París que duerme (Paris qui dort), también conocida como El rayo diabólico (Le Rayon diabolique), es una película muda francesa de ciencia ficción dirigida por René Clair que propone una de las premisas más fascinantes del cine fantástico de los años veinte: ¿Qué sucedería si, de repente, todos los habitantes de París quedaran completamente inmovilizados? La película convierte esta situación extraordinaria en una experiencia visual cargada de humor, imaginación y poesía, aprovechando las posibilidades expresivas del cinematógrafo para transformar la capital francesa en un escenario insólito. Dentro de las Sesiones Especiales del 32 Festival de Cine Francés de Málaga, se celebró una interesante sesión llamada Cine Concierto, con una orquesta en directo poniendo una música original compuesta especialmente para París que duerme.
Crítica de 'París que duerme'
Ficha Técnica
Título: París que duerme
Título original: Paris qui dort / The Crazy Ray
Reparto:
Henri Rollan (Henri Rollan: Albert, el vigilante nocturno de la Torre Eiffel)
Charles Martinelli (Bardin, el científico loco)
Louis Pré (El detective)
Madeleine Rodrigue (Hesta, la pasajera del avión)
Albert Préjean (El aviador)
Myla Seller (La sobrina del científico)
Antoine Stacquet (El industrial)
Marcel Vallée (El ladrón internacional)
Año: 1925
Duración: 35 min.
País: Francia
Director: René Clair
Guion: René Clair
Fotografía: Maurice Desfassiaux, Paul Guichard (B&W)
Música:
Género: Ciencia ficción. Comedia
Distribuidor:
Tráiler de 'París que duerme'
Sinopsis
El guarda nocturno de la Torre Eiffel, después de una noche de trabajo, se encuentra París totalmente vacío; desconcertado, explora las calles y descubre algunas personas paralizadas como si se hubieran quedado congeladas. Poco después, encuentra a un grupo de viajeros procedentes de Marsella que han llegado en avión esa mañana. Juntos, prosiguen la vana búsqueda de individuos en movimiento.
Un original guion lleno de fantasía
París que duerme es una comedia de ciencia ficción proyectada en el festival en una copia restaurada en 4K, acompañando su visión con el estreno de la interpretación en directo en la sala por el Ensemble MODUS con la dirección de Santiago Otero, Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres, con una creación musical original realizada para el Festival de Cine Francés por el compositor Alberto Piaza.
La historia comienza cuando un guarda nocturno de la Torre Eiffel descubre la ciudad de París paralizada por el rayo emitido por un científico. Los habitantes permanecen congelados en las posiciones en las que los sorprendió un misterioso rayo, mientras los relojes y los objetos parecen haberse detenido. Solamente el guarda y unos viajeros recién llegados procedentes de Marsella se han salvado del bloqueo del movimiento. Todos juntos recorren la gran urbe buscando a personas que se hayan escapado de los terribles efectos paralizantes. París se ha convertido en un territorio prácticamente deshabitado en el que pueden hacer aquello que normalmente resultaría imposible.
Imaginar una ciudad completamente detenida, sin habitantes que recorran sus calles ni actividad que altere su ritmo habitual, constituye una premisa cinematográfica de enorme potencial. René Clair convierte esa posibilidad en el punto de partida de París que duerm, una película que utiliza la fantasía para experimentar con las posibilidades expresivas del cine. Lejos de limitarse a desarrollar una aventura sobre un fenómeno extraordinario, el director francés encuentra en la paralización de París una oportunidad para jugar con el movimiento, el espacio y la percepción del tiempo.
Celebración del Entreacto original
París que duerme tiene toque surrealistas y dadaístas que son consecuencias de la creación y colaboración con Francis Picabia. En aquellos años 20 del comienzo del siglo XX, había escrito el libreto del ballet Relâche, que se representaría en el prestigioso Thèâtre des Champs-Èlysées con su director Jacques Hébertot. Entonces Picabia deseó que durante el entreacto o descanso se proyectara un film. Eligió a René Clair para realizarlo. La película tiene una clara inspiración dadaísta y vanguardista. En esa proyección del Entreacto se contó con la colaboración del creativo y transgresor compositor musical Erik Satie así como con Picabia. Aquella novedad que suponía la alteración del descanso tradicional entre actos de las obras teatrales y de ballet, provocó una enorme repercusión ante los intelectuales y ambientes vanguardistas de esos años 20.
Experimentación visual en una fascinante fantasía cinematográfica
París que duerme demuestra una especial sensibilidad hacia las posibilidades del lenguaje cinematográfico. Los juegos con la velocidad, las detenciones de la imagen, los encuadres y las alteraciones del movimiento permiten representar visualmente un fenómeno que difícilmente podría explicarse mediante una narración convencional. El cine se convierte en el instrumento perfecto para mostrar aquello que la realidad no puede ofrecer: una multitud inmóvil, una ciudad suspendida y un tiempo que parece haber perdido su continuidad.
En este sentido, la propuesta tiene algo de laboratorio creativo. René Clair no necesita construir una trama especialmente compleja para demostrar que una cámara puede transformar la percepción de los espacios y los acontecimientos. Su interés se encuentra en la experimentación visual, en la posibilidad de sorprender al espectador mediante asociaciones inesperadas y en la capacidad de convertir una situación fantástica en una sucesión de hallazgos cinematográficos. La película transmite el entusiasmo de un cineasta que está descubriendo las herramientas de su oficio y que encuentra en cada imagen una nueva oportunidad para jugar.
A nivel gráfico y visual destacan los collages y fotomontajes creados para la representación de las persecuciones y las búsquedas de los resistentes, con el objetivo final de devolver la vida a París. Los movimientos de cámara y la creatividad de los planos son maravillas que hacen disfrutar esta creíble fantasía escrita en el guion de El Rayo Diabólico, cuando la ciudad de París durante cuatro días estuvo dormida.
Conclusión de 'París que duerme'
París que duerme es una obra de juventud que conserva intacta buena parte de su capacidad para despertar curiosidad. Sus limitaciones narrativas no impiden disfrutar de una imaginación visual que convierte una idea aparentemente sencilla en una experiencia cinematográfica llena de posibilidades. René Clair demuestra que el cine puede encontrar una fuente inagotable de creatividad en la transformación de lo cotidiano y que una ciudad conocida puede convertirse en un lugar completamente nuevo cuando cambia nuestra manera de mirarla.
Más de un siglo después de su concepción, la película mantiene el encanto de una fantasía construida desde el descubrimiento. Su mayor logro no consiste únicamente en imaginar un París detenido, sino en utilizar esa imagen para recordar todo lo que el movimiento aporta a nuestra existencia. Porque, cuando la ciudad deja de respirar, sus habitantes descubren que la libertad de disponer de todo no sirve de mucho si no queda nadie con quien compartirla.
París que duerme, es la interesante primera película del escritor, guionista y director de cine francés René Clair, una comedia llena de fantasía y humor con una ingeniosa trama sobre la lucha de unos visitantes marselleses que encuentran dormida la ciudad de París, por la acción de un científico con el rayo diabólico paralizante.
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