliens son hombres disfrazados).

Me casé con un monstruo del espacio exterior

¿Alegoría del comunismo? ¿De la homosexualidad?

Al igual que en la película de Don Siegel, la invasión de los ladrones de cuerpos, la película puede ofrecer más de una lectura. Uno de los niveles del filme es alegórico, y está claro que al igual que el citado filme, puede interpretarse el personaje principal de Bill, como un comunista. Su mujer nota que es alguien diferente, pero no es capaz de discernir en que ha cambiado.

Pero la teoría que más convence a quien escribe, es la de que la película alberga en realidad una alegoría de la homosexualidad. Sinceramente, no creo que sea de manera totalmente buscada, y puede que este nivel de lectura haya surgido quizá del experimento o de la propia casualidad. Pero lo cierto es que la extraña actitud de Bill, que se encuentra en un matrimonio casi por obligación, puede recordarnos a las de muchos homosexuales de aquella época se casaban por simple obligación o costumbre. Nunca vemos por ejemplo una escena de amor entre ellos dos, mucho menos de cama (a pesar de que vemos la noche de bodas).

Es más, algunos autores han citado que la propia invasión tiene un cierto sentido homosexual (como por ejemplo recoge el estudio Monsters in the Machine: Science Fiction Film and the Militarization of America de Steffen Hantke), pues solo vienen hombres (o mejor dicho, Aliens del género masculino) y las escenas en las que los vemos juntos (hablando de como les cuesta encajar en la vida matrimonial) son cuanto menos interesantes.

A esta teoría ayudan además ciertas escenas, como las que tiene la mujer con el médico, ya que pese a llevar un año casada, es incapaz de tener hijos. El espectador deduce que han mantenido relaciones sexuales….Pero hay algo que no funciona, y quizá no resida en la mujer el problema, sino en el propio Bill, como afirma el doctor.

Me casé con un monstruo del espacio exterior

¿Aliens con sentimientos humanos?

Una de las cosas más interesantes de Me casé con un monstruo del espacio exterior es que es muy posible empatizar con el personaje extraterrestre. Dicho esto, ¿En cuántas películas sucede esto? Y es que no hay una demonización de los alienígenas, sino que se nos expone su plan. Y a medida que más conocemos de ellos, más entendemos sus intenciones. Sí, es cierto que los alienígenas secundarios están dibujados de manera más intencionada para que el espectador los odie más, pero no sucede así con el protagonista, del que sentimos simpatía e incluso sufrimos con él al final.

Como dice el propio personaje que interpreta Tom Tryon, ellos eran incapaces de tener sentimientos antes de su llegada a la tierra, pero desde que han aterrizado, han empezado a desarrollar sentimientos. Y esa evolución puede verse en la película, a pesar de que es cierto que la poca duración del filme es un aspecto negativo en este sentido, y a la película le habría ido muy bien una media hora más de metraje centrándose en la evolución del personaje protagonista.

Y una película de ciencia ficción de los años cincuenta en la que se humaniza al «Otro» (sea este un comunista o un alienígena, que para el caso viene siendo lo mismo) es algo realmente meritorio. Por eso, la película de Gene Fowler Jr. es más que destacable y merece un puesto de honor en la ciencia ficción de los años cincuenta.

I Married a Monster from Outer Space

Conclusión

Aunque leyendo la sinopsis uno puede pensar que Me casé con un monstruo del espacio exterior es una obra de explotación de la película de Don Siegel, lo cierto es que el filme tiene la suficiente entidad para considerarla como una obra independiente.

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