El 21 de marzo se estrenó Roland mon amour, una obra tan arriesgada como electrizante, escrita por Cris Balboa y Alberto Cortés. Su creadora e intérprete, Cris Balboa, canta, suspira y grita a una sociedad que parece estar dormida. Roland mon amoures un viaje experimental y catártico que se podrá disfrutar en el Teatro María Guerrero hasta el 20 de abril.
Título: Roland mon amour Título original: Roland mon amour
Reparto: Cris Balboa
Duración: 90 min. apróx. Dirección: Cris Balboa Dramaturgia: Cris Balboa y Alberto Cortés Texto: Cris Balboa
Intervención artística en el espacio: Mauro Trastoy
Iluminación: Laura Iturralde
Vestuario: Gloria Trenado
Espacio sonoro: Cris Balboa
Sonido: Óscar Villegas
Ayudante dirección: Alberto Cortés
Ayudante de sonido: Fran Lefrenk
Diseño de cartel: Emilio Lorente
Tráiler y fotografía: Bárbara Sánchez Palomero Producción: Centro Dramático Nacional, Cris Balboa y Centro Dramático Galego
Tráiler de 'Roland mon amour'
Sinopsis de 'Roland mon amour'
Imaginaos que estoy en escena sola con mi sinte y estoy acojonada. En realidad, hago de una tía muy nerviosa que se va a enfrentar a algo muy heavy. No hay nada heavy en mi selección musical, pero intento ser un poco punkarra porque eso siempre es aplaudido en las performances. Pienso en lo punki y solo veo al tío con cresta que se me quedaba mirando siempre en el Maycar. Estoy en escena sola, sin cresta y queriendo que la gente diga: «Esta tía es muy punki». Los punkis que he conocido no reciclaban, tiraban los pitillos al suelo y llevaban pantalones apretados con cadenas. A mí me gustan los pantalones flojos tipo slouchy y reciclo hasta mi regla, así que renuncio definitivamente a ser punki.
Imaginaos que empiezo excusándome, como cuando vas a hablar en inglés y dices sorry for my english, porque esto que me propongo es muy difícil. Entonces, imaginaos que yo lo sé y que vosotras lo sabéis, pero todas somos muy educadas y asumimos que puede darse el acontecimiento, y deseamos que suceda algo y que no nos entre el sueño.
Objetivo principal: que mi audiencia no se duerma. Entonces puedo optar por hacer algo entretenido, para que mi público no se duerma, o puedo generar un ritmo frenético hasta incluso crearles cierta ansiedad. Esto último no es un deseo muy noble para una artista que se considera hedonista y que solo quiere hacer que la gente se lo pase bien. El objetivo podría ser que el público saliera de verme con ganas de bailar y eso ya me gusta más. Que digan: «Salí de ver la movida esa de Roland mon amour con ganas de partir la pana y super concienciada». (CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL).
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Artista galega
Es muy complejo mantener despierto a un público durante una hora y media a través de un monograma, pero Balboa lo consigue apoyándose en su propio talento. Con destreza, y durante gran parte de la obra, las manos de Balboa utilizan un sintetizador como el vehículo perfecto para engrandecer aún más una narración libérrima y sin tapujos.
Hay que ser muy seria para alcanzar un buen sentido del humor. Y así es como la actriz —artista galega— se adentra en diversos temas autobiográficos sin caer en esa sensación tan incómoda propia de los textos más autoindulgentes. Balboa sabe colocar al público frente a un espejo, ya sea para para abrir sus heridas o para crear pequeñas dosis de crítica social.
Roland mon amour se siente como una pieza a punto de romperse, pero Balboa encuentra un equilibrio perfecto entre el humor ácido y la absoluta sinceridad, en donde la música es inherente al deseo y la fragilidad una nueva forma de resistencia. En una sociedad actual que no es plenamente consciente de los consecuencias de su cotidianidad, las autorreflexiones que marcan los diferentes actos se sienten como un respiro de inhalación compleja y exhalación liberadora.
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Rosalía y Rosalía
En su conjunto Roland mon amour se aleja por completo de lo pretencioso, un hecho que también se puede observar en la puesta en escena que se sincroniza con un juego de luces bastante evocador. Los elementos se unifican en una de las escenas más bellas de toda la estructura narrativa: Rosalía y Rosalía. En esta inteligente comparativa entre las dos artistas —que Balboa aborda sin necesidad de disección— el texto, la voz y el canto estallan en un hermoso sentimiento; ya sea por el encanto de la lengua gallega o por la atmósfera hipnótica de la dirección artística.
Balboa se marcha a fumarse un cigarro, Balboa se duerme una siesta, Balboa se tumba en el suelo. Y al final es como si tras una larga noche de desenfreno llegara una de esas resacas en las que tantas contradicciones e introspecciones llegan para nunca irse del todo. Entender y comprender, conciencia y consciencia; pequeñas grandes diferencias que se dan de la mano. Al igual que esos dedos que aporrean las teclas de un sintetizador para hallar el deseo abandonado.
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Conclusión
Roland mon amour no es una obra para todas, pero sí de todas. Balboa se abre en canal con valentía y sedición en un proyecto que reclama atención y ofrece liberación. Una oportunidad para agradecer a todas esas artistas galegas que se dejan la piel cada día en un escenario en el que no siempre el juego de luces llega hasta las sombras más recónditas.
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