Otec (Father), película eslovaca que plantea un tema terrible: el llamado síndrome del bebé olvidado. Y lo hace con crudeza, con una sensación de realidad que penetra fuerte en el espectador y lo deja noqueado. Es tan grande el dolor que poco más se puede decir o hacer. Un trágico error destroza la vida de un padre devoto, sacudiendo su matrimonio y sumiéndolo en la culpa, hasta cuestionarse si merece seguir viviendo.
Otec (Father) es el tercer largometraje de ficción de Tereza Nvotová (Nightsiren), con estreno internacional en La Biennale de Venecia 2025 , sección Orizzonti, además ha sido seleccionado por Eslovaquia como candidata a los Óscar dentro de la sección Mejor Película Internacional de su 98º edición. Sin fecha de estreno en salas de cine españolas.
Crítica de 'Otec (Father)'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Otec (Father)
Título original: Otec (Father)
Reparto:
Milan Ondrík (Michal)
Dominika Morávková (Zuzka)
Anna Geislerová (Eva)
Peter Bebjak (Obhájca)
Tereza Hofová (paramédica)
Jana Bittnerová (asistente funeral)
Año: 2025
Duración: 102 min
País: Eslovaquia
Director: Tereza Nvotová
Guion: Dusan Budzak, Tereza Nvotová
Fotografía: Adam Sebastian Suzin
Música: Jonatan Pastirčák
Género: Drama
Distribuidor: Reverso Films
Tráiler de 'Otec (Father)'
Sinopsis
La vida perfecta de un hombre de éxito se hace añicos cuando su bebé desaparece de la guardería. La frenética llamada de su mujer revela una devastadora verdad sobre un lapsus de memoria conocido como Síndrome del Bebé Olvidado, que se une a innumerables tragedias similares.
Una película que duele
Otec (Father) es una película que duele. Duele por la tragedia, duele por la culpa y duele por la falta de perdón. Cuando te sientes culpable de un acto terrible, no hay forma de perdonarte. Si además esto lo vives con el conocimiento del público que te juzga sin tener una idea completa de los hechos, las consecuencias pueden ser fatales.
No sólo hay una condena social, está también la condena de tu propia esposa, al menos en un principio. Zuzka no entiende qué ha pasado, en qué estaba pensando su marido. Este tampoco lo entiende, porque en su mente su hija Domi entró en la guardería y todo ocurrió como debía pasar
Así que nos encontramos en Otec (Father) con la tragedia, el peso de la culpa y la enfermedad, así como si nada, cuando la vida de Michal (Milan Ondrík) parecía encarrilada, controlada, todo dentro de un buen guion.
Las “fallas” mentales siguen sin entenderse
La sociedad sigue sin querer adentrarse en las enfermedades o lapsus mentales y tiende a juzgar sin molestarse en investigar o comprobar nada. Menos mal que están los expertos, los doctores, los estudiosos, que intentan y logran, a veces, obtener respuestas.
El "padre" de esta historia, el gran protagonista, sí es capaz, a pesar de su dramática situación, de buscar causas. Porque él mismo no entiende que ha pasado, él mismo no se perdona y ya, después de la tragedia, le da igual todo, su propia vida, su trabajo, su destino.
Lo peor de todo es que hay que seguir, levantarse por la mañana, ir a hacer footing como siempre y continuar con una vida, cuando las ganas son cero.
Imperturbable realismo. El espectador también sufre
La directora Tereza Nvotová no se corta ni un pelo a la hora de reflejar la tragedia, el dolor. Y especialmente cuando en el padre se crea la duda de si su hija está en la guardería, el momento sofocante en el que tiene que bajar a comprobar el coche.
El actor Milan Ondrik está inconmensurable. Le beneficia el uso de la cámara con un primer plano de su rostro, cuando corre, cuando está en el trabajo, cuando mira por la ventana, cuando se desconcentra, cuando coge el móvil, cuando se golpea…
También la mujer, Zuzka (Dominika Morávková), resulta creíble en una parte de la película, salvo, quizás, cuando duda del amor del padre hacia la hija.
Conclusión de 'Otec (Father)'
Otec (Father) es una obra realista y rotunda sobre la culpa, sobre el peso de esta y sobre todo a lo que puede conducirte, que, admitámoslo, no es muy bueno. Renacer cuesta demasiado. Dependiendo de la dimensión del tropiezo, es posible que ya nunca te levantes igual que antes.
Y la mayor carga de todo es que por mucho que tengas una justificación, que ni siquiera tú sabías que existe, no te vas a perdonar, nunca te vas a perdonar. A veces el tiempo te cura de todo, sí, pero ¿qué ocurre si ni siquiera tienes ese tiempo?
Lo mejor: el instante en que Michal baja al coche aparcado.
Lo peor: un final demasiado abierto e interpretable.
Únete a nuestro CANAL DE TELEGRAM





