Naza es un documental dirigido por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, dos de los cuatro realizadores de No Other Land, película que ganó el Oscar al mejor documental en 2025. En esta ocasión, ambos vuelven a abordar el conflicto palestino-israelí desde una perspectiva especialmente incómoda: la de antiguos integrantes de la inteligencia militar israelí que describen los sistemas empleados durante la guerra de Gaza.
Rodada principalmente durante la noche en las azoteas de Tel Aviv, la película reúne los testimonios de 24 militares, oficiales y miembros de la inteligencia israelí, que permanecen en el anonimato y aparecen con sus rostros y voces distorsionados. Ganadora del Premio Especial del Jurado en la 83ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, donde recibió una ovación récord de 25 minutos, Naza también acaba de ser galardonada con el Premio del Público a la Mejor Película Europea del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Estreno el 9 de octubre de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Naza'
Ficha Técnica
Título: Naza
Título original: Naza
Reparto:
Yuval Abraham
Año: 2026
Duración: 80 min.
País: Reino Unido
Director: Yuval Abraham, Rachel Szor
Guion: Yuval Abraham, Rachel Szor
Fotografía: Rachel Szor
Música:
Género: Documental
Distribuidor: Elástica Films
Tráiler de 'Naza'
Sinopsis
Rodada de noche en las azoteas de Tel Aviv, la película desvela en detalle los sistemas que hay detrás del asesinato masivo y calculado de civiles palestinos en Gaza por parte de Israel.
Dónde se puede ver la película en streaming
Vidas convertidas en cifras
Hay películas que muestran la guerra y otras que intentan explicar cómo una sociedad llega a aceptar la violencia. Sin duda Naza, dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, pertenece a esta segunda categoría. A través de los testimonios anónimos de 24 soldados y miembros de los servicios de inteligencia israelíes, el documental se introduce en los mecanismos utilizados durante la guerra de Gaza y pone el foco en una cuestión especialmente incómoda: qué sucede cuando la tecnología y el lenguaje consiguen convertir una vida humana en una cifra.
El propio título hace referencia a "naza", un término empleado en el ejército israelí para nombrar al número de civiles que se encuentran en el escenario en donde se planea ejecutar un ataque. Es decir, son los "daños humanos colaterales" que tienen que asumir. Así, las vidas humanas se convierten en un mero cálculo, en una mera cifra la cual se tiene que afrontar bajo una gran cortina de deshumanización.
Este documental no es sin embargo un largometraje plenamente técnico, sino que también se centra en analizar la mentalidad israeí sobre los ciudadanos gazatíes. ¿Cómo es posible que una persona sea capaz de realizar todo ese mal y seguir adelante con su vida? ¿Cómo es posible que alguien sea capaz de permitir toda esa destrucción? parece preguntarse la película. Y es que, a lo largo de Naza se van recogiendo diferentes testimonios de los responsables de crear esta tecnología militar la cual acaba con la vida de tantas personas, no únicamente para conocer técnicamente el procedimiento de estas técnicas bélicas, si no para comprender el proceso mental de las mentes ejecutoras. Busca así revelar la forma en la que la violencia se convierte en algo cotidiano y burocrático.
La banalidad del mal
En este sentido, el documental recuerda al concepto de "banalidad del mal" desarrollado por Hannah Arendt para explicar cómo algunos individuos actúan bajo las reglas del sistema en el que habitan, independientemente de la moralidad de estas normas. Por ello, lo más inquietante para el espectador no son solamente las imágenes o las declaraciones violentas (las cuales no aparecen hasta el final del documental), sino la manera casi normalizada en la que algunos entrevistados hablan de matar. Esto deja de presentarse como un acto excepcional y pasa a formar parte de una rutina de trabajo.
"No hay gente inocente en Gaza" es una frase que se repite a lo largo de Naza y que explica muy bien la naturaleza que mueve a actuar a los entrevistados. Es un enunciado que borra toda diferencia entre militares y civiles, y que busca justificar el asesinato de personas inocentes. Pero es que, como refleja este documental, toda aquella persona asesinada era considerada terrorista. Se desvanece así por completo el carácter de inocencia de las personas, y cualquier víctima pasa a ser un daño, una consecuencia asumible, una justificación de la violencia.
La IA como voluntad divina
Otro de los principales debates que plantea este documental es la magnitud de las amenazas que la inteligencia artificial supone para el ser humano, superando con creces las preocupaciones occidentales en las que centramos el problema.
En sociedades europeas, existe una gran preocupación civil por el uso y el desarrollo de estas inteligencias, debido a la amenaza que supondría en nuestro estilo de vida. Lo que ahora parece que solo afecta a cuestiones artísticas o matemáticas principalmente, en unos años, gran número de puestos de trabajos tenderán a ser sustituidos por esta tecnología, según apuntan los expertos.
Sin embargo, este documental expone una realidad mucho más incómoda, como la IA puede pasar de ser una herramienta que realiza las tareas que el hombre le indica, a convertirse en un sujeto autónomo que señala a las personas que deben hacer. Y en este caso ya no es el que hacer, si no a quien matar.
La inteligencia artificial se convierte así en una especie de entidad divina capaz de decidir quien muere y quien vive, quien es inocente y quién es culpable.
Sin embargo, como bien plantea Naza, a diferencia de las personas religiosas con respecto a su dios, el ejército israeli sabe perfectamente que esta tecnología no es perfecta, y que tiene constantes fallos y errores. Ya no solo existe el riesgo de los "daños colaterales", si no que también existe la posibilidad de que la persona señalada no sea la correcta. La vida y la muerte se transforma así en una especie de ruleta rusa en donde se decide el destino de miles de inocentes.
Conclusión de 'Naza'
Naza se convierte así en un documental que sirve como una ventana a una realidad mucho más oscura y cruel. Permite al espectador, mediante testimonios reales, conocer una forma de pensar y actuar que en un principio le parecía irreal. No busca dramatizar mediante una banda sonora dramática (inexistente) o diálogos trágicos. Su peso se basa en las declaraciones de aquellos que cometen estas atrocidades, las cuales consiguen derribar todo argumento de los que todavía se consideraban asépticos de lo que estaba sucediendo en el continente asiático. Ya no hay testigos que nos cuenten otra versión. Naza es la prueba del sufrimiento al que está sometido la población gazatí, y una muestra de una realidad que ya es imposible de ignorar.
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