Salto Escénico acoge hasta el 13 de junio la última función de Rigo, una comedia negra que profundiza en las apariencias domésticas y el descontrol. Esta pieza, que cuenta con la autoría y dirección de José Vergara, introduce al público en la realidad de Vitorino, un sensible niño de ocho años que encuentra su único refugio en su mascota, llamada Rigo. El espectáculo, dirigido a un público adulto, ofrece dos horas de intriga y humor ácido con un elenco formado por Clara Gillman, Bea Revenga, Jose Manuel Peñalver y el propio José Vergara.



Rigo

Crítica de 'Rigo'

Ficha Técnica

Título: Rigo
Título original: Rigo

Reparto:
Bea Revenga
José Manuel Peñalver
Clara Gillman
José Vergara

Duración: 120 min. apróx.
Dirección: José Vergara
Dramaturgia: José Vergara
Producción: Marte Dramático y Fiero Teatro con colaboración de Sala Bululú 2120

Sinopsis de 'Rigo'

Vitorino tiene ocho años. Es un niño sensible e imaginativo. Su único confidente es su animal de compañía, RIGO. El día de su noveno cumpleaños, sus padres, Selena y Marcial —diplomático de renombre—, preparan una fiesta impecable en su imponente finca: hay mucho en juego.

Falta una hora para que Vitorino llegue del colegio.

Todo se ha medido al milímetro. Nada debe torcerse. Pero se tuerce.

En el peor escenario posible, Selena y Marcial recurren a Odón, tío del niño y sacerdote, y a Nuca, psicóloga infantil, en un gabinete de crisis a contrarreloj.

Nada puede ir mal: cuando se trata de la familia, las cosas sólo pueden ir a peor. (SALTO ESCÉNICO). 



Rigo
Foto de Diego Da Costa

Reunión familiar

José Vergara regresa a los escenarios con Rigo, una comedia negra que pone el foco en los secretos de familia. Mediante personajes extremos, explora un humor ácido y doloroso, cercano al estilo de producciones como Agosto (Condado de Osage) o ¿Quién teme a Virginia Woolf?. De este modo, presenta figuras que podrían extraerse de la rutina diaria y las somete a situaciones que sacan lo peor de sí mismas. Además, la trama se completa con giros de guion que aportan matices a la personalidad de cada protagonista. Un concepto con mucho potencial que refleja la creatividad de su autor, quién además también la dirige.

Sin embargo, en esta primera toma de contacto con el relato, se percibe la necesidad de enfocar mejor el conflicto principal. El montaje maneja demasiadas líneas de acción, lo que dispersa el foco y dificulta que el espectador siga el hilo conductor. En consecuencia, puede dificultar que parte del público mantenga la conexión con la historia en algunos momentos. Lo mismo ocurre con la acumulación de giros argumentales: al repetirse con tanta frecuencia, pierden su efecto sorpresa y algunos resultan previsibles. Asimismo, ciertos gags o rasgos de personalidad, como el del cura, pueden no encajar con el humor de una parte de la audiencia. Al final, el espectador llega a un desenlace que resulta más anticipable de lo deseado, tras un ritmo que ha ido menguando progresivamente.

Salto Escénico
Foto de Diego Da Costa

¿Quién teme la verdad?

La interpretación del elenco es uno de los aspectos más brillantes de Rigo. En primer lugar, José Manuel Peñalver realiza un trabajo lleno de contundencia; se lanza a ese humor característico y le dota de una personalidad potente y verosímil. Bea Revenga se convierte en una esposa extrema, recurriendo a una metamorfosis que explora con verdad una psicología tan compleja. Pasional y arrolladora. José Vergara asume un reto complejo, del que sale airoso al cumplir con creces lo que busca transmitir con su personaje. Por último, Clara Gillman regala una interpretación brillante; desde su entrada en escena, logra centrar la atención y exprime cada momento al máximo. Se debe aplaudir cómo se deja la piel sobre las tablas. Los cuatro construyen una química escénica muy sólida.

La propuesta técnica se sustenta en una construcción sencilla que prioriza la interacción entre los personajes. Se opta por una escenografía minimalista que sirve para contextualizar la acción, pero incorpora simbolismos que aportan dinamismo al montaje. El diseño de iluminación destaca por crear ambientes interesantes, delimitando distintos espacios para evitar la sensación de estatismo. Por su parte, el vestuario cumple su función, cediendo el protagonismo al maquillaje y la caracterización. No obstante, el ritmo, tanto artístico como técnico, va perdiendo fuelle, lo que genera momentos de desconexión y reclama más estímulos para mantener la atención. Matizando estos detalles, la obra podría alcanzar un resultado aún más contundente.

Rigo
Foto de Diego Da Costa

Conclusión

Rigo es una comedia ácida y negra donde los secretos familiares son el eje central. El libreto parte de un desarrollo prometedor que, si se pulen ciertos aspectos narrativos, podría consolidarse como un montaje de gran potencia. El elenco actoral realiza un trabajo sobresaliente, sostenido por una química que saben explotar con maestría. A nivel técnico, destaca el diseño de iluminación, junto con un cuidado maquillaje y caracterización. En definitiva, un análisis de la conducta humana llevada al límite, donde no queda títere con cabeza.

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CINEMAGAVIA
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Diego Da Costa
Subdirector de Cinemagavia. Comunicólogo audiovisual por la UCM y Máster en Comunicación en la Red por la UNED. Miembro de EGEDA (Premios Forqué) e Ingeniero Audiovisual en Ricoh España. Co-creador de la compañía artística La Joie de la Colina. Como diría Elizabeth Taylor: "Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos".
rigo-critica-teatroUna comedia ácida y negra donde los secretos familiares son el eje central. El libreto parte de un desarrollo prometedor que, si se pulen ciertos aspectos narrativos, podría consolidarse como un montaje de gran potencia. El elenco actoral realiza un trabajo sobresaliente, sostenido por una química que saben explotar con maestría. A nivel técnico, destaca el diseño de iluminación, junto con un cuidado maquillaje y caracterización. En definitiva, un análisis de la conducta humana llevada al límite, donde no queda títere con cabeza.

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