Mektoub, mi amor: Canto Uno, la primera entrega del ambicioso proyecto del director de La vida de Adèle formará parte de la Sección Oficial RAW del Atlàntida Mallorca Film Fest, festival organizado por la plataforma Filmin. Al mismo tiempo "Mektoub, mi amor: Canto dos" podrá verse en la programación presencial del festival en Palma. Ambientada en 1994 en la localidad costera de Sète, adapta la novela "La blessure, la vraie" de François Bégaudeau. A través de la mirada de un joven aspirante a cineasta, el director Abdellatif Kechiche compone un retrato sensorial sobre juventud y deseo con tintes autobiográficos.
Crítica de 'Mektoub, mi amor: Canto Uno'
Ficha Técnica
Título: Mektoub, mi amor: Canto Uno
Título original: Mektoub, My Love: Canto uno
Reparto:
Shaïn Boumedine (Amin)
Ophélie Bau (Ophélie)
Lou Luttiau (Céline)
Salim Kechiouche (Tony)
Alexia Chardard (Charlotte)
Hafsia Herzi (Camélia)
Kamel Saadi (Kamel)
Hatika Karaoui (La madre de Tony)
Estefania Argelich (Esmeralda)
Sieme Miladi (Sieme)
Meleinda Elasfour (Mel)
Delinda Kechiche (La madre de Amin)
Karina Kolokolchykova (La chica rusa)
Año: 2017
Duración: 174 min.
País: Francia
Director: Abdellatif Kechiche
Guion: Abdellatif Kechiche, Ghalia Lacroix. Novela: François Bégaudeau
Fotografía: Marco Graziaplena
Música: Jean-Paul Hurier
Género: Drama
Distribuidor:
Tráiler de 'Mektoub, mi amor: Canto Uno'
Sinopsis
Verano de 1994. Amin (Shaïn Boumedine), un joven aspirante a guionista y fotógrafo, regresa a su pueblo costero en el sur de Francia después de vivir un año en París. Amin pasa el tiempo en la playa mientras se reencuentra con sus amigos y familia, todos de origen tunecino. Conocerá a varias chicas que disfrutan del verano, especialmente la liberal Céline (Lou Luttiau) y la cándida Charlotte (Alexia Chardard), seducida por el mujeriego Tony. Por la noche todos salen de fiesta a divertirse. Siempre discreto y reservado, Amin observa los juegos de seducción a su alrededor, anhelando vivir su propio romance como en las películas, pero cuando se trata de amor, solo el mektoub ("destino" en árabe) puede decidir.
Dónde se puede ver la película en streaming
Deseo y espera
La narración apenas sigue una estructura convencional. El protagonista actúa casi como un observador privilegiado de las vidas de quienes le rodean, fotografiando el mundo mientras parece incapaz de participar plenamente en él. Esa elección resulta coherente con el personaje, aunque también convierte el relato en una experiencia extremadamente pausada.
El problema aparece cuando esa voluntad de retratar lo cotidiano termina sustituyendo al conflicto dramático. Muchas escenas se prolongan durante largos minutos sin aportar nuevos matices, haciendo que la película transmita una sensación de estancamiento que puede poner a prueba la paciencia del espectador.
Naturalismo llevado al extremo
Abdellatif Kechiche vuelve a demostrar su interés por un cine profundamente sensorial y observacional. La cámara permanece muy cerca de los personajes, capturando conversaciones improvisadas, bailes, comidas y silencios con una naturalidad casi documental.
El director busca que el espectador sienta que forma parte de ese grupo de amigos más que asistir a una ficción tradicional. Esa apuesta genera momentos de enorme autenticidad, pero también provoca un metraje excesivamente dilatado. Kechiche confía tanto en la observación que termina sacrificando buena parte del ritmo narrativo.
Personajes vivos, historia inmóvil
El reparto transmite una espontaneidad muy poco habitual. Shaïn Boumedine compone un Amin reservado, siempre observando más que actuando, mientras que los personajes que lo rodean aportan la energía y el deseo que dominan la película.
Las interpretaciones resultan creíbles precisamente porque parecen surgir con total naturalidad, sin grandes discursos ni dramatizaciones. Sin embargo, muchos personajes quedan definidos más por su presencia física y su comportamiento que por una verdadera evolución psicológica.
Capturar el verano
La fotografía aprovecha la luz mediterránea para construir imágenes cálidas y luminosas que convierten playas, bares y discotecas en espacios llenos de vida, la cámara transmite constantemente la sensación de calor, deseo y libertad que envuelve a los personajes. El montaje constituye el aspecto más discutible, la duración de muchas escenas termina afectando al ritmo general y hace que la película resulte más contemplativa que narrativa.
Conclusión de 'Mektoub, mi amor: Canto Uno'
Mektoub, mi amor: Canto Uno es una película profundamente fiel al estilo de Abdellatif Kechiche, un cine que privilegia la observación, el deseo y la espontaneidad por encima de la estructura dramática tradicional. Su capacidad para capturar la atmósfera de un verano y la vitalidad de la juventud resulta indiscutible, pero esa apuesta radical por el naturalismo termina convirtiéndose también en su principal limitación, al ofrecer un relato que avanza con muy poca intensidad y que resulta repetitivo.
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