Oriol Estrada y Natalia Cabral firman Miriam miente, saliéndose del género documental al que están tan habituados. Esta película dominacana estuvo dentro de la competición Karlovy Vary, en la sección oficial de largometrajes a concurso. Su protagonista, Dulce Rodríguez, fue aclamada por la prensa especializada internacional como Variety y The Playlist. Su estreno llega a España el 30 de noviembre.



‘Miriam miente’

Miriam miente

Ficha Técnica

Título: Miriam miente
Título original: Miriam miente

Reparto:
Dulce Rodríguez (Miriam)
Pachy Méndez (Tere)
Carolina Rohana (Jennifer)
Frank Perozo (Miguel)
Ana María Arias (Doña Teresa)

Año: 2018
Duración: 90 min.
País: República Dominicana
Director: Natalia Cabral y Oriol Estrada
Guion: Natalia Cabral y Oriol Estrada
Fotografía: Israel Cárdenas
Género: Drama
Productora: Paco Poch Cinema

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IMDb

Tráiler

Sinopsis

Miriam planea su fiesta de Quinceañera en un ambiente burgués. Su familia planea todo al detalle. La joven de 14 años conoce a un chico por Internet y mantienen una relación sentimental. El problema surgirá cuando descubra que su amor cibernético es negro y se debata entre lo que espera su familia de ella y sus sentimientos. Una red de mentiras comenzará, sin poder lidiar con ello y poco a poco, convirtiéndose en una telaraña difícil de escapar



Desengranando el problema

Miriam miente resume en su propio título la esencia principal de la película. Dentro del género dramático juvenil, se expone de una forma irregular el conflicto de la clase burguesa en República Dominicana. Sin embargo, aunque juega bien su baza de realizarlo de manera que se pueda extrapolar a otras realidades, cae sin querer en la falta de motivación dentro del film. El exceso de rectitud y silencio hace que el ritmo sea plano y sin ningún ápice de punto de inflexión dinámico.

Las contradicciones que a primera vista surgen, se van resolviendo con coherencia pero sin aportar gran misterio a la trama. El desenlace del conflicto deja una de las escenas más bonitas, dado que en estos tiempos es importante hablar de la sororidad. En esta parte, hay que aplaudir que de una manera tan elegante hayan sabido la importancia de esta hermandad.

El problema surge en convertirse constantemente en una redundancia que provoca en el espectador cierto cansancio en algunas partes de la cinta. Aun así, no se puede negar que la falta de fuerza se ve recompensada por la composición y la buena utilización de los silencios. Aunque hubiera sido más interesante darle cierta emotividad, las miradas son las que hablan y en cierto modo, está construida para ser una crítica social contra cierto sector de la población. El debate racista en familias de cierta mentalidad era un punto interesante que no se ha sabido aprovechar, falta argumento. Está bien dejar a la imaginación del espectador que trabaje, pero no es suficiente con algunos diálogos que se entienda todo el contexto.

Miriam miente

Buen mensaje, mal mensajero

Sin ser un resultado notable, hay que mencionar que Miriam miente sabe llevar a buen puerto lo que quiere transmitir. Es importante subrayar que la realización del contexto sociocultural de la protagonista está bien desarrollado y por ello, se ven los errores a la hora de plasmarlo en imagen. Tratar un tema como una fiesta de sociedad es algo que se ha hecho previamente, pero en esta ocasión, se intenta vender de una forma más madura y veraz, pero termina por convertirse en “un pan sin sal”.

Se tiende a la resolución de la falta de emoción con diálogos que mastican lo que se quiere transmitir en exceso. La telaraña de mentiras de Miriam tiene detrás un razonamiento profundo relacionado con la identidad, pero acaba por ser repetitivo. Deja al espectador como mero observador en la lejanía. Como termina el conflicto se fabrica abruptamente y sin un punto que lo marque, lo que añade todavía más esa composición lineal que la invade.

El inconveniente realmente no parte de la escritura de guion. Analizándolo externamente de la realización audiovisual, está bien pensado y estructurado. Algo extraño, dado que Natalia Cabral y Oriol Estrada, los directores, son los propios guionistas. Además, ambos cuenta con experiencia en el propio género documental. El presupuesto no es una justificación en este caso, dado que películas de bajo presupuesto como ‘Techo y comida’ o incluso, ‘Las amigas de Àgata’. El cine independiente tampoco es un impedimento, ya que se han visto ejemplos muy buenos en Hispanoamérica como la mexicana ‘Después de Lucía’ o la peruana ‘Mariposa negra’.

Miriam miente

La salvación de la interpretación y los símbolos

Uno de los elementos que hace de Miriam miente una película interesante, pese a su falta de sustancia, es las actuaciones que hay en ella. La protagonista, Dulce Rodríguez, a su corta edad consigue transmitir a través de sus gestos, sus miradas e incluso su forma de hablar a la perfección la personalidad de Miriam. En esa verdad a la hora de interpretar hace recordar a la francesa Adèle Exarchopoulos con ‘La vida de Adèle’.

No se puede obviar que lo que a primera vista puede parecer un personaje algo soporífero, está tan lleno de matices que hace que esa humanidad ya sea destacable durante el análisis del film. Dota de magnetismo a lo que sucede a su alrededor, pero sobre todo, da la posibilidad de crear cierta tensión. Pese a que no está acompañada en su totalidad con una buena dirección, no se puede negar el talento de Rodríguez. Es de lo mejor de la cinta.

Por otro lado, la simbología en algunas escenas con los sueños, la composición de la imagen y el late motiv permite tapar algunas de las costuras rotas del resultado. Visualmente hay algo diferente y es de apreciar que a nivel técnico haya habido una buena construcción. Pese a fallar en lo narrativo, se puede ver un trabajo cuidadoso en los detalles. Se pueden percibir una mayor presencia de los colores fríos como el azul, para transmitir esa soledad y ese desapego que sufre la propia protagonista. Por ello, es una pena que no haya habido un buen combo entre la historia, la realización y la construcción artística.

Miriam miente

Conclusión

Miriam miente llega con unas intenciones muy claras que no llegan a buen puerto. La falta de consistencia a nivel de emotividad, de fuerza escénica, hacen que el conglomerado sea bastante irregular. Un guion bien realizado, pero una puesta en escena que flojea en varios de sus aspectos a nivel de realización. Una interpretación soberbia de Dulce Rodríguez que acompaña pero no consigue levantar los fallos del resultado total de la película. Un proyecto que tenía el potencial de convertirse en una cinta reflexiva, que acaba por ser un mero escaparate de diferencias sociales y la falsedad de las apariencias.

CALIFICACIÓN: 6/10

Reportaje de Miriam miente en Días de Cine TVE

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Comunicólogo por la UCM. Proyecto de director de cine. Como diría Elizabeth Taylor: “Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos”.

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